Diez películas para conocer la "Kokusaku Eiga", la propaganda bélica japonesa de la Segunda Guerra Mundial

Los años 40 no fueron momentos fáciles para el cine, como para casi ninguna otra industria y, por supuesto, tampoco para la población de medio mundo. Todo parecía estar cruzado por la huella de la guerra, todo medio al servicio de la política. Había mucho en juego y las potencias de todo el mundo canalizaron esfuerzos ideológicos para convencer a las masas.

Para nosotros, el cine propagandístico es El triunfo de la voluntad, El acorazado Potenkim, El Gran Dictador, ¿Por qué luchamos? o Der Fuehrer's Face. Curiosamente solemos tener un vacío mental en lo que respecta a la otra gran potencia al otro lado del pacífico, Japón. Un pueblo que por aquel entonces tenía una importante industria cinematográfica (para los estándares) y unas características culturales que les convierten en muchos casos en un enigma incomprensible. Como recoge el historiador David Desser en un nutrido paper, entre 1939 y 1945 el pueblo japonés produjo una media de 90 películas por año (un volumen similar al de la industria alemana), y en los momentos latentes de la contienda, 1940, toda su producción cinematográfica anual se volcó con este objetivo.

Entre las peculiaridades de su desconocido cine de propaganda, el “Kokusaku eiga” o las “películas de política nacional” (doctrina implantada por el Gobierno de forma activa y pasiva para instigar el apoyo a la guerra) hay algunas obras notables que merecen ser rescatadas del olvido. Antes de ponernos con la lista, puntualicemos algunos rasgos de aquel espíritu, de su hecho diferencial.

Para empezar Japón estaba sumida en la Segunda Guerra Sino-Japonesa antes de pactar su alianza con el Eje. Esto tuvo como consecuencia que muchos de sus filmes se producían en tierra china ocupada y buscaban pacificar y hermanar al pueblo conquistado. Era uno de sus objetivos esenciales, tender puentes con sus vecinos al tiempo que había que someterlos política y culturalmente. Aunque hacían esfuerzos, como crear finales alternativos y doblar los filmes en las lenguas de las naciones invadidas, sus prácticas no eran las más seductoras: acostumbraban a retratar al pueblo chino como inflexible y arcaico. A medida que avanzaban las guerras y la conquista china se fue replegando, el retrato de los colonizados era menos optimista.

Luego, su representación de las naciones occidentales se centraba en su supuesto carácter decadente y excesivamente indulgente de sus gentes, al menos en comparación con el pueblo nipón. Lo que los expertos han señalado, no obstante, es la insularidad y el ombliguismo japonés: así como los norteamericanos tenían expertos gubernamentales dedicados a descifrar la mente de todos sus rivales, especifidades que luego plasmaban en los filmes (sin ir más lejos Know your enemy: Japan, de Frank Capra), éstos no veían que fuese necesario hacer este esfuerzo comprensivo. Eran más prejuiciosos con respecto a los enemigos y, a la vez, estaban menos centrados en ellos.

Porque para ellos esta guerra tuvo un carácter mucho más amplio, más relacionado con la propia gloria y el dominio de las condiciones externas que con la lucha contra un objetivo definido. Todo esto se condensa en el Hakkō ichiu o el sueño imperialista japonés, una premisa casi religiosa según la cuál Japón debería extender su territorio a través de los seis puntos cardinales para reunir "bajo un mismo techo" a todos los "hermanos de una misma familia". Era el resto del mundo el que estaba ciego y no comprendía el grandioso ideal que nos estaban ofreciendo.

Ello también llevó precisamente a una menor vilificación por parte de los japoneses del enemigo externo. La lucha del Dai-Nippon iba por dentro.

Japón, como decimos, estaba más dedicada a lo propio. Por eso, y frente a nuestra propaganda occidental, ellos no tenían tantos problemas de orgullo para mostrar a sus tropas como desvalidos. Por un lado, verse como víctimas de un ataque injusto despertaba simpatía entre la audiencia. Por el otro, desde el punto de vista nipón, era un aliento a luchar con todas sus fuerzas por la gloria propia. Esto conecta con el código bushido (el camino del guerrero), con los conocidos kamikazes y otras formas de mostrar sacrificio en nombre de los propios.

Por último, los retratos occidentales tuvieron que ajustarse adecuadamente cuando el Emperador dio el sí al Pacto Tripartito, y se hicieron una serie de co-producciones con Alemania, aunque ninguna fue de excesiva calidad artística.

Hawai Mare oki kaisen (The War at sea from Hawaii to Malaya), 1942

La gran megaproducción de esta lista, el filme insignia propagandístico de la época, y realizado en el aniversario del suceso para glorificar la acción del ejército japonés en Pearl Harbor.

Pese a que tiene un guión y un desarrollo de personajes muy frágil y que no deja de ser una obra de reclutamiento, tiene méritos técnicos de lo más aplaudidos, con un verismo bélico tremendo, hasta tal nivel que Douglas MacArthur pidió que se confiscara la película y se usó el material de forma documental sobre lo que había ocurrido en la batalla. Todo esto puede deberse a que los efectos especiales corrían a cargo de Eiji Tsuburaya, el que más tarde crearía Ultraman y co-crearía Godzilla.

Ahen senso (The opium war), 1943

Musical bélico dirigido por Masahiro Makino, uno de los primeros artesanos del cine oriental especializado en el cine chanbara y yakuza, guionizado supuestamente por Akira Kurosawa. Los japoneses se basaron en una historia real, la del Gobierno británico minando la China colonizada a la que llevaba el opio para corromper a los locales y someterles así más fácilmente. Una muestra de la inmensa maldad de los ingleses, un enemigo más evidente para los japoneses que los estadounidenses.

Esta película permite contar una particularidad del cine propagandístico japonés: aunque la historia sucede en China y hay personajes británicos, todo el casting es japonés, así como su idioma. Tampoco se disfrazan o modifican su acento, se asume que los espectadores sabrán que se tratan de representaciones de otras nacionalidades. Esto es, en parte, una forma de demostrar su supremacía cultural: su nivel es tal que hasta para criticarlos no tienen ni que acercarse a ellos.

Chichi ariki (There was a father), 1942

Dirigida por el maestro Yasujiro Ozu, es una excepción en su carrera fílmica. Quiso mostrar parte de la esencia japonesa, en concreto, el drama emocional que viven los seres queridos de distintas generaciones al discutir sobre el sentido de cumplimiento del deber. Un viudo y un hijo que vivirán para siempre separados y que, llegado un momento, se discute si el hijo debe ir o no al frente.

Pese a que fue del gusto de los censores de la época por su evidente patriotismo, el cine de Ozu era mucho más complejo y humano que todo eso, y podía entreverse algo de crítica al conservadurismo y a la idealización del pasado de una cultura obsesionada por sus vestigios.

Byakuran no uta (Song of the White Orchid), 1939

La primera del programa propagandístico conocido como "Trilogía continental", un intento de pan-asianismo por parte del gobierno japonés que, en zonas ocupadas chinas, buscaba tender puentes con sus hermanos orientales para enfrentarse mejor al verdadero enemigo, occidente.

Durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, en plena segunda guerra sino-japonesa, los nipones tendían a mostrar alegorías sobre la relación entre estas dos naciones con romances en los que él fuese japonés y ella china (la actriz intérprete seguía siendo nacional), en muchas ocasiones dándole a ellas personalidades más descontroladas e impertinentes, como mostrando que el control japo-masculino es beneficioso para afianzar la seguridad de esta nación.

Por una serie de accidentes, la mujer de este drama romántico se unirá a una fuerza de guerrilleros comunistas chinos, pero su amor por el hombre y, por extensión, por Japón, hace que se rinda a sus pies y trata de boicotear la acción de sus compatriotas.

Shina no yoru (Night in China), 1940

Posiblemente la obra más representativa de la “Trilogía Continental”. Como en la anterior, esta película se centra en la incomprensión, la desconfianza y el supuesto poder redentor del romance. Por decirlo vastamente, China debía someterse a Japón, pero sólo por su propio bien, y además, al final le gustaría. El punto de máximo conflicto de la peli es la bofetada que el varón le planta a ella en la cara, instante en el cual la mujer se enamora perdidamente de él, cosa que llevó a interpretaciones bastante diferentes en Japón y China.

A pesar de esta ceguera cultural por parte de los cineastas japoneses, fueron lo suficientemente despiertos como para diseñar distintos desenlaces de la peli: en la versión china, los amantes viven felices para siempre, ella ahora una reformada esposa pro-japonesa. En la versión nacional, ella se suicida. Night in China es también tristemente célebre porque esta obra fue una de las principales justificaciones para la condena de muerte de la actriz Shirley Yamaguchi después de la guerra.

Chokorēto to Heitai (Chocolate and the soldier), 1938

Se hizo famosa en su época por un comentario del norteamericano Frank Capra: "no podemos superar a este tipo de obras. Nosotros, a lo mejor, hacemos una película una vez por década. Simplemente no tenemos los actores". Está considerado como uno de los filmes más humanistas de la “política nacional” y sin dejar de ser propaganda, mostraba que los soldados chinos, rivales de los japoneses, podían ser tan dignos y valientes como los otros.

Al contrario que otras de esta lista, la película sí tuvo éxito comercial genuino entre los japoneses. También es uno de los primeros retratos en cine del honorable acto kamikaze que caracterizó a los soldados japoneses.

Momotarō: Umi no Shinpei (Momotaro: sacred sailors), 1944

La existencia de este filme directamente entra por los ojos. Sí, es la versión oriental de las películas propagandísticas de Mickey o el Pato Donald, un pedido de la marina japonesa para insuflar “espíritu marcial” entre la juventud local. Ocho años después de Blancanieves, Momotaro es el primer largometraje animado de la historia de Japón. En este caso los animales antropomórficos japoneses son interpretados por osos, faisanes, perros y monos. Lo peor de todo es que la película llegó tarde: se estrenó en Tokio cuando ya estaba todo perdido, la ciudad devastada y los niños de la ciudad habían sido enviados a las zonas rurales.

The Battle of Hong Kong (Eikoku kuzururu no hi), 1942

Aunque a día de hoy sólo pervive el guión y algunos segmentos, es interesante por ser, supuestamente, una de las películas más importantes para inspirar entre el pan-asianismo sentimientos antibritánicos, valiéndose también del evento real de años anteriores que da nombre a la película. Los japoneses vilificaron a los ingleses mostrando un pueblo bruto, maleducado y racista con los hongkoneses, pero también degenerados por su amor a las fiestas y al jazz.

Gonin no Sekkohei (Five Scouts), 1938

Uno de los primeros filmes propagandísticos pre-guerra y uno de los más conocidos, gracias a su distribución internacional, lo que le ayudó a ganar incluso un premio en el Festival de Venecia.

No cabe dudas de que se trata de una obra de exaltación de la moral civil a favor de la incipiente contienda con Europa, pero su director, Tomotaka Tasaka, al menos evitó una directa glorificación de la guerra y apostó más por el lado de la alabanza de la nobleza de los soldados que se sacrifican por el Emperador. Las escenas de acción, así como el retrato de los frentes, también fueron aplaudidos por su nivel de verosimilitud y realismo sucio. Un año después Tasaka dirigiría Tsuchi to heitai (Mud and soldiers), con muy similares características y resultados.

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 0 Comentario

Portada de Xataka