La guía definitiva para saber cuánto tiempo necesitas dormir según la edad que tengas

A veces, los medios somos un poco como los padres. Nos pasamos todo el día regañando, con el ceño fruncido y en zapatillas de andar por casa: que si me estáis comiendo mal, que si estáis bebiendo demasiado, que si esto no son horas, que si no me estás durmiendo nada de nada, etcétera. Uno no sabe si tiene que dormir mucho o poco, si debe hacerlo del tirón o por partes, si las siestas son un hábito saludable o, como dice mi vecino, pueden afectar a nuestro ADN y generarnos superpoderes.

Hablamos demasiado de las consecuencias de dormir poco y mal (nosotros nos hemos hartado, de hecho). Pero casi no hablamos de cuánto hay que dormir. Así que hemos decidido investigarlo.

Primero: dormir es bien. No, en serio. ¿Por qué tenemos que dormir? Es más, ¿por qué nos tiene que sentar tan bien? ¿No sería más fácil no dormir? ¿A quién se le ocurrió que era buena idea desperdiciar un tercio de nuestra vida entre sábanas calentitas, almohadas mullidas y colchones anatómicos? En los tiempos de la libertad aún no hemos sido capaces de liberarnos de la dictadura del sueño. Si el sueño dice "ven", lo dejamos todo. Ya sabemos que el récord de tiempo sin dormir se consiguió con ayuda de hasta cuatro personas dedicadas a no dejar dormir al sujeto bajo ningún concepto.

Es decir, necesario es.

¿Por qué? Aunque la respuesta parece sencilla ("dormimos porque estamos cansados"), la verdad es que no lo tenemos muy claro. Algunos teóricos sugieren que nos ayuda a procesar y consolidar nuevos recuerdos. Matthew Walker y su equipo, de la Universidad de Berkeley, llevan años realizando estudios sobre memoria y sueño. En algunos, hicieron aprender a los participantes secuencias de patrones. Un grupo los estudió por la mañana y eran examinados por la tarde; mientras el otro grupo los estudió antes de dormir y eran examinados al despertar. Las personas que habían dormido recordaban los patrones mucho mejor.

Hay otras explicaciones. Esta evidencia coincide, como vimos en el caso de Randy Gardner, con los fallos que se producen en la memoria en largas privaciones del sueño. Pero hay más teorías: como aquellas que afirman que los sueños nos sirven para "ensayar" situaciones y experiencias que en la vida cotidiana serían problemáticas (soñar con que estamos desnudos, ayuda a exponernos a situaciones estresantes y, con ello, a gestionar la ansiedad).

Preparándonos. El mismo Walker apostó porque lo fundamental del sueño son los sueños, claves para hacer frente a acontecimientos desagradables o traumáticos. Los sueños son el resultado de nuestra interacción con el entorno en el que dormimos. Cosas como la temperatura, el tacto de las sábanas, los ruidos de la calle o el cansancio acumulado activan nuestros recuerdos y experiencias pasadas (que sin el control de la atención y el mundo exterior) se convierten en historias totalmente rocambolescas. Pero a su vez, nos ayudan a hacer frente a esos recuerdos dolorosos.

La tabla definitiva. Sea como sea, no está clara cual es la función que tiene el sueño, por lo que en realidad es muy difícil recomendar un número de horas concreto. No obstante, y aunque es complicado, si tratamos de crear un marco de referencia con las distintas opiniones de los expertos, podemos encontrar una serie de rangos orientativos que varían con la edad. Este es un cuadro preciso donde lo (poco) que la ciencia sabe al respecto se ajusta a los tramos de edad de cualquier ser humano. De las 14 horas a las escasas 5 horas.

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Recomendable

Aceptable

No recomendable

Bebés (1 y 2 años)

11 - 14 horas

9 - 16 horas

menos de 9 y más de 16

Preescolares (3-5)

10 - 13 horas

8 - 14 horas

menos de 8 y más de 14

Niños (6-13)

9 - 11 horas

7 - 12 horas

menos de 7 y más de 12

Adolescentes (14-17)

8 - 10 horas

7 - 11 horas

menos de 7 y más de 11

Jóvenes (18-25)

7 - 9 horas

6 - 11 horas

menos de 6 y más de 11

Adultos

7 - 9 horas

6 - 10 horas

menos de 6 y más de 10

Tercera edad

7 - 8 horas

5 - 9 horas

menos de 5 y más de 9

Excepciones. Hay personas que duermen menos (o más) y que hacen vida normal. Por ello es bueno tener en cuenta dos cosas. La primera es que éste es un esquema general. Las diferencias individuales existen; los hábitos, el entrenamiento y las circunstancias pueden varias nuestras necesidades fisiológicas básicas. Por otro lado, que el sueño tiene un papel preventivo frente a numerosos problemas metabólicos y endocrinos (con efectos similares a los del envejecimiento), inmunológicos (obstaculizando el correcto funcionamiento de sistema inmune), oncológicos (sobre todo, en el cáncer de mama) o cognitivos.

Lo hemos explicado otras veces, la falta de sueño aumenta la probabilidad de desarrollar diabetes, obesidad, demencia o enfermedades cardiovasculares. Dicho de otra forma, que nos baste con dormir cuatro horas no significa que sea bueno. No lo es. Y es que si lo pensamos, la pregunta relevantes no es "¿Por qué dormimos?" sino "¿Por qué estamos despiertos?". ¿Por qué, si estamos bien alimentados y seguros, deberíamos estar despiertos? ¿No es acaso un gasto energético absurdo e innecesario? No es una idea absurda, pero de momento la dejaremos para otro día.

Imagen: Sharon McCutcheon/Unsplash

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