La arriesgada estrategia de la OMS ha creado confusión sobre la COVID-19

La estrategia de comunicación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en torno al coronavirus ha demostrado que la comunicación de riesgos puede convertirse en una comunicación arriesgada. Se trata de una de los principales conclusiones que identificamos en un reciente análisis sobre las comunicaciones y la información compartidas por la OMS durante el primer mes tras la declaración de la COVID-19 como emergencia sanitaria de preocupación internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés).

A la OMS cada vez le llueven más críticas sobre lo que se percibe como una respuesta lenta a la pandemia. La postura de la OMS de centrar el enfoque en China es el principal argumento contra la organización internacional; el 14 de abril, el presidente estadounidense Donald Trump anunciaba que los Estados Unidos retirarían su financiación de la organización y el 29 de mayo anunciaba que los EE.UU. abandonarían por completo su participación en la OMS.

Los primeros anuncios

No se trata solamente de lo que decía la OMS durante las primeras semanas de la pandemia, algo que puso a la organización directamente en primera línea de fuego, sino también la forma de comunicar las cosas. Según nuestro análisis de los anuncios de la OMS durante las primeras semanas tras saltar la alarma, desde el 31 de diciembre de 2019 hasta el 31 de enero de 2021, se trató de una estrategia de comunicación ambigua que creó una gran confusión.

La OMS dispone de varias plataformas de comunicación según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) del año 2005: Brotes epidémicos, informes de situación, EPI-WIN (una red de información para epidemias), comunicados públicos, ruedas de prensa y directrices. También dispone de canales de comunicación no convencionales e informales, entre los que se incluyen perfiles en redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter.

En los primeros días del inicio de la pandemia, la OMS mostró una marcada preferencia por la comunicación a través de Twitter, algo que va en contra del plan de comunicación acordado en el RSI de 2005.

Retraso en la sensibilización

Los primeros casos fueron reportados a la OMS el 31 de diciembre de 2019 y se hicieron públicos el 4 de enero de 2020 a través de Twitter. Al día siguiente se publicó un informe formal a través de la plataforma de noticias sobre brotes epidémicos.

Cuando se informó del primer caso fuera de China, la OMS publicó un comunicado en su página web el 13 de enero, seguido por una publicación en Twitter al día siguiente.

Pero el uso de las redes sociales por parte de la OMS fue poco uniforme: 143 tweets, 21 publicaciones en Facebook y 10 en Instagram. No hubo un patrón o un enfoque claro o consistente. La OMS prefirió el uso de Twitter para comunicarse con el público en general, lo que dio lugar a un acceso a la información potencialmente discriminatorio en función de la población, los profesionales de la salud y las autoridades nacionales.

El uso de las redes sociales parece ser indiscriminado y contrasta con los métodos oficiales de comunicación previamente enumerados. La OMS también comenzó a utilizar la plataforma EPI-WIN días antes de emitir un comunicado oficial: EPI-WIN fue puesta en marcha el 24 de enero y anunciada el 30 de enero.

A medida que el brote se propagaba desde China, Tailandia, Japón y Corea a otros 19 países entre el 20 y el 31 de enero, la estrategia de comunicación de la OMS siguió desperdigándose por diferentes canales, creando definiciones confusas de algunos de los términos clave.

Términos como pruebas de entrada/salida, evaluación de riesgos, recomendaciones de viaje, regional y global fueron ampliamente difundidos por la OMS pero nunca llegaron a ser definidos con claridad, lo que planteó importantes cuestiones en torno a qué se recomendaba exactamente y dónde.

Mensajes contradictorios

Para complicar más aún la ambigua estrategia de comunicación, los informes de situación de la OMS identificaron erróneamente la evaluación del riesgo global durante tres días seguidos. En los informes de situación Nº 3, Nº 4 y Nº 5, el riesgo global fue publicado originalmente como "moderado" para posteriormente ser corregido en el informe de situación Nº 6 donde se afirmaba que se trataba de un error y que el riesgo era "alto". Dicho error creó confusión sobre la evaluación de riesgos de la OMS en un momento muy crítico. Según la información disponible actualmente, no está claro si se trató de un error de comunicación o de evaluación de riesgos.

También se emitieron mensajes contradictorios en relación con las recomendaciones de viaje. En el informe de situación Nº 9 se indicaba que no había recomendaciones específicas en cuanto a viajes, pero se incluía un anexo sobre los consejos para viajar y el transporte por carretera. En un ejemplo más evidente, no se incluyeron las restricciones de viaje el día en que la OMS declaró la emergencia sanitaria de preocupación internacional, una decisión que creó incertidumbre.

A medida que muchos países continúan luchando contra la pandemia, es crucial reflexionar sobre las formas en las que se comunica la información importante a nivel mundial. Comunicar riesgos es en sí un desafío, pero también una tarea arriesgada. Sin embargo, incluso con todas las deficiencias en comunicación, necesitamos que la OMS mejore sus estrategias de comunicación para poder cumplir su labor con eficacia. El coronavirus es un desafío global y hacer que instituciones internacionales como la OMS sean más eficaces es crucial para encontrar una solución a nivel mundial.

Fotos: Thomas Peter, Susana Vera.

Autores: Gabriel Blouin-Genest, profesor asistente por la escuela de Política Aplicada y la Universidad de Sherbrooke; Anna Bogic, coordinadora del Centro de Investigación y el Centro de Gobernanza de la Universidad de Ottawa; Éric Champagne, profesor asociado de Administración Pública en la Escuela de Estudios Políticos de la Universidad de Ottawa; Natalia Torres Orozco, estudiante del Máster en Derecho Internacional Aplicado y Política de la Universidad de Sherbrooke; Nathalie Burlone, profesora asociada de Estudios Políticos por la Universidad de Ottaw.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

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