
Las últimas olas de calor y los efectos cada vez más severos del cambio climático nos están obligando a replantear cómo refrescamos nuestras ciudades. Y esta tecnología puede ser una de las soluciones
Una sequía sin precedentes en el Reino Unido, temperaturas que superan los 40 grados en gran parte del continente, un Danubio seco que paraliza el suministro de energía nuclear… Europa se está calentando a una velocidad desorbitada, mucho más rápido que el resto del mundo, y necesita repensar con urgencia la manera en la que va a afrontar el calor extremo de los próximos veranos. Una de las propuestas más interesantes es refrigerar nuestras ciudades como si de un hogar gigante se tratara.
¿Qué es la refrigeración centralizada? Es un sistema que consiste en la producción y distribución de agua fría que se canaliza a través de una red de tuberías subterránea aislada y que consigue refrescar los edificios de un distrito o una ciudad, inyectando aire fresco en la ventilación. Una vez usada, el agua vuelve al punto de partida para enfriarse nuevamente. De esta manera, en lugar de que cada inmueble se climatice por separado, una única infraestructura puede hacerlo a gran escala y con un consumo energético menor.
Según algunos estudios como este de 37 edificios públicos en Hong Kong, este tipo de instalaciones puede llegar a ahorrar un 15% de energía y un 10% de costes en comparación con el aire acondicionado individual.
Sin embargo, la refrigeración centralizada también presenta algunos obstáculos: para empezar, su implementación es mucho más cara que otros sistemas como el aire acondicionado, debido a las enormes obras que requiere su despliegue en una ciudad (como levantar calles y aceras para instalar las tuberías), y, por tanto, necesita de una inversión inicial mucho más elevada que sistemas más tradicionales.
No es una tecnología totalmente nueva. Los sistemas de calefacción urbana ya son bastante habituales en Europa, con más de 77 millones de personas que utilizan estos sistemas para calentarse durante los meses más fríos. Lo que propone la refrigeración centralizada es el mismo principio, solo que, en lugar de distribuir agua caliente por la red en invierno, sería con agua fría en verano.
Algunas ciudades casi desérticas de Oriente Medio y Asia donde el calor es abrasivo ya han empezado a levantar este tipo de infraestructura. Por ejemplo, Dubái, una ciudad en la que la refrigeración de los edificios consume el 80% de electricidad, está desarrollando un sistema avanzado que refresca manzanas enteras, apoyándose en tecnologías de smart city que incluyen herramientas de Inteligencia Artificial y control remoto.
Ya en nuestro continente, París es una de las ciudades que ya emplean estos sistemas de refrigeración urbana, usando su río como fuente para refrigerar el circuito. También Heerlen, en Países Bajos, usa el agua de minas de carbón inundadas. Sin embargo, en ambos casos su uso es principalmente en edificios públicos o comerciales.
Pero hay una vuelta de tuerca más. Hay quien apunta a los sistemas de circuito abierto como la solución definitiva. En estos sistemas el agua se distribuye a temperatura media por la red, de manera que cada edificio puede, mediante su propia bomba de calor, producir calefacción o refrigeración según sus necesidades.
Un ejemplo de esto es la moderna urbanización de Bankside Yards en Londres, con una red combinada de quinta generación que permite equilibrar la energía, primero en el interior de cada edificio y luego de forma conectada entre todos los inmuebles del complejo. Como explica The New York Times, este sistema es capaz de recoger el calor no deseado, como, por ejemplo, de un frigorífico en un restaurante o de un equipo de oficina que necesita refrigeración, y transportarlo a algún lugar que necesite agua caliente o calefacción.
El aire acondicionado no es la solución. Si se diese un impulso a estas alternativas de climatización, quizás el aire acondicionado podría ser cosa del pasado en tan solo unos años. La normativa europea así parecía habérselo propuesto, aunque este verano ha tenido que claudicar debido a las temperaturas récord registradas en todo el continente.
A pesar de este verano, la intención desde Bruselas es seguir disuadiendo de la instalación del aire acondicionado debido a su papel innegable en la emisión de gases de efecto invernadero y en las islas de calor urbanas, fenómeno por el cual las ciudades acumulan más calor que sus alrededores y se convierten en infiernos de asfalto. Organismos y estudios europeos coinciden en que este sistema no puede ser la única solución a largo plazo.
Y no solo eso. Sistemas como los de refrigeración centralizada aportan más ventajas que el aire acondicionado convencional: reducen el ruido y liberan un espacio en fachadas y azoteas que se puede dedicar a otras instalaciones más verdes, como un jardín.
Imagen | Ashkan Forouzani
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