📱 Sorteamos un Realme 15 Pro Edición Juego de Tronos

Chile tiene el litio necesario para salvar al mundo de los combustibles fósiles. El problema es que lo está extrayendo a ciegas

  • El gobierno chileno inyecta más de 166 millones de dólares en tecnología minera, pero destina apenas 5 millones a la investigación socioambiental

  • Entre promesas de desarrollo y tecnologías no probadas, la fiebre por el mineral clave para los vehículos eléctricos amenaza con dar el "tiro de gracia" al ecosistema más árido del planeta

Alba Otero

Editora - Energía

El mundo necesita desesperadamente abandonar los combustibles fósiles. Para lograrlo, los vehículos eléctricos y las grandes plantas de energía renovable exigen un componente vital para sus baterías: el litio. Esta urgencia global ha puesto sus ojos sobre uno de los lugares más inhóspitos y frágiles del planeta, el desierto de Atacama en Chile, que alberga cerca del 25% de las reservas mundiales de este mineral.

Pero esta "salvación" tiene un lado oscuro. Como revela una profunda investigación publicada por Mongabay, Chile está acelerando la explotación de sus salares a ciegas. Bajo la promesa institucional de que este mineral será el “nuevo sueldo de Chile” —como lo definió el expresidente Gabriel Boric al prometer riqueza con estricto respeto ambiental—, la realidad en el territorio es diametralmente opuesta. El afán productivo está aplastando el conocimiento socioambiental que se requiere para no destruir la misma naturaleza que, irónicamente, el mundo intenta salvar.

El pacto que sella el futuro. Para capitalizar esta demanda, el Estado chileno lanzó la Estrategia Nacional del Litio (ENL), buscando consolidar al país como el líder indiscutido de este mercado. En este contexto, se fraguó un acuerdo minero sin precedentes. Según El Desconcierto, la minera estatal Codelco y el gigante privado SQM sellaron un pacto histórico para extraer litio en el Salar de Atacama hasta el año 2060 bajo una nueva empresa conjunta: NovaAndino Litio.

Con el objetivo de evitar la resistencia local que suele paralizar estos megaproyectos, el acuerdo incluyó un modelo de gobernanza inédito. Este esquema promete a las comunidades indígenas atacameñas (el pueblo Lickanantay) millones de dólares anuales en beneficios, asientos en mesas de diálogo y poder de fiscalización ambiental. Un modelo que la industria celebra como el estándar de la futura "minería verde", pero que en el territorio ha encendido una mecha de consecuencias insospechadas.

La desproporción de 33 a 1. Las promesas de equilibrio ambiental se desmoronan al observar la billetera fiscal. Las cifras son demoledoras: por cada peso que el Estado chileno invierte para entender proteger los frágiles ecosistemas de los salares, destina 33 a fomentar la productividad y la tecnología minera. 

A través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), el Estado ha inyectado más de 166 millones de dólares en desarrollo tecnológico para la industria. En dramático contraste, la inversión científica para entender el impacto del litio en el agua, los microorganismos y las especies amenazadas —como los flamencos andinos— apenas roza los 5 millones de dólares.

Invisibilización territorial. A esta ceguera institucional se suma la invisibilización territorial. Tal como explica el medio Ladera del Sur al documentar el proyecto científico Anillo LiOness, la mirada pública se ha obsesionado con las piscinas de evaporación, ignorando los off-sites: las áreas fuera de los salares. 

Las rutas de transporte, los terminales portuarios y las comunidades de paso absorben silenciosamente impactos iguales o peores bajo "la excusa del desarrollo verde", advierten los investigadores. Para el Premio Nacional de Historia, Lautaro Núñez, citado por ese mismo medio, la clave se está perdiendo en el debate: "Los salares son patrimonio de Chile".

Sed en el desierto. Mientras los millones fluyen hacia la tecnología, el ecosistema se agota. Extraer litio requiere bombear y evaporar enormes cantidades de agua milenaria. Como detalla El Desconcierto, las operaciones actuales consumen hasta 12.500 litros de agua industrial por cada tonelada de litio, provocando que el salar se hunda hasta dos centímetros por año.

Frente a esta amenaza, la inyección de dinero ha provocado la mayor fractura histórica del pueblo Lickanantay. Las comunidades pasaron de bloquear rutas en enero de 2024 a enfrentarse entre sí por el millonario botín, que podría alcanzar hasta 150 millones de dólares anuales para la región, según datos del gobierno chileno.  

Fractura social. Rudecindo Espíndola, agricultor local citado por El Desconcierto, asegura que participar de este acuerdo es una forma de "justicia de participación" porque, tras 12.000 años habitando el territorio, por fin tendrán acceso físico a las plantas para fiscalizar a las mineras.

Sin embargo, otros ven la destrucción de su tejido social. Sergio Cubillos, presidente de la comunidad de Peine, reconoce a la misma publicación que "el hecho de que hoy las comunidades reciban dinero es lo que ha conllevado a esta división". Sonia Ramos, una respetada curandera de 83 años, es aún más tajante en su entrevista con Climate Home News: "Somos tierra y agua (...) pero hoy hay fragmentación. Todo se ha transformado en desequilibrio". Para ella, el megapacto minero no trae progreso, sino "la muerte, la destrucción total del Salar".

Entonces, ¿qué va a pasar? Buscando justificar su expansión hasta 2060, NovaAndino ha prometido dejar de usar agua dulce y reinyectar al menos el 30% de la salmuera al subsuelo mediante nuevas tecnologías de extracción. No obstante, esta promesa se está observando con gran escepticismo. Como advierte la microbióloga Cristina Dorador, estas tecnologías de reinyección no están probadas a gran escala y podrían alterar la composición química del desierto. Continuar bombeando hasta 2060, asegura, podría ser el "tiro de gracia" para este ecosistema vital.

El Estado como facilitador, no como protector. Políticamente, el rumbo parece inalterable. El recién asumido presidente de ultraderecha, José Antonio Kast, ya ha prometido respetar los contratos firmados por la administración anterior. La maquinaria seguirá operando. 

En declaraciones a Mongabay, Hernán Cáceres, director del Instituto Nacional de Litio y Salares (INLiSa), justificó el bajo presupuesto estatal en áreas ambientales argumentando que ese dinero es en realidad un "gasto habilitante". Es decir, el Estado financia estudios ecológicos y mesas de diálogo no necesariamente para frenar el impacto, sino para "pavimentar el camino" a las mineras, reduciendo los riesgos de conflicto social y garantizando que las empresas puedan operar sin la resistencia de los pueblos originarios.

Con los ojos vendados. Mientras las inversiones tecnológicas avanzan a velocidad récord, la protección legal, como la reciente creación de la Red de Salares Protegidos, camina a paso lento, atrapada en la burocracia y la falta de fondos. La historia del litio en Chile encapsula la gran contradicción de nuestra época. En el afán por limpiar el aire de las metrópolis del hemisferio norte, se está exprimiendo y fracturando uno de los rincones más antiguos y biodiversos del sur global.

Tal como concluye la investigación, el país enfrenta hoy un desafío monumental: demostrar si sus políticas productivas pueden coexistir con la protección de la naturaleza, o si el "oro blanco" terminará socavando su patrimonio ecológico. Por ahora, los datos demuestran que la maquinaria avanza a toda velocidad, pero Chile va al volante con los ojos vendados.

Imagen | Willian Justen de Vasconcellos 

Xataka | Aprovechábamos solo un tercio de la luz solar: ahora sabemos cómo usar el molibdeno para exprimir cada fotón al máximo

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 4 Comentarios