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El primer coche "autónomo" de la historia data de 1958 y tenía un peculiar problema: olía a pescado

El coche que olía a pescado y brillaba como el sol: El sueño dorado de George Barris

Eva R. de Luis

Editor Senior

Hoy en día y salvo excepciones contadas como el Cybertruck, el diseño de los automóviles se mueven por tendencias muy claras. Sin embargo, en la década de los 50 y en plena era espacial, el límite era el cielo. Algunos ejemplos son el alucinante General Motors Firebird I, el Zündapp Janus que no sabes si viene o va o la nevera con ruedas llamada BMW Isetta. En esa época nació el Golden Sahara II, un auto verdaderamente adelantado a su tiempo.

Se adelantó tanto que trajo la asistencia en la conducción y a la conectividad total (de lo que había). Es, en pocas palabras, el abuelo del coche inteligente de hoy.

Una loca idea de reparación. Si digo George Barris puede que no sepas de quién hablo, pero si desvelo que se trata del creador del Batmóvil la cosa cambia. Pues bien, allá por 1953 el diseñador de autos tuvo un accidente de coche con su Lincoln Capri: chocó contra un camión de heno y como resultado, la parte superior del vehículo quedó destrozada. 

Probablemente mucha gente habríamos llevado el coche al taller o al desguace en función de la factura del mecánico, pero Barris invirtió la friolera de 5.000 dólares y lo que quedaba de su maltrecho Capri (que montaba un motor V8 de 200 caballos) en fabricarse el Golden Sahara. Ojo, para que te hagas una idea del pastizal invertido: en los 50 el lujoso Cadillac Eldorado costaba 7.750 dólares. Borrón y cuenta nueva en forma de coche ultrafuturista. 

Un equipamiento de otra época. En una época en la que la radio FM era un extra, el propio Barris cuenta sus elementos de diseño más diferenciales: paneles de acero moldeados a mano, faros de diseño vertical instalados en guardabarros y parachoques tipo bala, aletas integradas en los guardabarros, asiento tipo salón con muebles bar a los lados, una cúpula de burbuja desmontable para el techo. 

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... y pintura de con sardinas. El diseño aerodinámico quedaba rematado con un acabado bicolor en oro de 24 quilates (de ahí su nombre) en lugar del clásico cromo y una pintura que brillaba como si fuera un diamante. Barris buscaba un acabado nunca visto, así que se le ocurrió una forma natural de conseguir un toque nacarado antes de que ese tipo de pintura se popularizara: con escamas de pescado. Como explicaba el diseñador en una entrevista con Jonnie King para su serie "Leyendas del Salón de la Fama":

"Así que Shirley y yo fuimos a la pescadería, y recuerdo que los pescados tenían un aspecto muy nacarado. Hice que los pescaderos dieran la vuelta a todas las sardinas para que se les viera la barriga hasta que encontré la que tenía el oro. La cogimos, le quitamos las escamas, la pusimos en un tarro, la llevamos a la tienda y la mezclamos con una laca transparente de celulosa natural y lacas de tóner. Luego le di una base de blanco mate y la rocié por encima, y ​​quedó un dorado nacarado espectacular. El único problema era que era muy difícil de oler porque olía a pescado"

Un Golden Sahara II aún más extravagante. En 1954 nació el primer Golden Sahara y del 56 al 58 Barris se asoció con Jim Street y Bob Metz para darle una vuelta de tuerca hasta dar con el Golden Sahara II. Para esta segunda generación, Goodyear añadió neumáticos translúcidos y luminosos para sustituir a los convencionales con banda blanca de la época. Es solo la punta del iceberg de un coche sorprendente tanto por fuera como (sobre todo) por dentro.

Pero además Metz le dio un buen lavado de cara y modificó el parabrisas, el capó y el techo del vehículo, puso faros cuádruples y unas aletas posteriores. Y pasó de tener radio y volante a una tecnología verdaderamente futurista: con paneles en la parte superior del salpicadero donde albergaba un televisor, grabadora y hasta nevera para su bar. Se dice que el coste total del Sahara superaba los 75.000 dólares de la época.

 Bajo el capó: un adelantado a su tiempo. La electrónica de Jim Rote era lo que marcaba la diferencia respecto a los coches de aquella época y lo acercaba a la nuestra. El volante dejaba paso a un joystick central al estilo de los cazas e implementaba control por voz para tareas como abrir las puertas o arrancar el motor. Asimismo, integraba sensores de proximidad en dos antenas del parachoque delantero, de modo que podía frenar de forma autónoma. 

Qué fue de él. En sus días de vino y rosas pasó por ferias como la de Petersen Motorama (su puesta de largo), apareció en 'Cinderfella' (1960) junto a Jerry Lewis, Ed Winn y Judith Anderson y también en el concurso 'I've got a secret', en 1962. Pero en los 60 desapareció de la primera plana y quedó relegado al ostracismo durante medio siglo, hasta que volvió por todo lo alto y restaurado en el el Salón de Ginebra de 2019 de la mano de Goodyear.



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Portada |  Matti Blume


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