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Tenemos cientos de silos abandonados en España. Extremadura ha dado con la tecnología perfecta para convertirlos en baterías

Torrejon El Rubio
  • Adiós a desperdiciar energía fotovoltaica: cómo el sistema 'Power to Heat' evitará el colapso de la red almacenando los excedentes en antiguos silos

  • Revitalizar el campo a través de la tecnología: 1,5 millones de euros de fondos europeos para dar una segunda vida al patrimonio agrícola extremeño y portugués

Alba Otero

Editora - Energía

Hay infraestructuras industriales que, cuando dejan de ser útiles, acaban mimetizándose con el paisaje sin hacer apenas ruido, convertidas en fantasmas de hormigón. Los antiguos silos de cereal, que durante décadas fueron el corazón vibrante de la economía agrícola de muchos pueblos, son hoy el mejor ejemplo de esta realidad en la España rural.

Sin embargo, la transición energética les ha deparado un destino tan inesperado como prometedor. La región de Extremadura ha decidido dar una segunda vida a estos gigantes abandonados junto a carreteras y llanuras, transformándolos en enormes instalaciones para almacenar energía renovable. 

Silos en baterías. Todo ello se materializa bajo el proyecto THESILO, una iniciativa transfronteriza que acaba de ser presentada oficialmente en la pequeña localidad cacereña de Torremocha. Allí, su Ayuntamiento ha cedido un silo en desuso para albergar el primer piloto experimental que probará esta tecnología en condiciones reales. 

La urgencia de este ensayo se entiende mejor al mirar las cifras del sector: durante el último año, según datos de Red Eléctrica de España (REE), se instalaron cerca de 10.000 MW de nueva potencia renovable en el país. El conflicto surge cuando esta enorme producción se concentra en horas concretas del día, especialmente con la tecnología fotovoltaica. En regiones muy soleadas como Extremadura, la red eléctrica llega a colapsar al no poder absorber toda la energía disponible, provocando los temidos "vertidos": plantas que deben parar su producción porque no hay dónde guardar la electricidad y la energía se desperdicia.

Así que la solución que plantea THESILO es brillante en su simplicidad: aprovechar esas enormes estructuras de hormigón para guardar los excedentes eléctricos en forma de calor.

La inspiración nórdica. Aunque visualmente parezca ciencia ficción, este concepto ya cuenta con un sólido precedente en el norte de Europa. En Finlandia ya opera con éxito el sistema Power to Heat (energía a calor) a través de gigantescas "baterías de arena". En la localidad de Pornainen, un silo relleno con 2.000 toneladas de esteatita triturada es capaz de almacenar calor a temperaturas de hasta 500 °C durante meses, alcanzando una eficiencia de entre el 85% y el 90%.

El proyecto extremeño se basa en el mismo principio: cuando la producción renovable se dispara y la electricidad pierde valor en el mercado, esa energía excedentaria se usará para alimentar resistencias de alta eficiencia que generarán calor. Este calor quedará atrapado en el interior del silo utilizando como medio de almacenamiento materiales granulares de muy bajo coste. No hace falta usar arena de construcción; se investigará el uso de residuos reciclados procedentes de canteras, subproductos industriales y materiales de demolición que resistan altas temperaturas de manera estable y económica.

Una vez almacenado, el objetivo es que ese calor pueda distribuirse a través de sistemas de intercambio térmico para abastecer a la industria agroalimentaria local, edificios públicos o viviendas de los municipios colindantes. El proyecto, cuya ejecución está prevista entre el 1 de enero de 2026 y el 31 de diciembre de 2028, se estructura en cuatro ejes principales, que van desde la adecuación de los silos hasta el análisis de su viabilidad legal y medioambiental.

Radiografía del proyecto. Para entender la magnitud de THESILO hay que mirar sus cifras: enmarcado en el programa europeo Interreg POCTEP, el proyecto maneja un presupuesto superior a 1,5 millones de euros, respaldado en gran parte por fondos FEDER. El consorcio transfronterizo está liderado por el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético (CIIAE), que ha tejido una red estratégica con aliados españoles y portugueses como AGENEX, INTROMAC, ADAI, AreanaTejo, el Politécnico de Portalegre e ITECONS. 

Una unión de fuerzas indispensable para abarcar la eurorregión EUROACE (Extremadura, Alentejo y Centro de Portugal), un extenso territorio donde hoy aguardan 1.050 silos en desuso con el potencial de convertirse en la red de baterías térmicas del futuro.

Un impacto que traspasa fronteras. Más allá del componente tecnológico, el impacto socioeconómico es el verdadero motor de la iniciativa. El secretario general de Ciencia, Tecnología e Innovación, Javier de Francisco Morcillo, subrayó durante la presentación que el objetivo último es el "impulso del crecimiento empresarial y la revitalización de comunidades rurales". Según apuntó el secretario, Europa exige que el conocimiento generado "desemboque en una transferencia de resultados que repercuta en una mejora socioeconómica inmediata".

Además, destacó la capacidad de Extremadura para liderar estos fondos transfronterizos, recordando que la región ha captado entre 2021 y 2025 más del doble de fondos del programa Horizonte Europa en comparación con el periodo 2014-2020, según datos del CDTI.

El futuro pasa por reciclar el pasado. Aún quedan incógnitas por despejar y trámites regulatorios que superar para demostrar que este modelo funciona a gran escala. El piloto de Torremocha será la verdadera prueba de fuego para evaluar cómo responde la estructura original del silo a las altas temperaturas y certificar si la inversión tiene sentido frente a otras soluciones que ganan terreno, como el bombeo hidráulico o las baterías químicas.

Sin embargo, THESILO resume a la perfección hacia dónde se dirige la transición energética en Europa. La descarbonización no puede depender únicamente de infraestructuras faraónicas de nueva construcción; también requiere proyectos que abracen la economía circular. Reutilizar infraestructuras ya construidas no solo reduce costes y evita nuevas construcciones, sino que devuelve la vida a unos gigantes olvidados, atrayendo inversión y empleo a zonas que llevan años perdiendo población. Una demostración de que la solución a los retos energéticos del mañana puede estar escondida a plena vista en los pueblos de la España rural.

Imagen | Xataka 

Xataka | Finlandia ha encontrado una forma barata de almacenar energía todo el invierno: una torre de 2.000 toneladas de arena

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