España está generando luz prácticamente gratis a mediodía. Tu factura se va a disparar un 30% en verano de igual modo

Factura Luz
  • El laberinto hasta el enchufe: cómo los peajes y los impuestos devoran la luz más barata de Europa

  • La transición a medias: el sueño de la independencia energética española choca de frente contra tu recibo

Alba Otero

Editora - Energía

España ha llegado a pagar por consumir energía marcando un hito histórico de -10 euros por megavatio hora (MWh) un domingo cualquiera. Los datos de Red Eléctrica muestran días donde la energía solar fotovoltaica llega a acaparar más del 63% de la generación en momentos de máxima radiación, lo cual supone un éxito innegable para nuestro sistema eléctrico.

Y aun así, este verano la factura de la luz será casi un 30% más cara que la del año pasado. Para entender cómo es posible que ambas cosas sean verdad a la vez, hay que entender lo que ocurre entre el panel solar y tu recibo.

El 41% que ves y el 59% que no ves. Miras el precio del mercado y piensas que entiendes tu factura. No la entiendes. Ese precio —el que sale en los titulares, el que marcó números negativos el domingo— representa el 41% de lo que pagas. El resto es un edificio entero de peajes, cargos de sistema e impuestos que no aparece en ningún titular pero sí aparece en tu recibo cada mes.

Y aquí entra la trampa más irónica de toda esta historia. El despliegue masivo de eólica y solar logró algo que parecía imposible hace cinco años: moderar la inflación nacional hasta el 3,2%. Una victoria macroeconómica indiscutible. Sin embargo, esa victoria tuvo un efecto secundario que nadie celebró ya que al no superar el límite legal de subida de precios, se activó automáticamente la "cláusula de desactivación" del decreto anticrisis del Gobierno. El escudo renovable funcionó tan bien que desactivó sus propias ayudas. Desde el 1 de junio, el IVA de la luz y el gas vuelve al 21%.

De día, renovables. De noche, gas. Y siempre, la factura. Durante el día, España funciona con energía casi regalada: un promedio al mediodía de apenas 1,65 euros el megavatio hora. El sol cubre el 67% de la demanda durante seis horas seguidas. El sistema eléctrico, en esas horas, es una máquina extraordinaria. 

Pero al caer la noche, la historia cambia de golpe. El agua cubre solo el 21% de la demanda. El viento, apenas el 13%. Como señala Antonio Aceituno, analista de mercados energéticos de Tempos Energía, la electricidad nocturna cuesta un 57% más que al mediodía. Es entonces cuando hay que encender de nuevo las centrales de gas y carbón. Y ese encendido nocturno es el que fija el tono de tu recibo.

Con la llegada del verano, la ecuación empeora en todos los frentes. Las altas temperaturas restan eficiencia a los paneles solares. El aire acondicionado dispara la demanda. El escudo hidráulico cede. Y el panorama geopolítico aprieta desde fuera: a pesar del preacuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán para desbloquear el estrecho de Ormuz, el gas viaja en barco y esos metaneros no llegarán a Europa antes de agosto. Con los almacenamientos europeos estancados al 37%, Tempos Energía prevé que la electricidad en el tercer trimestre se mueva entre 82 y 86 euros el megavatio hora. Si el pacto fracasa, por encima de 90. Un 35% más caro que el verano anterior.

El mercado que mueve un 7% en una tarde sin que pase nada. Detrás del precio de la luz hay otra capa que casi nadie explica: el mercado del gas europeo —referencia TTF— funciona, en la práctica, como un casino. Como describe el experto energético Joaquín Coronado, es una máquina diseñada para transferir volatilidad al consumidor final. En una sola sesión reciente, el índice se movió más de un 7% en intradía sin ningún evento real que lo justificase. Solo especulación de fondos financieros.

Y aquí viene la paradoja que Coronado señala con precisión: más del 75% de la energía que se negocia en España ya va por contratos bilaterales, a precio pactado, fuera del mercado especulativo. Tres de cada cuatro megavatios, blindados. Pero ese 25% restante —el que se juega cada día en el mercado marginalista— es el que fija el precio de toda tu factura. La minoría manda sobre la mayoría.

A esto se suma una disfunción que viene de fábrica en el diseño del sistema: la demanda española es inelástica. Cuando la electricidad marca precios irrisorios al mediodía, los consumidores no reaccionan consumiendo más para aprovechar la ganga —porque no tienen incentivos reales para hacerlo, ni contadores inteligentes que lo faciliten, ni tarifas que lo premien en tiempo real. Al no absorber ese exceso de energía barata, la acaban comprando agentes de Francia y Portugal para exportarla. Y esa exportación, por la dinámica del acoplamiento europeo, arrastra nuestros precios al alza. Regalamos la energía y nos devuelven el precio europeo.

El éxito incompleto. España ha logrado una proeza estructural indiscutible. Nos hemos convertido en un pionero europeo al desacoplar, durante gran parte del día, nuestro sistema eléctrico de los peores caprichos internacionales del gas, ganando una valiosa independencia energética.

Sin embargo, la transición no acaba en instalar paneles solares. Mientras el sector siga inmerso en guerras internas culpabilizándose mutuamente, mientras la red carezca de un sistema masivo de baterías para guardar los megavatios a coste cero y mientras la estructura de impuestos siga asfixiando el recibo familiar, la electricidad barata seguirá siendo un espejismo en las pantallas de los mercados financieros. 

Generamos luz casi gratis a mediodía, sí, pero el laberinto que recorre esa energía hasta encender el enchufe de tu casa lo seguiremos pagando a precio de lujo europeo.

Imagen | Unsplash 1 y 2 

Xataka | Resolviendo la extraña paradoja de España: si generamos energía más barata que nunca, ¿por qué la factura no baja tanto?

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