El 15 % de la capacidad nuclear francesa quedó fuera de servicio durante la ola de calor
El calor no solo ha disparado los termómetros: ha triplicado los precios de la electricidad en algunos países
El calor extremo ha forzado a cerrar reactores nucleares en Francia. Níger ha nacionalizado una de sus minas de uranio más importantes. Y mientras tanto, París sufre apagones. En cuestión de días, Europa ha descubierto lo vulnerable que puede ser su modelo energético cuando el clima y la geopolítica deciden golpear al mismo tiempo.
Cortes de luz en plena capital. El sábado 5 de julio, París vivió una jornada de cortes de electricidad que afectaron a decenas de barrios. Las Galerías Lafayette, algunos edificios de la Asamblea Nacional e incluso zonas ministeriales quedaron temporalmente a oscuras. Según Le Figaro, Enedis —la empresa encargada de la distribución eléctrica— ha confirmado que los incidentes estuvieron relacionados con la ola de calor. "Las fuertes temperaturas y las variaciones térmicas provocaron claquages —fallos— en las conexiones entre cables", ha explicado Arnaud Baret, delegado sindical de Enedis en París para el medio francés.
El talón de Aquiles nuclear francés. Francia se ha enorgullecido durante décadas de su modelo energético basado en la energía nuclear. Con más de 56 reactores repartidos por el país, es uno de los líderes mundiales en producción atómica. Sin embargo, ese modelo está mostrando grietas ante el cambio climático.
Como ha detallado Ember en un reciente informe, hasta el 15 % de la capacidad nuclear francesa estuvo fuera de servicio entre el 1 y 2 de julio. Aunque parte se debía a mantenimientos programados, al menos 7 GW fueron clasificados como "reducciones forzadas" por el operador del sistema. Plantas como Golfech, Bugey o Blayais se vieron especialmente afectadas. El problema de fondo es estructural: muchas centrales fueron diseñadas entre los años 60 y 80, en una época en la que no se preveía un calentamiento global tan agresivo. Dependen de ríos que, hoy, ya no pueden enfriar de forma eficiente. Y aunque Francia importa uranio para mantener sus reactores, su red de refrigeración y su antigüedad suponen una debilidad crítica.
Pero hay un pequeño problema con el uranio. Además de los desafíos técnicos y climáticos, Francia enfrenta un problema geopolítico delicado: su dependencia del uranio importado, especialmente de Níger, uno de sus principales proveedores históricos. A través de la empresa Orano —de propiedad mayoritariamente estatal francesa—, Francia ha explotado minas como Somair, Cominak e Imouraren durante más de medio siglo. Sin embargo, tras el golpe de Estado en 2023, el gobierno militar de Níger ha iniciado un giro radical en su política exterior y energética.
Recientemente, Níger ha anunciado la nacionalización de la mina Somair, acusando a Orano de haber extraído de forma desproporcionada la producción de uranio durante décadas. Según ha explicado Al Jazeera, el gobierno del país ha acusado a la empresa francesa de apropiarse del 86,3 % de la producción entre 1971 y 2024, a pesar de tener solo un 63 % de participación. Esta nacionalización se suma a la retirada del control operativo francés sobre otras minas clave, y a un deterioro general de las relaciones bilaterales. Mientras tanto, la incertidumbre sobre el acceso a este recurso estratégico pone en cuestión la estabilidad del suministro nuclear francés, justo en un momento en que el país necesita más energía que nunca.
Las consecuencias para Europa. La fragilidad del parque nuclear francés no es solo un problema nacional. Francia es históricamente un país exportador de electricidad. Cuando su producción cae, el impacto se siente en todo el continente. Durante la ola de calor, los precios eléctricos se dispararon. Según Ember, el 1 de julio se superaron los 400 €/MWh en Alemania y los 470 €/MWh en Polonia. En Francia, el aumento respecto al 24 de junio fue del 108 %.
Mirando al sol. Pero no todo son sombras en este escenario energético. De hecho, el sol ha traído consigo un nuevo récord: en junio, la UE ha generado 45 TWh de electricidad solar, un 22 % más que en el mismo mes del año anterior, según datos de Ember.
En Alemania, la energía solar llegó a cubrir casi el 39 % de la demanda eléctrica diaria, con picos de hasta 50 GW de potencia. Además, los sistemas de almacenamiento —14 GW en baterías y 10 GW en bombeo— permitieron conservar energía para las horas pico de la tarde.
España, por su parte, resistió mejor. Gracias a un diseño más moderno, con torres de refrigeración y sistemas redundantes, no se vio obligada a detener ninguna central nuclear. Pero el cuello de botella está en las interconexiones: mientras podría haber exportado más electricidad, la infraestructura actual limita la cantidad de energía que se puede compartir con otros países.
El futuro ya está aquí. Las olas de calor no son una anomalía estacional: son la nueva normalidad. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, los fenómenos climáticos extremos podrían costar miles de millones de euros cada año. En este contexto, la resiliencia energética se vuelve urgente. Desde el medio Ember han propuestos varias soluciones: tarifas dinámicas, almacenamiento en baterías, flexibilidad de la demanda y una mayor interconexión eléctrica entre países.
Francia, epicentro de esta reciente crisis energética, tendrá que replantearse su modelo nuclear si quiere mantener su liderazgo. Mientras tanto, los ciudadanos de París saben que el calor puede ser mucho más que una molestia: puede dejarlos a oscuras.
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