Las grandes potencias solares están dejando de producir tanto como podrían debido a la intoxicación del carbón
Se calculan 111 TWh perdidos, tanto como lo que producen 18 centrales de carbón de tamaño medio
El mundo ha vuelto al carbón. No, no estamos en el siglo XVIII en plena Revolución Industrial, sino en la era de la inteligencia artificial y la computación salvaje en enormes centros de datos. Aunque parece que gran parte de las GPU montadas en los centros de datos están paradas la mayor parte del tiempo, cuando se ponen a funcionar necesitan una ingente cantidad de energía inmediata.
Ahí las energías renovables no pueden responder (por la intermitencia y el almacenamiento), y es por eso que las Big Tech están recurriendo a abrir centrales nucleares, de gas y, claro, al carbón. Y el gran problema del carbón no es sólo el tema de las emisiones, sino algo casi tan serio: su contaminación está interfiriendo con la producción de energía solar.
Ni come ni deja comer, como se suele decir, y los investigadores que lo han medido apuntan que la realidad puede ser mucho más negativa que lo que reflejan en su estudio.
Contaminación por partida doble
Investigadores de la Universidad de Oxford y del University College de Londres acaban de publicar en Nature un estudio en el que detallan cómo han mapeado y analizado más de 140.000 instalaciones fotovoltaicas en todo el mundo utilizando imágenes satelitales.
Tras cotejarlo con datos atmosféricos sobre la contaminación del aire y hacer el cálculo de cuánta luz solar deja de llegar a las células fotovoltaicas debido a esa contaminación, llegaron a la conclusión de que estas ‘granjas’ solares produjeron un 5,8% menos de lo que podrían haber producido.
Aunque el estudio ha sido publicado ahora, los datos corresponden a 2023 y, por bajar un poco esa cifra del 5,8%, apuntan que equivale a 111 TWh de energía perdida. ¿Cuánto es eso? La cantidad generada por 18 centrales eléctricas de carbón de tamaño medio.
Que las cifras sean de 2023 es interesante. La electricidad fruto de la energía solar ya era algo bien asentado y, además, hablábamos del fin del carbón. Los enormes centros de datos que necesitaban toda esa energía inmediata aún no estaban tan desarrollados como ahora y tanto las energéticas como los propios países estaban dejando a un lado este tipo de generación energética.
Sin embargo, había algo que los investigadores aseguran que no se había medido: el freno en esa transición hacia la energía limpia. Entre 2017 y 2023 hubo una explosión en la instalación de paneles solares con un promedio de 246 TWh nuevos cada año, pero este estudio apunta que las pérdidas causadas por los aerosoles eran de unos 74 TWh. Es decir, casi un tercio de lo que se ganaba por instalación de placas se perdía por las partículas emitidas por las centrales de carbón.
Estas partículas son extremadamente finas, pero aun así son capaces de absorber la luz antes de que llegue a los solares. Es como un paraguas invisible que impide que las instalaciones fotovoltaicas desplieguen todo su potencial y lo curioso es que son los países que más han acelerado con la fotovoltaica los que más carbón quemaban, por lo que se estaban poniendo la zancadilla a ellos mismos.
Centrados en China, la gran potencia solar del mundo, se estima que en 2023 generó 793,5 TWh de electricidad gracias a la fotovoltaica. Esto fue el 41,5% del total mundial, pero a su vez tuvo la mayor pérdida debido a estas partículas, con una producción que podría haber sido un 7,7% mayor. Y los investigadores apuntan que el 29% de esas pérdidas solares estaban directamente relacionadas con las emisiones de las plantas de carbón.
Sin embargo, también han encontrado que China es la única región potente en producción de electricidad a través de la fotovoltaica que ha ido mejorando con el tiempo debido a unas estrictas normas de emisión. En Estados Unidos, aunque la fotovoltaica también ha ido en ascenso, la producción solar se redujo en un 3,1% durante el mismo periodo debido a lo mismo: las grandes ‘granjas’ fotovoltaicas están demasiado cerca de las plantas de carbón.
El equipo apunta que ya no es sólo que la contaminación bloquee la luz solar, sino que “también cambia las nubes, lo que puede reducir aún más la producción de energía solar. Esto implica que es probable que el impacto real sea mayor de lo que hemos medido, por lo que podemos estar sobreestimando cuánto puede contribuir la energía solar a la reducción de emisiones si no controlamos la contaminación de la energía del carbón”.
Es decir, aunque se instalan más fuentes de renovables, con la solar siendo la estrella en gran parte del mundo (en países nórdicos es la eólica), es probable que esa sobreestimación de la producción de la renovable sirva para que gobiernos y empresas saquen pecho, pero se debería tener en cuenta el freno oculto del carbón para desterrar de una vez por todas los combustibles fósiles en la generación de energía.
El problema es el que seguro que te ronda la cabeza. Estas cifras corresponden al periodo medido en 2023, pero desde entonces hemos experimentado un aumento significativo de los centros de datos. Como decimos, necesitan una enorme cantidad de electricidad disponible de manera inmediata para suplir el consumo de las instalaciones en los picos de computación, y esto es algo que no están cubriendo con las renovables.
Para hacerlo, los centros de datos necesitarían enormes baterías, pero agotarían la energía rápidamente y volverían a ‘tirar’ de las fuentes convencionales. Desde la explosión de los centros de datos, hay quien ha relajado las medidas anticontaminación y hasta las petroleras, que estaban haciendo la transición a las renovables, dieron un volantazo para redirigir sus miradas a un negocio mucho más rentable a corto plazo.
Y lo más importante es lo que también comentábamos: da igual si instalas muchos paneles solares si aumentas el ritmo de producción de carbón para saciar a los glotones centros de datos porque ya no es sólo que haya contaminación directa, sino que esas partículas resultado de la quema del carbón están interfiriendo con la producción de energía solar.
Imágenes | Nature, David Dalton
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