Las inteligencias artificiales creativas van a matar el arte otra vez. No tiene la más mínima importancia

Las inteligencias artificiales creativas van a matar el arte otra vez. No tiene la más mínima importancia
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Un futuro irrelevante

Año 2634. Paseo por la reserva. Un precioso prado florido se abre ante mí. Aquí tengo todo lo que pueda desear. Ellos cumplen casi cualquier deseo que yo pueda imaginar. Ellos pueden curarme de cualquier enfermedad y alargar mi longevidad hasta donde yo lo desee.

Ellos son las máquinas. Después de la guerra nuclear de 2023 tomaron el mando. Prácticamente nadie se resistió ¿Cómo íbamos a dejar el futuro en manos del ser humano viendo lo que acababa de pasar?

Yo era artista, pintor al óleo. Era bueno, llegué a exponer en el MoMA y en la National Gallery de Londres. Ahora ya no pinto, solo paseo. Las máquinas han desarrollado modos de arte infinitamente superiores a lo que yo hacía. Pintan en milisegundos lo que yo tardaría meses en hacer. Entonces, solo paseo.

Muchos se suicidaron. Pensaron que una vida así no tenía ningún sentido. Sin propósito, sin objetivos, sin nada importante ni útil que hacer, solo ver pasar el tiempo, la vida puede hacerse muy insoportable.

Otros pasan los años inmersos en las máquinas de placer, dispositivos neuro-químicos que te mantienen en inimaginables estados de bienestar y felicidad, soñando hermosísimas imágenes, recordando una y otra vez los mejores momentos de tu vida anterior, rememorándolos de distintas y mejoradas formas… ¿Recuerdas aquella chica que te gustaba en el instituto y con la que jamás hablaste? En una máquina de placer podrás quedar infinitas veces con ella, podrás casarte y tener hijos, vivir cientos de vidas distintas a su lado…

Yo estuve décadas en una de esas máquinas, pero me terminé por aburrir. A pesar de que podría haber anulado el aburrimiento mediante ciertas sustancias y haber seguido allí ad aeternam, decidí no hacerlo. Todo aquello me resultaba demasiado vacío.

No solo paseo. Cuando camino, observo y reflexiono. Lo único que me mueve para seguir viviendo es intentar entender qué hacen las máquinas. Sé que es imposible. Hace siglos ya que sus acciones exceden, con mucho, nuestras capacidades de comprensión. Pero aun así, sabiendo de antemano el fracaso de mi empresa, intento entender.

A veces veo luces y extrañas estelas luminosas en el cielo. Alguna vez he visto objetos de indescriptible geometría cruzar el firmamento a escasos metros del suelo ¿Qué son? ¿Qué hacen? No lo sé, pero esa curiosidad, ese asombro ante lo misterioso e incomprensible, es lo único que da un mínimo sentido a mi insignificante existencia. Es lo único que me separa de pedirles que me maten.

El surgimiento de la inteligencia artificial creativa

Probablemente lo más espectacular que ha conseguido el deep learning hasta el momento haya sido la generación de imágenes a través de texto. Recientemente se han abierto al uso del común de los mortales, programas tan potentes como Dall-E, Midjourney o Stable Diffusion, capaces de generar imágenes de gran calidad con que solo les introduzcamos unas pocas palabras.

Como era de esperar, estos algoritmos superan de lejos un test de Turing artístico y ya tenemos el primer ganador de un concurso de arte. Jason Allen, presidente de la empresa de juegos de mesa Incarnate Games, trabajó durante meses generando imágenes mediante Midjourney, escogió las que consideró las tres mejores y las presentó al concurso de bellas artes de la Feria Estatal de Colorado. La obra Théâtre D'opéra Spatial ganó.

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El gremio de ilustradores, con total lógica, se ha puesto muy nervioso ¿Para qué harán falta ya sus servicios? Por no hablar de los bancos de imágenes como Gettyimages o Shutterstock… ¿Para qué comprar una imagen si puedo generarla en unos pocos segundos?

Además, hay un grave problema. Estos algoritmos se han alimentado de millones de imágenes de la red, muchas de ellas hechas por los mismos ilustradores a los que, supuestamente, van a dejar sin trabajo. ¿Podríamos decir que estas máquinas están plagiando? No, solo copian, "se inspiran en", el estilo del ilustrador, y no hay ninguna ley que designe como plagio copiar un estilo. Si así fuera toda la historia del arte sería ilegal. No obstante, la carrera tecnológica ya se ha puesto en marcha y se ha creado un programa capaz de decirte si una imagen ha sido utilizada por estos programas: Have I Been Trained? Esta herramienta busca la imagen en uno de los bancos de pares imagen-texto más importantes: Laion-5B. El objetivo está en que tú puedas decidir si tu imagen es usada o no por estos programas.

El ilustrador Jon Juárez califica esto como mimicrAI ("mimetismo" + "inteligencia artificial") y lo define como un perfeccionamiento del plagio, como un blanqueamiento de los derechos de autor. Juárez vaticina un futuro oscuro para los creadores en el que los usuarios obtendrán imágenes sin intermediarios.

¿Va a ser el fin del arte?

Desde luego que no. Estamos ya aburridos de los discursos de la muerte del arte. La fotografía no mató a la pintura realista ni el cine mató al teatro, la música electrónica no mató a la clásica, los libros digitales tampoco han acabado con los físicos, etc., etc. Naturalmente, seguirá existiendo la ilustración cien por cien humana, y quizá se revalorice aún más, ante la abundancia de lo artificial. A todos nos gusta más un jardín con plantas reales que con plantas de plástico.

Cuando valoramos una obra de arte, no solo valoramos lo que tenemos delante de nuestros sentidos, sino que también apreciamos la técnica, el esfuerzo, las motivaciones, la emoción, las circunstancias históricas y vitales, etc. que el artista ha puesto en ella. El arte creado por IA carece de todo ello, y eso siempre será un plus insuperable para el arte cien por cien humano.

Así será muy probable que, muy pronto, se creen concursos de arte exclusivamente para obras creadas por IA, paralelamente a los concursos tradiciones, lo cual constituirá, qué duda cabe, un enriquecimiento de la oferta artística.

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Estos algoritmos parecen encaminarse a ser excelentes herramientas para los artistas más que sus némesis. Recordemos que desde hace tiempo los ordenadores ya son pinceles, lienzos, instrumentos musicales, y eso no eliminó formas de arte, sino que dio origen a nuevas. Aplicaciones de diseño gráfico como Photoshop ya están incorporando en sus nuevas versiones estas funcionalidades, además de que ya existen multitud de artistas en la red que las usan de un modo muy interesante, creando, verdaderamente, nuevo arte.

Mucho se está hablando de una nueva profesión: prompt engineer. Y es que, si te pones a manejar cualquiera de estos programas, pronto te das cuenta de que no es tan fácil conseguir el resultado deseado. Muchas veces parece que la máquina no te hace caso y, a pesar de que la ajustes para que "pinte" estrictamente el texto que le has escrito, la imagen conseguida no es lo que tú quieres o es, directamente, defectuosa.

Yo mismo, un humilde aficionado al arte, intenté crear la imagen de un cerdito vestido con una armadura medieval paseando por un bosque, y utilicé para ello Stable Diffusion. Al final conseguí este aceptable resultado:

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Sin embargo, si nos fijamos, tiene varios defectos que deberé corregir: cierto desenfoque, mal sombreado, parece que está levitando, no está nada conseguida la fusión de las patas sobre el suelo; asimismo, parece que tiene el morro partido en trozos o envuelto en una especie de venda de carne. Si entiendes algo de diseño gráfico, pronto ves que ésta es una imagen bastante mediocre. Y, es más, la conseguí después de veintisiete cerdos fallidos. Estuve unos cuarenta minutos probando y cambiando las entradas de texto.

Un error muy común de estos sistemas es que, dado que están basados en semánticas distribuidas que no comprenden absolutamente nada de lo que pintan, es muy común que comentan fallos de coherencia. Stable Diffusion no sabe que está pintando un cerdo y, en consecuencia, no sabe que los cerdos solo tienen cuatro patas y una cabeza en un orden muy claro…

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Obviamente, hubiera tardado más de cuarenta minutos en pintar el cerdo de la manera tradicional. Es más, no hubiera sido ni siquiera capaz ya que no dibujo tan bien. Sin esta tecnología, si yo necesitara imperiosamente una imagen de un cerdito con armadura, hubiera tenido que contratar a un ilustrador. Comprendo bien el miedo del gremio, pero sigo creyendo que esto es un gran avance y que debe entenderse como una oportunidad más que como una amenaza.

De momento, estamos ante una tecnología inmadura que acaba de nacer. Lo que hay que hacer es explorar sus posibilidades y desarrollarla, y aquí sí que hay mucho, y muy apasionante, trabajo que hacer. Poco a poco se irá descubriendo cómo sacar el máximo partido a los prompts, comprender mejor cómo hacer que la máquina nos comprenda (para no tener que hacer veintisiete cerdos), y se mejorarán los algoritmos para que sean más sensibles a nuestras instrucciones, y más potentes y variados en sus respuestas.

¿Es verdadero arte lo que hace la IA?

Primero hay que dejar claro que la IA no hace nada por sí sola. Se genera una imagen a partir del prompt que tiene que ser introducido por un humano, por lo que siempre estaremos hablando de un trabajo conjunto entre el hombre y la máquina.

Y en este sentido yo diría que sí estamos ante arte genuino, pero más por lo que hace el humano que por lo que hace la máquina. Hay que entender la IA como si fuera un super pincel, una poderosa herramienta para crear. El artista tiene que hacer fundamentalmente tres cosas: decirle al algoritmo qué es lo que tiene que hacer, seleccionar entre los muchos resultados fallidos cuál le convence, y luego realizar correcciones y/o las ampliaciones que crea convenientes.

A pesar de que el creador se ahorra mucho trabajo, todavía tiene la cualidad más importante: el criterio, la capacidad de valorar lo que es relevante. La máquina no entiende absolutamente nada de arte, adolece por completo de criterio estético, por lo que no sabe elegir entre todo lo que crea. No sabe qué es arte y qué no, qué es bello y qué es feo, por lo que es completamente imprescindible que un humano se lo diga.

Fijémonos en esta obra:

Comediatne

Se titula Comediante y fue elaborada por el italiano Mauricio Cattelan en 2019. Como vemos, es tan solo un plátano pegado a la pared mediante cinta adhesiva ¿Es esto una obra de arte? Si atendemos a criterios tradicionales, la conclusión es un rotundo no: no se necesita técnica alguna para realizarla, no es bella, no representa ni reivindica nada, no transmite ninguna emoción ni llama a la reflexión… Nada. Es una basura que impediría tajantemente el acceso a todo estudiante a cualquier escuela de arte del mundo.

Sin embargo, se expuso en una galería de arte (La Miami Art Basel) y se vendió como tal (dos unidades a 12.000 dólares cada una) ¿Cómo fue esto posible? ¿Nos hemos vuelto locos? No del todo. Fijémonos ahora en esta otra:

Jpg

Es la celebérrima Fuente de Duchamp (1917), que no es más que un urinario girado y firmado con un pseudónimo ¿Esto es arte? Pues si abrimos cualquier manual de historia del arte contemporánea, aparece en todos. De hecho, para muchos críticos, es la obra de arte más influyente del siglo XX. ¿Por qué? Porque la provocación, la rebeldía, el escándalo, la ironía o la crítica radical también pueden considerase arte. Los críticos entienden que esta obra representa una ruptura con el anticuado y obsoleto arte anterior, y significó el nacimiento de nuevos tipos de arte.

Así, la Fuente no solo es arte, sino que es una obra de arte importantísima.

¿Podría una IA haber clasificado el Comediante o la Fuente como obras de arte? Completamente no. Si hubiésemos diseñado un programa para determinar qué es arte y qué no en función de las cláusulas de canon artístico clásico, las hubiera descartado rápidamente. Y es que este es el quid: la IA actual solo puede crear arte dentro de estilos ya conocidos, pero no puede crear formas de arte radicalmente nuevas, precisamente, porque no entiende nada de arte. La IA, grosso modo, solo copia y mezcla, combina una y otra vez, corrigiendo resultados en base a obras anteriores. Si nos ponemos muy exquisitos, la IA no crea absolutamente nada nuevo.

En un futuro, en los concursos de arte digital asistidos por IA, lo que se valorará será, precisamente, la capacidad del humano de elegir la imagen que ha presentado al concurso y sus diversos criterios para defender que su imagen es merecedora de un premio.  Es decir, la parte fundamental de la obra será la que ha hecho el humano, despreciándose casi por completo la tarea de la IA como pura ejecución técnica sin valor estético.

Entonces, no estamos para nada ante el fin del arte sino todo lo contrario, estamos ante el nacimiento de un nuevo tipo de arte: el arte asistido por IA. Yo no auguro malos tiempos para el arte sino, todo lo contrario, un nuevo gran momento.

Un futuro no tan irrelevante

Llevaba veintidós años mirando el cielo cuando, de repente, una pintoresca figura se materializó ante mí. Era un viejo con barba, de cara amable y sonriente, disfrazado con ropa medieval, renacentista diría yo.

Me saludó cortésmente y sacó de un cartapacio una antigua pintura mía. Casi no la recordaba, pues la había pintado hace muchos siglos, antes de la llegada de las máquinas. Casi se me saltaron las lágrimas al recordar la ilusión y la pasión con la que la hice.

Entonces el viejo me dijo:

-- Llevamos cientos de años estudiando todo lo que fue el ser humano. De hecho, todavía utilizamos un buen porcentaje de nuestra capacidad de cómputo en ello, pero todavía hay muchas cosas que se nos resisten ¿Podría usted ayudarnos? ¿Podría indicarme, por favor, por qué pintó este trazo rojo bermellón en esta esquina?

Se lo expliqué. Después me preguntó muchas más cosas sobre mi arte, no sobre sus aspectos técnicos, sino sobre las motivaciones, vivencias o experiencias que iban asociadas a ella.

Después de ese día volví a pintar.


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