Cambié de puesto de trabajo en medio del confinamiento: cómo conocí a mis compañeros de trabajo sin ir a la oficina

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El 11 de marzo de 2020 pasará a la Historia como el día en que la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaraba la Covid-19 como una pandemia. Apenas tres días después, el gobierno de España anunciaba un confinamiento que se prolongaría durante muchas semanas, hasta que a finales de abril se anunciaban los planes de desescalada.

La vida nos cambió a todos pero, en cierta forma, la vida seguía. Niños que tenían que seguir recibiendo educación pero en casa, teletrabajo por doquier… Y personas que, en mitad de esta pandemia y de estos confinamientos, cambiaron de trabajaron y se incorporaron a nuevos puestos.

Durante todos estos meses, profesionales de Recursos Humanos, empresas y empleados han aprendido cómo hacer un buen onboarding de nuevos empleados. Pero, como todo en esta vida, hubo pioneros que llegaron a un nuevo puesto cuando el confinamiento era obligatorio. Hemos hablado con algunos de ellos un año después para recuperar sensaciones de cómo es llegar nuevo a una oficina a la que no se puede ir.

Enrique Ramírez, CTO de Bárbara IoT

Enrique Ramírez es ingeniero en telecomunicaciones. Con más de 15 años de experiencia pensó que no tendría ningún problema en encontrar un trabajo cuando en diciembre de 2019 decidió dejar la empresa que había fundado un año antes con un socio. “Llegó el Covid, se anunciaban EREs y ERTEs… no tenía nada que hacer y no había muchas opciones en el mercado”, relata, para acabar confesando que esa situación le llegó a asustar.

Foto Enrique

Su mujer es médico, así que decidió quedarse en casa y dedicarse sobre todo a sus hijos. Pero en abril vio la oferta de Barbara IOT y decidió presentarse. “Fue un proceso sencillo. Hice tres entrevistas por video llamada y una prueba facturada como freelance. En mayo empecé a trabajar”, nos cuenta. Pero, antes de este final feliz, reconoce que hizo muchas otras entrevistas, el 90% online y llamadas. “En un caso sí me hicieron ir a las oficinas con salvoconducto”, rememora.

Las primeras semanas su trabajo fue en remoto. Su llegada y presentación al resto de los compañeros transcurrieron entre llamadas y video reuniones. Las más difíciles, para él, las que tuvo que hacer con su equipo, con la gente que dependía de su dirección. “Esas presentaciones son mucho más difíciles por todo, especialmente con la gente para la que de repente eres su jefe. Cuesta mucho más ganarse la confianza de las personas. Los gestos, por ejemplo se diluyen”, señala. Una dificultad que se produjo tanto en la parte personal como en la técnica. “Tenía que sacar adelante un sistema grande y complejo y no es lo miso recibir la formación del día a día todos juntos que solo desde tu casa”, señala.

Por eso, a principios de julio pidió permiso para ir a la oficina. “Es todo más sencillo, la comunicación se multiplica y el ritmo de adquisición de conocimientos se acelera”, detalla. Eso facilitó, en su opinión, que pudiera ganarse la confianza del equipo. “Cuando estás en remoto, tus empleados hacen lo que les pides, pero para tener una relación sana es mejor tener un contacto personal. El tiempo que estuvimos en remoto no había esa comunicación fluida. Hablé un par de veces mostrándome abierto y no terminaba de funcionar. Cuando empezamos a coincidir físicamente la cosa empezó a mejorar”, asegura. Entre otras cosas, decidió montar un cineclub en el que mostraban documentales que veían cada 15 días. “La empresa invitaba a comer para que la gente viniera a la oficina y mejorar la comunicación. También se hicieron formaciones internas de 30 minutos para que cada uno explicara a los demás cosas de su trabajo y mejorar la relación entre departamentos”.

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Un año después de esta experiencia, Enrique Ramírez se siente afortunando, sobre todo por haber encontrado un trabajo. “Si no me hubiera incorporado hubiera sido más infeliz”, asegura.

Aunque reconoce que prefiere las entrevistas personales a las que se hacen por videoconferencia, tampoco siente que hubiera necesitado tener “una incorporación normal. Ha sido dura, pero me gustan los charcos y aprender”. Según él, incorporarte en pleno confinamiento a un nuevo puesto de trabajo “conlleva un aprendizaje exprés y pérdida de pelo” (se ríe).

Fabián Gradolph, director de comunicación de Salesforce

Desde el 1 de junio Fabián Gradolph es el Corporate Communications Manager de Salesforce Iberia & Emerging Markets. Un puesto cuya vacante se anunció en marzo, en pleno confinamiento. Para Gradolph, lo más llamativo de todo este proceso es que se produce de manera telemática. “En todos los procesos las entrevistas suelen ser presenciales y aquí fueron por videoconferencias”.

Foto Fabian

Aunque lleva ya 9 meses en la compañía, aún no ha pisado la oficina. En su opinión, esta situación tiene más una vertiente tecnológica que de trabajo en sí. “Te tienes que hacer con todas las herramientas en tu casa. La configuración del equipo es con soporte remoto. Pero no puedes acudir a un técnico para que te ayude”. Una situación en la que, no obstante, cree que las empresas tecnológicas están muy reparadas.

Desde el punto de vista funcional, llegar a un nuevo puesto en época de confinamiento supone, para este responsable, integrarse en una empresa que lleva trabajando en un entorno puramente online, lo que obliga a que “todas las relaciones y vínculos los tienes que hacer a distancia”. Por eso, cree que es “fundamental ser muy organizado, llevar al día la agenda digital, el calendario. Al final buscas reuniones con gente, pero las otras personas también buscan tus huecos libres y te colocan reuniones y te surgen como setas”, advierte. Tanto que, reconoce, ha empezado a hacer algo que no había hecho nunca en su vida laboral: reservarse huecos para comer.

Gradolph cree que es también importante tener los oídos bien abiertos “por si te falta alguien por conocer. Son empresas complejas, con muchos directivos y regiones. Te tienes que presentar, ser proactivo y no puedes tomarte café con otros en comunicación informal, que es algo importante que se ha perdido”, detalla. Y, como reconoce que a veces hay que llamar a puerta fría para presentarse a otros colegas de la empresa, recomienda superar la timidez o la vergüenza para proponer esas reuniones.

Este responsable de comunicación reconoce que echa de menos cosas de la oficina y tener contacto más directo con la gente. Pero asegura que esta situación “te permite tener habilidades y capacidades nuevas. Me he vuelto más organizada, más eficiente en el trabajo. Y el futuro va a ser híbrido y hay que acomodarse”, avisa. Y asegura que la parte buena es que las entrevistas son más fáciles, sobre todo a la hora de hacer el reclutamiento. “Es mucho más ágil establecer media hora de conversación con directivos, que suelen tener agendas apretadas, y es más sencillo hacer esos procesos por videoconferencia que si hay que desplazarse”.

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Tras reconocer que su llegada en estas condiciones se vio facilitada por el hecho de que conocía ya a muchos compañeros en la nueva empresa, cree que lo fundamental en estos casos es organizar bien la presentación de la persona que se incorpora. “Lo que en una oficina ocurre de manera natural, aquí lo tienes que estructurar y hacerlo metódico”.

Y, por último, asegura que este año ha tenido un gran aprendizaje. “Hay que aprovechar el tiempo de la oficina en casa”. “Las oficinas volverán a abrir pero yo espero no volver a una cultura tan presencial como en España”, explica. Algo que, según ha anunciado Salesforce recientemente, podrá cumplir.

Javier Zurita, Chief Sales Officer de Fuell

La vida laboral de Javier Zurita ha transcurrido entre startups, algunas tan conocidas como Cabify o Housell. Estando en esta última y en pleno confinamiento, llegó la oportunidad de cambiar a Fuell, una Fintech a la que se incorporó a finales de junio. “Fue un proceso de selección rápido y con una experiencia positiva”. Además de las típicas reuniones con recursos humanos, Zurita se reunió, casi de manera informal, con los dos fundadores. “Estuvimos cuatro horas de una tarde charlando de cosas que no eran de trabajo para ver si había un encaje personal”. Porque, asegura, al final “hace alta un contacto personal sobre todo para determinadas posiciones”.

Foto Javier

Su primer día fue un jueves, en la oficina. Pero su verdadero onboarding se produjo los siguientes días. “Fuimos a una casa rural a trabajar con 22 emprendedores y gente del mundo empresa bastante joven, con principios y valores comunes. Por la tarde noche hacíamos convivencia”.

A partir de ahí, empezaron las comunicaciones continuas a través de diferentes canales. “Nos apoyamos mucho en Notion, que te permite estructurar muchas cosas de la empresa para organizar todo en carpetas. Te permite trabajar de forma estupenda”, asegura.

Como responsable comercial, su primera decisión fue contratar a seis personas más al equipo. En agosto, mientras trabajaba por siete países europeos, recibió mil CV, realizo 80 entrevistas y, en decisión conjunta con RRHH y los fundadores, se decidió contratar a seis personas sin haberlas visto en persona.

El onboarding de todas ellas fue en la oficina “con todas las medidas”. Pero una persona no pudo asistir por haber dado positivo en los test. “Fue mejor el onboarding online porque tienes más herramientas y capacidades, como compartir pantalla y no proyectar. Puedes hacer cambios, grabar conversaciones que es importante para que quedaran reflejadas en el onboarding”, explica. Unas grabaciones que pueden ser consultadas por otras incorporaciones con posterioridad, que te permiten, según Zurita, cumplir con el 70% del proceso.

Como responsable comercial, Zurita está encantado con trabajar de forma remota. “Me paso la vida haciendo reuniones comerciales y esto te mejora la vida. No tienes que viajar y coger la moto. Antes, para ir a una reunión necesitaba una franja horaria muy grande. Mañana tengo 12 reuniones. Sería inviable en situación presencial”. Y, además, asegura que en las reuniones comerciales por videoconferencia “no te dan tanto plantón”

Sin embargo, reconoce que la cultura de empresa no se capta igual. “Es importante la parte personal y de tomarte cafés. Aunque yo hago cafés virtuales, hacemos los juernes de forma presencial”. En su opinión, en un onboarding digital “necesitas 30% más de tiempo para conectar a nivel personal. Se ralentiza el conocimiento cultural, pero aligera ciertos procedimientos”.

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Para quien contrata, recomienda tener bien elaborado todo el onboarding. “No puedes dejar suelta a la otra persona. Es muy importante el job shadow, el pasarte por otros departamentos. Eso físicamente es más sencillo, pero en uno digital es más complejo”. Además, cree que hay que “dar tiempo a que la gente asimile” esta nueva forma de trabajar. Y, para la persona que llega nueva, recomienda exigir y pedir. “Si no sabes que hacer te notarás vacío. Hay que ser pesado y tener contacto, aunque sea virtual”, remarca.

Aitor Magnieto, desarrollo web i-Care

El caso de Aitor Magnieto es especial porque su incorporación a i-Care fue como becario. Una etapa en la vida laboral en la que puedes estar más perdido que nunca y en la que parece más necesario ese contacto físico y el poder estar a la sombre de alguien que te guíe, te muestre y te enseñe cómo hacer tus labores profesionales, para las que aún estás aprendiendo.

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Magnieto apenas tuvo una semana de tiempo para estar en la oficina. Cuando iba a cumplir su primer viernes, la dirección de la empresa dio orden de que fueran a sus casas y no volvieran hasta nueva orden. Reconoce que esta situación fue bastante abrumadora. “Siempre esperas en las prácticas poder aprender de la mano de tus compañeros, casi mentores. Pensé que probablemente no iba a ser lo mismo desde casa, porque no iba a poder disponer tanto de ellos ni tenerlos encima mío. Me dio bastante vértigo pensar que no saldría tan preparado como si hubiera hecho mis prácticas de forma tradicional”, confiesa.

Como programador, reconoce que no es lo mismo poder levantarse de la silla y preguntarle a un compañero por una duda en un código que tener que apuntárselas todas y comentarlas en la videoreunión del día siguiente.

La parte buena es que ha aprendido a ser más autosuficiente. “Si tenía una duda intentaba salvarla por mi cuenta. Cuando ya era imposible y no sabía por dónde tirar, entonces pedía ayuda. Si hubiera estado físicamente en una oficina, seguramente mi primera opción hubiera sido la más rápida: ir donde mis compañeros y pedir ayuda”, explica.

Eso sí, reconoce que siempre tuvo buena predisposición de sus compañeros para incluso hacer una llamada rápida con la que aclarar las dudas. Para él, lo peor de esta experiencia es no haber tenido un buen espacio en su casa para poder trabajar.

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Y, aunque como vemos, ha tenido cosas buenas (mal no le ha debido ir porque, una vez completado este período, ha conseguido un contrato laboral en la empresa), no recomendaría a otros becarios pasar por su experiencia.

“La incertidumbre es complicada”, sentencia, añadiendo que formarse teletrabajando no es fácil “para ninguna de las dos partes”. Cree que en su empresa lo hicieron lo mejor que supieron, pero hubiera preferido una beca más normal. “Una vez que me incorporé, las dudas de no dar la talla se disipan, pero poco después tienes otras dudas y echas de menos tener una beca más normal”.

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