Este planeador radiocontrol ha conseguido volar a 881 km/h: lo ha hecho sin motor

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Spencer Lisenby ha conseguido el que, se cree, es el récord mundial de velocidad para aviones de control remoto: 548 mph, o lo que es lo mismo, más de 881 kilómetros por hora. Lo ha hecho gracias a un planeador radiocontrol especializado que no tiene motor de ningún tipo, pero que emplea una peculiar técnica conocida como "Dynamic soaring".

Al no haber un organismo oficial que registre los récords mundiales de planeadores radiocontrol que se valen del "Dynamic Soaring" hay que coger el récord con pinzas, pero lo que sí sabemos es que el "récord" anterior data de 2018, cuando se consiguió una velocidad de 545 mph, es decir, 877 kilómetros por hora. ¿Cómo se consigue semejante velocidad? Vamos a verlo.

Un vuelo que de sencillo tiene poco

Como decíamos, el encargado de haber conseguido esta enorme velocidad con el planeador ha sido Spencer Lisenby. Lo hizo el pasado 19 de enero en Parker Mountain, sita en Acton (al norte de Los Angeles). El planeador que ha usado ha sido un Kinetic Transonic DP de 3,3 metros de ancho y, como dato curioso, está diseñado para llegar a una velocidad máxima teórica de 933 kilómetros por hora.

Lisenby se ha valido de una técnica llamada "Dynamic soaring". Esta consiste en aprovechar la diferencia de velocidad entre dos masas de aire que se producen en las zonas elevadas. La idea subyacente es que cuando el viento sube una colina, por ejemplo, lo hace a mucha velocidad. Si la cresta de la colina está orientada hacia el viento y tiene una ladera posterior empinada, puede provocar que el flujo de aire se separe, de forma que en la parte superior tendremos una masa de aire que se mueve muy rápido y bajo ella una masa de aire estancada o que se mueve en sentido contrario.

Avion

Entre ambas masas de aire encontramos la cizalladura o cortante. La técnica consiste en hacer que el avión pase de una masa de aire a otra repetidamente a través de la cizalladura en una trayectoria circular o elíptica girando 180º. La idea es que conforme más veces se repite el ciclo, mayor es la velocidad que alcanza el planeador. El problema es 1) encontrar un sitio con las condiciones idóneas para que suceda este fenómeno y 2) controlar el avión, que corre el riesgo de acabar destrozado.

Es una técnica muy complicada ya que el piloto tiene que ser capaz de mantener la trayectoria, corregir pequeñas imperfecciones del movimiento y, por supuesto, evitar que se estrelle contra el suelo. Por no hablar de que a estas velocidades, un fallo puede provocar que el planeador salga volando hacia una persona y lo parta en dos. No olvidemos que a 881 kilómetros por hora el planeador recorre 244 metros en un segundo, así que no es que haya mucho tiempo para pensar.

En cualquier caso, el vídeo al principio de este apartado muestra lo que se puede conseguir con esta técnica. Está grabado con una GoPro montada sobre la cabeza de Lisenby, que a la vez estaba pilotando el avión, y no, no está acelerado. De hecho, se puede escuchar a la persona que mide la velocidad con el radar diciendo la velocidad que se registra.

Vía | DroneDJ

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