De entre todos los mitos sobre el café, el peor y el más infundado es que es malo para el corazón

De entre todos los mitos sobre el café, el peor y el más infundado es que es malo para el corazón
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Una de las injusticias históricas más flagrantes del mundo antiguo tiene su epicentro en una zona difusa entre Etiopía, Kenia y Somalia. Allí habitan los orona, un pueblo antiquísimo que tiene en su haber el enorme servicio a la humanidad de haber descubierto el café. Vale, lo preparaban con sal y el planeta ha dado muchas vueltas desde entonces, pero ¿cómo sería el mundo actual sin ese puñado de bayas?

Pues, para empezar, según numerosos estudios epidemiológicos, tendríamos muchas más arritmias, más enfermedades cardiovasculares y más muertes asociadas.

Del café se han dicho muchas cosas. Que es adictivo (pese a que las cantidades de dopamina asociadas a un consumo estándar de cafeína no pueden activar los llamados "circuitos de recompensa" del cerebro y, por tanto, aunque dejar abruptamente de consumirla puede generarnos desequilibrios, no podemos hablar de adicción más que metafóricamente), que produce insomnio (aunque el efecto de la cafeína raramente supera las seis horas y, de hecho, puede provocar lo contrario), que puede estar relacionado con el riesgo de cáncer (porque si no está bien elaborado las cantidades de acrilamida pueden ser un problema) o que la oscuridad del café está asociado a su "potencia". Algunas son verdad, aunque la mayoría son directamente falsas. Lo que nadie puede decir es que no haya toneladas de investigaciones sobre el efecto cardioprotector de este alimento.

¿El mejor amigo del corazón es el café? Eso es lo que nos vienen diciendo tradicionalmente los estudios e investigaciones durante años. No está muy claro cuál es el motivo, aunque varios expertos creen que se trata de una cuestión relacionada con la extraordinaria capacidad "antioxidante" del café. Sea como sea, no sabemos mucho sobre los detalles relacionados con ese consumo. Por ejemplo, no tenemos ni idea del impacto de las diferentes preparaciones de café sobre los resultados cardiovasculares y la supervivencia.

De ahí que unos investigadores de la Universidad de Melbourne se hayan puesto manos a la obra y, usando datos del Biobanco de Reino Unido (una enorme base de datos para investigaciones biomédicas), hayan conseguido ver qué efecto tienen los distintos tipos de café que consumimos sobre nuestra salud.

Dos o tres tazas de café. En este caso, los investigadores han examinado el efecto de consumir dos o tres tazas de café descafeinado, molido e instantáneo. Es curioso que en los tres casos, han encontrado una asociación con reducciones significativas en la mortalidad y en los incidentes cardiovasculares; sin embargo, solo los cafés molidos e instantáneos (pero no el descafeinado) se asoció con una reducción de la arritmia.

¿Qué hacemos? ¿Nos ponemos a beber café? No, no va de eso el estudio. Primero, por el diseño experimental. Es observacional: es decir, que pese a que nuestra capacidad para analizar este tipo de relaciones cada vez es más fina, la causalidad es más que cuestionable. No se puede decir que consumir esa cantidad de café produce esos resultados. Y, segundo, porque no se debe definir una dieta a golpe de estudios. Es cierto que, frente al mito, hay una evidencia muy sólida que nos dice que es cardioprotector, pero la dieta es algo más complejo que un puñado de productos con propiedades exóticas.

Es verdad que existen complementos alimentarios que tienen una sólida evidencia detrás (el café es, como digo, uno de ellos) pero la gran mayoría son "bálsamos de Fierabrás"; cosas que no sirven para absolutamente nada. Pensar la dieta como un todo es cada vez algo más importante.

Imgen | Collin Merkel

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