España comprará 96 millones de vacunas Pfizer más y acaba de confirmar 15 millones extra de Moderna: para qué necesitamos tantas dosis si la población ya estará vacunada

España comprará 96 millones de vacunas Pfizer más y acaba de confirmar 15 millones extra de Moderna: para qué necesitamos tantas dosis si la población ya estará vacunada
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España acaba de ultimar los detalles para adquirir otros 96,01 millones de dosis de Pfizer. Es decir, las suficientes para vacunar de nuevo a toda la población del país (y que sobren más de un millón de dosis). Hace unos días, se cerró también el acuerdo de 15 millones de dosis extra de Moderna. En euros, y solo contando con estas últimas compras, son más de 2.000 millones. ¿Tiene sentido?

Es decir, ya hay 24 millones de personas (más de la mitad de la población) con una dosis administrada y más de 15 (el 33%) con la pauta completa. En septiembre, España ya tenía comprometidas 136 millones de vacunas y, en ese momento, tenía sentido cerrar todos los acuerdos posibles. No sabíamos qué pasaría con muchas de las vacunas que estaban en desarrollo y lo razonable era no poner todos los huevos en la misma cesta. Pero ¿y ahora? ¿por qué estamos comprando millones de dosis? ¿Para qué se necesitan?

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Millones de vacunas como "seguro" frente a un futuro incierto

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Mohammad Shahhosseini

Cuando nos planteamos esta pregunta, lo primero que llama la atención es la dificultad que existe para obtener respuestas claras sobre los entresijos de las vacunas. No sólo es que los contratos entre administraciones y farmacéuticas sean confidenciales, es que todo lo que envuelve a esas negociaciones está sumido en el secretismo más absoluto. Esto es importante porque conlleva que, a nivel oficial, no haya respuestas claras sobre el destino y utilidad de esas dosis.

Y se trata de un problema que va mucho más allá de nuestras fronteras. En términos generales, España no está haciendo nada nuevo. Como en los últimos meses, está haciéndose cargo de la parte (el 10%) de las cantidades que acuerda la Comisión Europea. Es decir, las enormes cantidades de vacunas no son una excentricidad del Ministerio de Sanidad, sino que forman parte de la estrategia general de la Unión Europea. Es cierto que los países pueden salir de ella (Hungría, por ejemplo, rechazó los 20 millones de vacunas Pfizer que les correspondían en este último contrato), pero no es el caso español.

Entonces, ¿qué papel juegan estos contratos a varios años vista en la estrategia europea de vacunación? ¿Es qué ya se da por hecho que se necesitarán dosis de recuerdo o hay otro motivo? Según nos explican fuentes cercanas al Ministerio de Sanidad, el principal problema que tratan de resolver estos contratos es el de asegurar el suministro de vacunas frente a los distintos escenarios que pueden darse en los próximos años.

Porque, aunque la necesidad de más dosis de recuerdo es algo que está encima de la mesa (y que las empresas farmacéuticas llevan meses tratando de colar en el discurso público), hay más escenarios en los que se podrían necesitar nuevas vacunas. Se habla de "diplomacia europea de vacunas", pero el más evidente es la aparición de una variante del SARS-CoV-2 con "escape vacunal"; es decir, una variante para la que las vacunas actuales no sean efectivas.

En definitiva, no se están comprando millones de dosis, se está comprando la capacidad industrial y logística para hacer frente a los escenarios que pueden plantearse

No hay que olvidar que, pese a que la pandemia está perdiendo espacio en periódicos y telediarios, sigue activa en la mayor parte del mundo. Brasil, sin ir más lejos, está haciendo números históricos de infectados estos días. Mientras el virus campe a sus anchas por el mundo, la posibilidad de que una mutación nos sorprenda sigue ahí.

Y precisamente este es uno de los motivos por los que la Unión Europea estaría cerrando acuerdos a varios años vista. Si todo va bien, es muy probable que acabe siendo un gasto superfluo, pero si algo ha enseñado a las administraciones europeas la pandemia es que el caos epidemiológico está lleno de gastos superfluos que en su día decidimos no hacer. El verdadero problema es que, sin tener acceso a contratos y planes de contingencia, es muy difícil fiscalizarlos: en uno de los grandes momentos de la ciencia contemporánea, todo se convierte en una cuestión de fe.

Imagen | Brano

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