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¿Te acuerdas cuando cogiste un móvil por primera vez? Quizás ahora no sabrías por dónde empezar

¿Te acuerdas cuando cogiste un móvil por primera vez? Quizás ahora no sabrías por dónde empezar
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Muchos de nosotros echamos la vista hacia atrás, hacia el pasado, con cierto cariño. ¿Quién no recuerda su primer móvil? Un aparato tosco, con una minúscula pantalla en blanco y negro, y en el que apenas se podía almacenar una decena de contactos antes de recibir el fatídico mensaje: «SIM LLENA».

Apenas han pasado dos décadas y el mundo de los teléfonos móviles ha cambiado por completo. El pasado no tiene nada que ver con modelos actuales como el LG G6, en los que prima una pantalla grande con una elevada calidad de imagen, una buena cámara o la ergonomía.

De los politonos a ajustes que parecen de la NASA

Hubo un tiempo que lo único que se podía hacer con un teléfono móvil era dar toques a los amigos con la esperanza de que alguno de ellos tuviese algo de saldo —y fuese lo bastante caritativo— como para molestarse en llamar. Eso, y cambiar el politono de llamada o un fondo de pantalla pixelado en negro sobre blanco.

Los ajustes de los primeros teléfonos eran tan básicos que apenas se podía hacer nada que no fuese cambiar el volumen, desviar llamadas o apagar el dispositivo. Incluso en modelos posteriores apenas se incluyeron opciones como ajustar el contraste o quitar la vibración.

Aquellos primeros móviles ofrecían escasísimas opciones de personalización

Eran tan fáciles que no había dudas sobre su funcionamiento, y no tenía sentido hacer vídeos con tutoriales sobre cómo cambiar tal o cual parámetro. En su sencillez radicaba su utilidad. Casi todos recordamos la pantalla de opciones o ajustes de nuestros primeros terminales, y el modo en que pulsábamos botones (¡botones!) para acceder a ellos.

Por contra, ahora tenemos tantas opciones que apenas las recordamos. Hoy se puede cambiar absolutamente todo. Desde aspectos básicos como el brillo de la pantalla o el volumen, a dónde almacenar las aplicaciones, cómo se usa la batería, o quién tiene acceso a nuestro dispositivo y cómo. ¿Ha ayudado esta personalización absoluta a manejar con mayor facilidad nuestro teléfono?

La personalización absoluta del teléfono

Android 7 Nougat, incluido por defecto en el LG G6, es uno de los SO para móviles con más opciones de personalización que existen. Las más evidentes son aquellas que se observan en la pantalla de inicio.

El formato de notificaciones, la modularidad de las apps o el número de ventanas, entre otras. Sin entrar en launchers, con cada app se añaden entre uno y tres widget con los que convertir nuestro teléfono en único. Localizar dos teléfonos igual configurados resulta un imposible.

Frontal Lg G6

En la actualidad, es casi imposible encontrar dos smartphones que tengan exactamente la misma configuración y personalización

Pero las opciones que de verdad aportan prestaciones que se adaptan a nosotros son aquellas que no se ven. Los 'Ajustes' propiamente dichos,que no aparecen constantemente en pantalla.

Por ejemplo, nada más entrar localizamos los 'Ajustes de cuentas'. Si hace unos años cualquiera podía coger nuestro terminal y usarlo como si fuese el suyo, ese tiempo quedó atrás. Ahora tenemos enlazadas nuestras cuentas personales de correo, redes sociales y aplicaciones. Y, por supuesto, podemos elegir qué aplicaciones se sincronizarán (y con qué frecuencia) y cuáles no, para proteger nuestro preciado ancho de banda y tarifa de datos.

Pero esto es arañar la superficie. 'Ajustes de redes inalámbricas' (WiFi, Bluetooth o puntos de anclaje), 'Ajustes de pantalla', 'Ajustes de sonido' y 'Gestor de notificaciones', 'Ajustes de memoria', aplicaciones, energía, seguridad, copias de seguridad, controles de movimiento, accesibilidad… y la lista continúa sin siquiera entrar en el menú secreto para desarrolladores.

Hace algunos años, estas opciones de personalización se resumían en dos:

  • apagar o encender los datos,
  • y apagar o encender el bluetooth.

Este fue durante al menos un par de veranos el método principal elegido para pasarnos los famosos politonos, imágenes y, posteriormente, canciones y archivos más pesados.

Hoy, sin embargo, las opciones de bluetooth son extensas (qué dispositivos se pueden conectar y bajo qué protocolo, durante cuánto tiempo o qué tipo de datos permitiré que mi teléfono transmita) y las de conexión 4G y WiFi más todavía. Parece que cada vez son más complicados pero, ¿es cierto? ¿Nos liamos con las opciones?

¿Los móviles son ahora más fáciles o más difíciles?

Parece una duda razonable. Si tienes pocas opciones, configurarlas resulta sencillo. Si, por ejemplo, cogemos hoy un dispositivo de hace veinte años, poco podremos hacer más allá de cambiar la hora de AM/PM a un formato de 24H. Si la falta de opciones implica facilidad, ¿no es lógico pensar que más opciones podrían confundirnos?

Sí, y no.

La personalización y la usabilidad son dos de las principales demandas de los usuarios de smartphone actuales

Por un lado, los usuarios demandan teléfonos móviles altamente personalizados que se ajusten a ellos, como el LG G6. Y no al revés, como ocurre con otros sistemas operativos, más cerrados y con menor cuota de mercado. Por otro, que los ajustes sean mucho más completos no implica que sean más complicados, porque están optimizados para que sean intuitivos.

Los ajustes modernos en los teléfonos se encuentran ordenados por categorías que los usuarios entienden como coherentes. Si quiero cambiar brillo, contraste o tono de la pantalla, lo lógico es que vaya a 'Ajustes de pantalla'. Si lo que busco es hacer uso de los 13 MP de la cámara frontal, entonces iré a la aplicación de la 'Cámara' para regular la calidad de imagen. Si lo que quiero es dividir la pantalla en dos, arrastraré las aplicaciones a alguno de los dos extremos de la pantalla.

Hacer intuitivos y fáciles de usar los ajustes es tan importante como añadir nuevas funcionalidades, porque de nada sirven más opciones si estas resultan complicadas.

Lg G6 Pantalla Partida

Esto mismo se puede decir de las aplicaciones, cuyas imágenes tienen que resultar conocidas para los usuarios. Si quiero hacer fotos, tocaré el icono de la cámara (y no el del calendario, por ejemplo). La complejidad de uso no crece en relación a la cantidad de aplicaciones que tengamos: la inmensa mayoría tienen como prioridad en el desarrollo la intuitividad y la usabilidad.

Y esto último es importante: tener más opciones no significa tener que cambiarlas. Los ajustes suelen estar predefinidos para el grueso de los usuarios, por lo que cada uno cambiará aquellos que más le faciliten la vida. Alguien acostumbrado a usar el móvil en la calle quizá quiera más brillo en la pantalla y un sonido de notificación elevado, mientras que si lo uso en casa es probable que configure justo la opción contraria.

La variedad de opciones no deriva necesariamente en una mayor complejidad de uso

Parece evidente que si hoy nos cambian un LG G6 por un teléfono más antiguo (perdiendo muchas prestaciones y posibilidades de personalización) podríamos sentirnos frustrados. Nos haríamos con el terminal, pero sabríamos usarlo. ¿Ocurriría también al revés? Si le damos un teléfono cuya pantalla ocupa el 80% del frontal a nuestro yo de hace dos décadas, ¿sabría usarlo con facilidad o le parecería un jaleo?

Nuestra curva de aprendizaje personal ha pasado por teléfonos con cada vez más ajustes, por lo que empezar de golpe con todas las posibilidades que da un teléfono moderno podría ser un lío. Claro, que ahí están los más pequeños de la casa manejando nuestro teléfono como profesionales sin apenas directrices.

Imágenes | iStock/User2547783c_812, LG G6 review

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