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¿Ha llegado el momento de que la cámara frontal sea mejor que la trasera?

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Una pregunta: ¿cuánto usas tu cámara frontal respecto a la trasera? Mejor replanteemos la pregunta: ¿usarías más tu cámara frontal si tuviese la misma calidad que la trasera? Bien, no respondas aún. Tan solo lee.

Las cámaras frontales llegaron, contra lo que se cree habitualmente, antes de la denominada generación smartphone. Fue en verano de 2003. La cámara en cuestión ni contaba con flash, era apenas una VGA de 0,3 megapíxeles. La foto se guardaba a 176×144 píxeles. Por aquel entonces el hashtag #selfie no se replicaba más de cien veces diarias —número que se disparó hacia 2014—.

Pero los fabricantes se dieron cuenta de que algo estaba cambiando. Aún en 2013, la mayoría de las cámaras frontales seguían siendo el patito feo de las especificaciones técnicas, con 2MP de resolución y grabación, en el mejor de los casos, a 720p.

Hora de mirar hacia adelante

Lg

Fotografía tomada con la cámara delantera de un LG L6

Fijémonos ahora en cámaras frontales como la que monta un LG G6: 5MP con autoenfoque, flash LED, apertura f/2.2, un gran angular de 100 grados y capacidad de grabar vídeo a 1080p. Esto es la cámara selfie, algo que algunas marcas implementaron en las líneas tope de gama para que cierto sector ejecutivo pudiera realizar videoconferencias.

Ahora la vemos en terminales de gamas de entrada, implementada en tablets, consolas portátiles y casi cualquier gadget de mano.

Una selfie se hace mucho mejor desde la cámara frontal: queremos vernos mientras posamos

¿Qué ha propiciado este cambio? ¿Quién lo ha pedido? Bueno, tal vez sea más sencillo de lo que parece: una selfie se hace mucho mejor desde la cámara frontal. Queremos vernos mientras posamos. Darle la vuelta al teléfono es un ejercicio extra que nadie necesita. Esta es la razón por la que el vídeo vertical le ha ganado la batalla al horizontal: cuanto más sencillo y directo, mejor.

Y, bueno, la cultura de la autofoto se ha convertido en «uno de los pilares nucleares que sustentan la fotografía moderna, dentro y fuera de las redes sociales», como anota el Indian Journal of Psychological Medicine. Tomarla, editarla, toquetearla, combinarla en un collage, cambiarle filtros… son uno de esos pequeños placeres diarios —y quizá más íntimos—.

Selfie Grupal

Más aún, se ha documentado que aquellas personas que desprecian las selfies manifiestan mayor rechazo hacia ellos mismos, hacia su perspectiva en el mundo, frente a quienes ven algo positivo en estas imágenes, tanto en ellos mismos como la percepción que proyectan de otras personas fotografiadas de esta misma forma.

Una nueva forma de ver el mundo

Entonces, ¿por qué la cámara trasera es varios valores superior a la frontal? Bueno, eso ha sido hasta hace bien poco, pero que nadie dé por sentado que seguirá siendo así. Ya existen frontales dedicadas con doble flash, hasta 20MP y estabilizador inteligente, tal y como sus hermanas mayores.

La cámara trasera no nació en ese lugar por un capricho de diseño. Atendía a una cuestión pragmática: contaba con mayor espacio para colocar el sensor, aprovechaba el ancho del terminal y la lente no se veía tan afectada por la exposición a la que sometemos a nuestras pantallas. Fue así durante más de una década.

Foto

Pero la fiebre del selfie y las groupics dicen otra cosa. Y no se trata de una moda pasajera. Es algo que demandan las edades las jóvenes, aquellas que mañana contarán con mejor poder adquisitivo y habrán diseñado una tendencia de mercado.

Las selfies apelan a la digitalización de aquello que, o bien somos, o queremos ser. Son una herramienta perfecta para darnos a conocer

¿No te ha pasado que, buscando la selfie perfecta, optas por echarla con la cámara trasera y queda un desastre? Mal encuadrada, mirando hacia el lado incorrecto... Otros lo tienen más claro: cámara trasera para fotografía más “tradicional” —paisajes, fotos de comida, elementos que nos atraigan especialmente— y delantera para las fotos más personales con los colegas, toda esa faceta más social y desinhibida.

Porque de eso van los selfies, de la digitalización de aquello que, o bien somos, o queremos ser. Son una reflexión del ser contemporáneo. Más allá del narcisismo primitivo cohabita una función psicológica: «obtener una perspectiva de nuestra identidad».

La “culpa” es de las redes sociales

Claro, la responsabilidad de este cambio apunta a la fenomenología social, a la influencia de Tinder, por ejemplo: con una buena selfie, cuidando la perspectiva, el picado y la iluminación, podemos simular ser más delgados, esbeltos, morenos o turgentes.

Primero fue el fish gape, los famosos “morritos”, después el squinching, la pose de poder. Descubrimos a través de celebrities como Kim Kardashian que todos podríamos lucir mucho mejor conociendo el enfoque adecuado y contando con la herramienta ideal.

Descubrimos a través de celebrities como Kim Kardashian que todos podríamos lucir mucho mejor conociendo el enfoque adecuado

Patrick Ta, por ejemplo, modifica el color para lograr un tono más agradable. Y sí, la tele engorda. Todo es cuestión de perspectiva.

Pero más allá de Instagram, Twitter o Facebook, o los vloggers, quienes se sienten más cómodos grabando con la cámara delantera —no olvidemos que con una cámara profesional podemos voltear y rotar la pantalla; con un móvil, imposible—, la tecnología se abre paso para ofrecer algo que, en aquel remoto 2003, era prácticamente imposible: una cámara delantera con las especificaciones técnicas a la altura de la trasera.

Hora de cambiar las tornas

Angulo

Citábamos al principio un modelo, el LG G6: la tecnología que implementa es una demostración de lo que hoy se puede conseguir, en parte gracias al procesador Snapdragon 821 que monta en su interior.

La cámara selfie es una poderosa ventana para analizar los hábitos de consumo y lograr un acercamiento más íntimo con el usuario

Aunque no solo de potencia vive una buena cámara: su gran angular cumple una función práctica —logras una foto más amplia y espaciada, evitando el corte habitual de la imagen, sin necesidad de usar un palo de selfie—. Igual que su resistencia al polvo y el agua.

La cámara selfie es una poderosa ventana para analizar los hábitos de consumo de los usuarios. También es una herramienta en sí misma para definir la imagen de una marca. Sus detractores insisten en que la autofoto es una versión tramposa y editada, pero sus usuarios apuntan en la dirección opuesta: logra un contacto más cercano, una versión auténtica de lo que pasa por tu cabeza en cada momento concreto.

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Las compañías han apreciado este cambio. Las aplicaciones de realidad aumentada —todo un mercado que acaba de emerger— o los filtros 3D de Snapchat e Instagram Stories han cambiado los rutinas de uso de los usuarios. Y, a su vez, hemos sido entre todos nosotros los que hemos definido el devenir tecnológico de la industria. No en vano el tweet más retwitteado de la historia de la red es una foto grupal de los Oscars de 2014.

Fotos | Pexels, LG, Instagram. Foto de cabecera: Shutterstock

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