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Este es el papel que desempeña tu smartphone para mantener la neutralidad en la red

Este es el papel que desempeña tu smartphone para mantener la neutralidad en la red
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La (mal) denominada Primavera Árabe detonó el 17 de diciembre de 2010 cuando, en plena ciudad de Túnez, un ciudadano se prendió fuego a sí mismo. Una señal de protesta por la terrible opresión que un gobierno autoritario y heredado desde 1987 ejercía sobre la sociedad tunecina. Alguien tomó fotos y pudimos verlo como si estuviésemos allí mismo. No era ficción, no era un documental guionizado, sino una acción de protesta en tiempo real, retransmitida al mundo entero.

No decimos nada nuevo al señalar a las redes sociales como vehículo, caja de resonancia y artefacto unificador. «La red se convirtió en una forma de conectar con el exterior y de salvar el bloqueo informativo impuesto por el régimen de Ben Ali», dijeron.

La respuesta gubernamental fue la censura. Un bloqueo combatido: «empezó a funcionar en Twitter el hashtag #25jan, que sirvió para calentar los ánimos y difundir la convocatoria de las protestas, bautizadas como el ‘Día de la Ira’».

La escala de Internet

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Según la asociación de operadoras GSMA, se estima que antes de acabar esta década hayamos superado los 5.700 millones de clientes de telefonía móvil. De ellos, 4.700 millones serían dispositivos inteligentes conectados a Internet, más del 60% de la población mundial. La tasa de penetración en el mercado ha sido su incremento del 18% anual durante la última década. Una verdadera locura.

Internet, como instrumento de comunicación, ha revolucionado los estamentos sociales de abajo a arriba

Internet, como instrumento de comunicación, ha revolucionado los estamentos sociales de abajo a arriba. En Estados Unidos, el 61% del tráfico de Internet procede de líneas móviles. Un 20% procede de los millennials. Y, volviendo al escenario de cabecera, Glen Mulcahy, de la cadena irlandesa RTE, comparaba el uso de un teléfono inteligente al equipaje profesional de un reportero de campo: unas 50.000 libras frente a mil. ¿Los resultados? No tan abismalmente diferentes.

Lejos queda aquel PocketNet, primer aparato listo para soportar Internet —un invento creado en 1996 entre AT&T y Unwired Planet—. En todas las partes del mundo hay smartphones, incluso en zonas donde siquiera llega la electricidad. Es una realidad: la implementación del estándar 3G y tecnologías como UMTS han cambiado las comunicaciones tal y como las entendíamos hace apenas una década y smartphones como el LG G6 forman parte de la última hornada de móviles partícipes de este gran cambio.

¿Por qué se está dañando la neutralidad en la red?

Pero algo acecha esta libertad, bajo la sombra de la no-neutralidad. Desde la pasada primavera, algunas operadoras han comenzado sus ofertas de «zero rating» en servicios específicos: permitir chatear tanto como quieras en Facebook pero limitar la navegación por la red. Que no consumas datos al mandar fotos o notas de voz en Telegram pero que no puedas disfrutar de tu playlist de Youtube si has consumido el grueso de tu tarifa.

La no-neutralidad en Internet atenta contra los principios mismos de Internet

Dar cobertura a un servicio sobre otro implica ayudar en su posicionamiento. Tal vez el usuario haga un uso más acusado de WhatsApp y Facebook que en leer su cabecera favorita, pero eso no significa que el usuario no tenga derecho a elegir. Pongamos este mismo artículo como ejemplo: si te quedas sin datos apenas podrás leerlo. Al menos podrás comentar por Twitter lo injusto que te parece.

Esta no-neutralidad atenta contra los principios mismos de Internet: nuestra libertad a acceder, por igual, a toda la información libre y dispuesta en la red. Estos acuerdos son legales, pero al no tratar a todos los servicios por igual se acrecienta la brecha entre lo que Internet entiende por importante e irrelevante. Puede parecer atractivo pero resulta nefasto en términos de equidad e integridad.

Sobre el paid peering

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Otra de las limitaciones tecnológicas viene servida por la guerra privada entre proveedores de contenidos y proveedores de red. Netflix, por ejemplo, ofrece contenidos a través de Internet, pero usa red ajena, es un servicio over-the-top (OTT). Estas empresas son las que hacen llegar el contenido, como operadores de tránsito, alquilando sus infraestructuras.

Cuando existen intereses enfrentados, bien porque cuenten con una baraja similar de servicios y ambos compitan por cuota, los entuertos se resuelven mediante un acuerdo comercial denominado «pain peering», es decir, el clásico «paga si quieres disponer de un ancho de tráfico tan amplio como el mío».

Una discriminación que se torna más severa cuando el tráfico del huésped supera al que maneja el propio proveedor.

El valor de ESA libertad

The Great Eye

Tal vez no lo percibamos como tal, pero cuando tenemos un teléfono en nuestras manos estamos sujetando una versátil y poderosa herramienta. Es una cámara de fotos. Es un gadget resistente que nos acompaña en momentos determinantes durante nuestra vida. Y es, por supuesto, la segunda vía de comunicación más utilizada en todo el planeta. Tanto para la viralización de mentiras acondicionadas, como para la publicación de, volviendo a la Primavera Árabe, verdades vetadas.

Nuestros terminales cada día están más preparados para disfrutar de la inmediatez

Movimientos como esa “Primera Enmienda” votada por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) a favor de una regulación más estricta de las ISPs apuntan hacia el veto velado. Pero la telefonía móvil apela a los valores contrarios: poder comunicarse en todas partes, en cualquier momento.

Avances como el Bluetooth, WiFi o el NFC (comunicación de campo cercano) señalan en esa misma dirección. Y terminales como el LG G6 cada día están más preparados para disfrutar de esta inmediatez: desbloqueo con escáner de retina o huella dactilar, pagos directos mediante transacciones digitales, acceso a lectura instantánea de artículos desde Facebook o Twitter; etcétera. Todo ello desde su pantalla Fullvision de 5,7".

Comunicacion

Esta neutralidad, esta libertad de acción y reacción es, por tanto, una evolución natural. Vetarla sólo terminaría por segmentar y limitar su verdadera función: comunicarnos.

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