A 38 grados en mayo y bajo una lluvia de barro: cómo la calima puede deparar un fin de semana dantesco

A 38 grados en mayo y bajo una lluvia de barro: cómo la calima puede deparar un fin de semana dantesco
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Que sufrimos un “episodio cálido" que roza lo histórico no es ninguna novedad: no hacen falta series temporales, ni complejos modelos de predicción meteorológica; basta con mirar el termómetro.

Lo que aún está por venir El asunto es que a la masa de origen africano con aire muy cálido y seco que ya ha comenzado a entrar sobre la Península y Baleares (provocando que aumenten las temperaturas) le sigue un viejo conocido: el polvo en suspensión. Según la AEMET, más vale que nos preparemos porque viene, de nuevo, las calimas y la reducción de la visibilidad durante el fin de semana; y la lluvia de barro justo después.

Temperaturas tropicales. Del viernes al domingo se registrará "la fase culminante" de esta ola de calor y las máximas alcanzarán los 34-37ºC por todo el interior peninsular y de Mallorca. No obstante, avisa la AEMET, "estos valores se superarán ampliamente en el valle del Guadalquivir, donde se podrían alcanzar los 40-42 grados, y en otros puntos del cuadrante suroeste y del valle del Ebro, donde es probable que se alcancen los 38-40 grados". Las noches también serán complicadas porque las mínimas superarán fácilmente los 20 grados en puntos de Extremadura y de Andalucía.

Solo se libran de este boom del calor el norte de Galicia, Cantábrico occidental (por el "flujo fresco del norte") y Canarias (por la persistencia de los alisios). Para el resto: calor, calor, calor y, ahora sabemos que

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¿De qué hablamos cuando hablamos de calima? Después del evento de marzo, 'calima' se ha convertido en un sinónimo de "cielos color naranja", pero es un poco más complicado que eso. Se trata de un evento caracterizado por la alta presencia de partículas sólidas muy pequeñas suspendidas en la atmósfera. Opacan el aire, reducen la visibilidad y colorean el ambiente, sí; pero solo a veces tiñen el cielo de forma tan espectacular como vimos en marzo.

De nuevo el Sahara no solo es el responsable del 70% de todo el polvo en suspensión del mundo, sino que en España tenemos línea directa con esa mole de arena que duerme en el corazón de África.

Es momento de asumir que todo esto ha llegado para quedarse. Sí, la España peninsular (por no hablar de Canarias) vive en una situación geográfica que la hace especialmente susceptible al polvo africano. De hecho, los episodios de calima son muy habituales en la parte sureste del país. Sin embargo, estamos viviendo una situaicón bastante más agresiva de lo normal.

No es ya que nos estemos acostumbrando a concentraciones de polvo de hasta 200 µg/m3 (cuando el actual umbral diario de riesgo para la salud es de 45 µg/m3), es que los eventos problemáticos no han parado de crecer, ni van a parar de hacerlo.

Imagen | jtoledo

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