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Hindemburg en llamas

No queremos dejar pasar mayo sin recordar una fecha que marcó el destino de una tecnología, relegándola al eterno puesto de actor secundario en el mundo de la aeronáutica. El seis de mayo de 1937, el dirigible alemán Hindemburg ardió completamente en un accidente que costó la vida a 35 personas.

La destrucción del Hindemburg supuso la muerte temprana de la tecnología que creó los dirigibles como medio de transporte. El propio Hitler ordenó el desmantelamiento de la flota alemana de dirigibles tras el siniestro, una decisión que benefició claramente la investigación en aviones de hélice y a reacción.

El LZ-129 Hindemburg era un auténtico ‘Titanic’ de los cielos. De hecho era, junto a su hermano gemelo el LZ-130, la aeronave más grande jamás construida por el hombre. El dirigible estaba construido en duraluminio y medía 245 metros de largo (unos tres Boeing 747 puestos en fila).

Hindemburg sobre Nueva York

La aeronave, de hecho, funcionó con gran éxito en su primer año de servicio, cruzando 17 veces el océano atlántico en vuelos comerciales que transportaron a casi 3.000 pasajeros entre Estados Unidos, Alemania y Brasil antes de que estallase la segunda guerra mundial.

Mala elección del gas

El accidente del Hindemburg, al menos según la posterior investigación del FBI, se debió a causas naturales. Tuvo lugar cuando el dirigible se hallaba amarrado en Lakeharst, Nueva Jersey, tras una tormenta. Una, en principio inofensiva, descarga de electricidad estática conocida como fuego de San Telmo incendió uno de los depósitos de hidrógeno de la popa de la aeronave. El incendio se extendió a toda la nave y duró exactamente 40 segundos, tiempo en el que el dirigible se convirtió literalmente en una bola de fuego.

Comedor del Hindemburg

Si murieron tan pocos pasajeros en el desastre fue gracias a que la mayor parte pudieron saltar a tierra desde 15 metros de altura al estar el dirigible amarrado. La providencial rotura de los depósitos de agua de la nave dió a las víctimas la oportunidad de no quedar calcinadas por el fuego.

El problema del Hindemburg fue que estaba relleno de hidrógeno, un gas más ligero que el aire pero fácilmente inflamable y explosivo. Resulta irónico descubrir que los ingenieros alemanes se vieron forzados a utilizar este elemento en lugar de helio debido a un bloqueo comercial sobre este gas impuesto por Estados Unidos a Alemania tras la primera guerra mundial.

Los ingenieros alemanes eran expertos en el manejo seguro de hidrógeno. De hecho, estaban tan convencidos de la seguridad del dirigible que incluyeron hasta una sala de fumadores en el Hindemburg. A la postre no fue el tabaco, sino una tormenta, lo que echó por tierra la prepotencia de sus constructores.

Dirigibles actuales

En la serie de TV Fringe nos enseñan un universo paralelo en el que se siguen utilizando dirigibles porque el accidente del Hindemburg nunca tuvo lugar. Lo cierto es que, con accidente o sin él, es probable que los dirigibles como tecnología nunca hubieran superado a los aviones convencionales. No, al menos, en el transporte de pasajeros.

Dirigible

Los pocos dirigibles modernos que se utilizan hoy son modelos pequeños pensados para el transporte recreativo de pasajeros, la filmación de eventos o la publicidad. Aunque ya no se utiliza hidrógeno, sino un gas inerte como el Helio y la ingeniería de materiales ha mejorado mucho, sus principales inconvenientes siguen estando ahí.

La velocidad media de un dirigible moderno está en torno a los 90-130Km por hora y su capacidad para llevar pasajeros es muy reducida. El Hindemburg, con sus 245 metros de largo sólo tenía cabida para 90 pasajeros. La distopía de Fringe es atractiva, pero con o sin el accidente del que ahora se cumplen 75 años, los hijos del Hindemburg pertenecen a una de esas tecnologías que no tenían visos de convertirse en masivas.

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