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¿Podemos fiarnos de los datos de Fitbit?

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El 5 de enero, mientras Fitbit presentaba sus nuevos Fitbit Blaze, se presentó una demanda colectiva contra otros dos productos de la compañía Fitbit Charge HR y Fitbit Surge. Según la demanda estos dos dispositivos dan datos erróneos sobre frecuencia cardíaca por "un margen muy significativo, sobre todo durante el ejercicio intenso".

Esta demanda, golpea directamente en una de las cuestiones que siempre sobrevuelan el mundo de los wearables: la incertidumbre sobre la calidad de los datos frente a otros equipos profesionales avalados técnicamente. No obstante, tras la sorpresa inicial, las pruebas que están volviendo a realizarse para evaluar la precisión de las pulseras cuatificadoras están dando resultados positivos.

¿Qué dice la demanda y qué dicen las pruebas?

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Según la demanda, las lecturas se separan una media de 24.34 pulsaciones por minuto y, en casos extremos, llega a 75. Ante esto, Consumer Reports, que había recomendado estos dispositivos en otras ocasiones, ha vuelto a realizar pruebas comparando los resultados de fitbit con otros aparatos que ya han demostrado su precisión. Usaron dos voluntarios (una chica y un chico) y en ambos casos han pasado de nuevo las pruebas en situaciones de ejercicio tanto de baja como alta intensidad con facilidad.

Según dicen sus datos, es cierto que en carrera intensa (y en el caso de la mujer) los resultados de Fitbit Charge HR se separan entre 6 y 11 pulsaciones. Pero la incongruecia desaparece cuando se usa la pulsera en el antebrazo (en lugar de en la muñeca).

Aunque habrá que esperar para conocer los resultados definitivos, parece que los datos de las pulseras por ahora son relativamente precisos. No obstante, esto supone todo un aviso a navegantes. Nos encontramos, una vez más, con políticas comerciales que ponen en riesgo el desarrollo de una de las oportunidades más interesantes de estas tecnologías. El futuro de los wearables, sobre todo si hablamos de dispositivos con ramificaciones en la salud, debe virar hacia ecosistemas tecnológicos abiertos, testados y confiables. Conocemos demasiado bien los efectos que la falta de transparencia tiene en la salud como para estar dispuestos a tropezar de nuevo con la misma piedra.

Vía | Consumers Reports

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