Favoritos de los expertos de txema-marin en Xataka http://www.xataka.com/usuario/ seleccionado por los expertos de txema-marin http://www.xataka.com <![CDATA[Retrogaming, entre la nostalgia y el orgullo jugón]]> http://www.xataka.com/analisis/retrogaming-entre-la-nostalgia-y-el-orgullo-jugon http://www.xataka.com/analisis/retrogaming-entre-la-nostalgia-y-el-orgullo-jugon Thu, 19 Dec 2013 09:21:54 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin retrogaming tron comentarios

Esos treintañeros y sus nostalgias es un reportaje que hemos preparado en Xataka sobre retrogaming, máquinas, juegos… pero ante todo sobre la primera generación de jugones, la escena que mantiene viva las máquinas y plataformas

Hemos hecho un esfuerzo especial para que la estética y la narrativa del reportaje fuesen lo más afines posible a la temática. Esperamos que os guste nuestra historia de jugones, plataformas, nostalgia y reivindicación de otra forma de hacer videojuegos, al menos tanto como nosotros hemos disfrutado haciéndola. Os escuchamos en estos comentarios

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<![CDATA[Amazon, un gigante con luces y sombras]]> http://www.xataka.com/historias-de-la-tecnologia/amazon-un-gigante-con-luces-y-sombras http://www.xataka.com/historias-de-la-tecnologia/amazon-un-gigante-con-luces-y-sombras Tue, 03 Dec 2013 10:31:08 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin Amazon paquetes

Jeffrey Preston Jorgensen pasaba los veranos de su infancia en el rancho de su abuelo en Cotulla, un pueblo de poco más de tres mil habitantes situado en el sur de Texas. Su abuelo materno se había jubilado antes de tiempo después de trabajar durante varios años para la US Atomic Energy Comission en Alburquerque. “Ponía tuberías, vacunaba al ganado y arreglaba los molinos de viento”, recordaba Preston Jorgensen años más tarde.

Jeffrey nació el 12 de enero de 1964 en el seno de una familia humilde en Alburquerque, New Mexico. Su madre no había cumplido la mayoría de edad cuando tuvo a Jeffrey y las cosas no tardaron en complicarse en casa; cuando no había cumplido ni un año sus padres se separaron y tres años más tarde su madre conoció a Miguel Bezos, un cubano que había emigrado a Estados Unidos con tan solo 15 años y que terminó convirtiéndose en la figura paterna que Jeffrey nunca había tenido.

Toca analizar a una empresa de cuyos productos se nutre sin cesar una sociedad que no ve con buenos ojos algunas de sus estrategias

Siguiendo los pasos de Miguel la familia entera se mudó a Houston, donde él trabajaba como ingeniero para Exxon, una de las mayores petroleras del mundo. Jeff Bezos recuerda aquellos primeros años de vida con el entusiasmo de cualquier niño pequeño. La historia de Bezos, sin embargo, está íntimamente relacionada a la de una empresa, Amazon, que con el paso de los años se ha convertido en un auténtico imperio de la electrónica de consumo y muchas otras áreas.

En esta entrada analizaremos cómo la empresa ha llegado hasta su situación actual: una en la que su relevancia va en aumento y también su impacto en la sociedad; una sociedad que se nutre de sus productos sin cesar pero que no ve con buenos ojos algunas de sus estrategias. El Amazon que Jeff Bezos ha construido en los últimos 20 años.

El camino de Bezos: de Houston a Seattle, pasando por Florida y NYC

Desde una temprana edad Bezos siempre mostró su interés por la electrónica y la tecnología. Dicen quienes lo conocieron en aquella época que sentía obsesión por las ciencias y las matemáticas, hasta el punto de haber construido una alarma eléctrica para evitar que sus hermanos pequeños entrasen en su habitación. Esto ocurrió en Miami, a donde la familia entera se había mudado una vez más siguiendo los pasos de Miguel.

Jeff Bezos joven

En la ciudad del estado de Florida Bezos pasó su adolescencia y comenzó a asistir a varias clases en la universidad. Cuando llegó la hora de cursar estudios superiores se fue lejos de allí, al estado de Nueva Jersey, donde tiene su sede una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos: Princeton. Fue allí donde estudió la carrera de ingeniería electrónica y de telecomunicaciones (electrical engineering), graduándose en 1986.

Después de valorar diferentes opciones de trabajo Bezos decidió adentrarse en el mundo de la banca de inversión y las finanzas. Trabajó en Wall Street durante varios años desarrollando diferentes sistemas para los bancos y fue a principios de la década de los 90 cuando Internet cambió las cosas y su vida para siempre.

Por entonces comenzaba a tenerse consciencia de lo que Internet podía llegar a suponer. Aparecían las primeras empresas online y, aunque no existía una masa crítica de usuarios, se presentaban las primeras oportunidades de negocio. Dice la leyenda que Bezos estudió con profundidad esta tendencia y llegó a la conclusión de que no quería perder el tren de la innovación que Internet lideraba. En virtud de lo que se conoce como el “regret minimization framework” (minimizar los arrepentimientos) Bezos decidió abandonar su anterior carrera en Wall Street para lanzarse de lleno a la piscina del emprendimiento.

La decisión de emprender en Internet: “regret minimization framework” (minimizar los arrepentimientos)

Tras leer un estudio que auguraba un crecimiento del eCommerce del 2.300%, Bezos puso rumbo a Seattle animado por el reducido IVA del estado (sales tax) y por el ecosistema de empresas que ya existía en la zona gracias a la labor de Microsoft. No quería dejar pasar la oportunidad de los negocios online y cruzó en su coche Estados Unidos; dice la leyenda que escribiendo el plan de negocio de lo que terminaría siendo Amazon en las paradas que iba realizando en el largo trayecto.

Jeff Bezos se instalaría en Bellevue, una ciudad de más de 120.000 habitantes situada al otro lado del lago Washington que baña las orillas de Seattle. Fue allí, en su garaje, donde comenzó la historia de Amazon.

Todo empezó con los libros…

En el informe que Bezos había leído con detenimiento se decía que cinco eran los productos que presentaban una mayor oportunidad de negocio: discos de música, hardware para ordenadores, software, vídeos y libros. Las características de Internet y el comercio online podrían permitir a aquellos que se lo propusiesen reducir costes hasta unos límites insospechados para las tiendas físicas. Animado por la demanda mundial de literatura, los bajos precios de los libros y el amplio catálogo existente, Bezos decidió construir un eCommerce de libros.

Amazon Primer edificio de Amazon

Para ello en 1994 fundó la empresa Cadabra y un año más tarde cambiaría su nombre a Amazon. En julio de 1995 la compañía comenzó a vender el que sería su primer libro, Fluid Concepts and Creative Analogies: Computer Models of the Fundamental Mechanisms of Thought de Douglas Hofstadter. En octubre del mismo año se produjo el lanzamiento oficial de la tienda y en los dos primeros meses de vida ya estaba presente en 50 estados de EEUU y en 45 países de todo el mundo; internacionalización desde el día uno. A los dos meses las ventas ya superaban los 20.000 dólares por semana y poco a poco su dominio en el mundo de la literatura era más significativo.

El negocio tradicional de la venta de libros presentaba una serie de características que lo convertían en un claro objetivo de la revolución online: límites físicos para el almacenamiento de libros en las tiendas, un catálogo limitado, una audiencia global y unos precios no demasiado elevados. Amazon acudió a una combinación de infraestructuras físicas y online para ofrecer el long-tail del sector, libros que podían no resultar rentables para las tiendas físicas pero que en un negocio online tenían más sentido.

amazon libros

Los libros fueron tan solo el principio. Con el tiempo Bezos y el resto de directivos de la empresa observaron que esas mismas características eran aplicables a productos de consumo de todo tipo. Poco a poco Amazon se ha convertido en una de las empresas más grandes del mundo, con una capitalización bursátil de 180.000 millones de dólares y 17.000 millones en ingresos en tercer trimestre de 2013. Unas ventas que, como veremos a lo largo de este artículo, abarcan múltiples áreas de negocio y sectores.

Ingresos millonarios, beneficios inexistentes

La mejor forma de entender al Amazon actual es como una plataforma de plataformas. Sobre la primera capa de eCommerce que se creó a finales de la década de los 90 conviven hoy en día múltiples negocios que están en diferentes etapas de gestación o crecimiento. Libros, productos de consumo, venta de contenidos audiovisuales, Amazon Web Services (AWS), etc. La extensión de la empresa la convierte en un imperio casi monopolístico que facturó 61.000 millones de dólares en 2012 —una cifra que no ha dejado de incrementarse en los últimos tiempos— pero que, sin embargo, perdió dinero en dicho periodo: 39 millones de dólares para ser exactos.

La ausencia de beneficios a lo largo de la historia de Amazon ha sido un tema que ha generado el interés de accionistas, analistas y usuarios a partes iguales. Los hay que defienden que Amazon podrá “darle a un botón” y comenzar a generar beneficios de la noche a la mañana; otros, como Horace Dediu, creen que esto no es posible y hay también quien opina que en el equilibrio entre ambos argumentos está la clave.

Ingresos Amazon Gráfica de Benedict Evans

La gráfica superior es de Benedict Evans y muestra los ingresos y los beneficios de Amazon desde su creación hasta hoy. Es fácil ver que a pesar de que los ingresos se han disparado en los últimos años los beneficios son muy bajos o casi cero. Esto se debe, según el propio Bezos y numeroso analistas, al hecho de que la empresa está centrada en el largo plazo.

Bezos, en su carta anual que envía a los accionistas de la empresa, dice lo siguiente cuando habla del enfoque de servicio al cliente de la empresa:

“Una ventaja de centrarnos en el cliente es que facilita cierto tipo de proactividad. Cuando estamos en nuestros niveles más altos de rendimiento no esperamos a presiones externas. Nuestro enfoque interno es mejorar nuestros servicios, añadiendo opciones y beneficios, antes de que tengamos que hacerlo”

Lo que Bezos quiere decir con estas palabras es que proyectos como Amazon Web Services, la creación de contenidos, Marketplace y un largo etcétera han sido creados por la empresa antes de que los competidores le empujasen a hacerlo. Se trata, en cierta medida, de adelantarse al mercado sacrificando los beneficios en pro de crear valor para el usuario a largo plazo.

Los hay que se creen estas palabras y otros que se muestran más escépticos sobre los planes de Amazon, pero lo que parece claro es que están actuando en consecuencia. Otra cosa es que los beneficios vayan a llegar cuando Bezos y el resto de la empresa lo quieran; quizás, quién sabe, cuando Amazon haya completado su transformación en un monopolio.

La frustración de intentar descifrar Amazon desde el exterior

Amazon, a diferencia de otras empresas que cotizan en bolsa como Apple, Google o Microsoft, es tremendamente selectiva a la hora de escoger la información que proporciona al gran público. De las tres empresas anteriores conocemos desde el precio medio de venta de sus productos hasta los márgenes de cada una de sus divisiones; del negocio de Amazon, sin embargo, apenas tenemos datos. Ni siquiera el número de lectores Kindle que ha vendido desde su lanzamiento en 2007.

Esto supone que analizar Amazon en su conjunto sea una tarea ardua y que conduce a la frustración. A partir del análisis de la gráfica superior de ingresos y beneficios podemos llegar a la conclusión de que unos se han disparado y otros no se despegan del eje de abscisas. Pero en el camino quedan muchas preguntas por responder: ¿cuál ha sido el impacto de cada uno de los negocios en los que Amazon está metido en la curva? ¿Cuáles son los que más o menos contribuyen a sus ingresos? ¿En qué se están reinvirtiendo esos miles de millones que se generan cada año? La respuesta es que no lo sabemos, pero sí que sabemos que están siendo reinvertidos en su casi totalidad.

FCF Amazon

Para analizar esta última cuestión es clave echar un vistazo a los flujos de caja (efectivo) libre, que constituye un indicador de la liquidez de una empresa. En el gráfico superior de Benedict Evans podemos ver su evolución desde 2009; la línea naranja representa los flujos de caja totales, la azul los mismos descontado el CapEx (capital expenditures), que viene a ser lo invertido por Amazon en infraestructuras y otras partes de su negocio. La principal conclusión es que la liquidez de la empresa no ha dejado de crecer pero cada vez reinvierte una mayor proporción de los ingresos, hasta el punto de que la separación entre ambas líneas en estos momentos es casi total. ¿En qué se reinvierten? Probablemente en tres áreas principales:

  • Nuevos negocios: como lo fueron en su momento el Kindle, los contenidos o AWS
  • Nuevos centros logísticos: como veremos a continuación son 77 en todo el mundo y una pieza fundamental en la expansión de Amazon
  • Infraestructura y personal: todo lo anterior no vale de nada sin un equipo y una estructura adecuada. Amazon tiene en estos momentos 88.400 trabajadores

Todos estos factores nos conducen a una visión de Amazon incierta. Eugene Wei, que trabajó para la empresa durante siete años, escribía recientemente que aunque los márgenes de Amazon puedan ser negativos o inexistentes en algunos productos, con la mayoría gana dinero. Hasta el punto de que según Wei analizar los márgenes (si fuese posible) no tendría demasiado sentido pues éstos están siendo reinvertidos y utilizados en otras áreas de negocio.

En definitiva, estamos ante una plataforma de plataformas en la que viven codo con codo diferentes negocios en diversos momentos de desarrollo. Con esta estrategia Amazon ha llegado hasta su situación actual: de dominio en algunas áreas y de un claro impacto social. A veces también negativo.

El crecimiento tiene un precio

Amazon logistica

En los últimos cincuenta años, en plena efervescencia del idealismo capitalista, hemos asistido a la creación de múltiples imperios que han terminado por dominar el mundo en sus sectores. Imperios que, en su camino hacia el crecimiento, han arrasado sin piedad allí por donde han pasado. Y el caso de Amazon no es diferente.

Desde su creación a mediados de la década de los 90 Amazon se ha visto envuelta en numerosas controversias —de mayor o menor gravedad— que la han convertido en objetivo de muchas instituciones asociadas a los sectores por los que ha ido pasando.

  • El sector de libreros y editoriales ha sido, probablemente, el que más se ha quejado de las prácticas de Amazon. Desde las tiendas independientes que han puesto el grito en el cielo por su modelo empresarial hasta las asociaciones de medio mundo que se han quejado por sus sistemas de retribución y distribución. Desde España a Francia. Muchas de ellas, en mayor o menor medida, creen que Amazon ha quitado del mercado a empresas independientes y que va camino de convertirse en un monopolio editorial y comercial.
  • Los centros de logística son pieza fundamental en la estrategia de Amazon. Unos centros que funcionan gracias a cientos de trabajadores que, según diferentes relatos, trabajan en unas condiciones no muy favorables.

    Las principales quejas sobre este asunto se han producido en Europa, sobre todo en Alemania, Francia y Reino Unido. Los trabajadores de dichos centros caminan una media de 18 kilómetros al día identificando, recogiendo y agrupando los pedidos de los usuarios. La gran mayoría no son empleados de la empresa, sino subcontratados (normalmente a través de empresas de trabajo temporal) que en muy pocos casos terminan convirtiéndose en trabajadores a tiempo completo de Amazon, con un mejor salario y opciones sobre acciones. Esta situación no se ve favorecida por la oposición de la empresa a la formación de sindicatos en sus diferentes centros de logística.

    Defensores de este tipo de estrategias apuntan a la automatización y a los robots como posible solución —en marzo de 2012 compró el fabricante de robots Kyva—, sustituyendo esta mano de obra por procesos mecánicos. Una solución que parece una huida hacia adelante en vez de afrontar el problema de raíz. Esta misma semana Bezos presentó Prime Air, un drone que podría ser utilizado para dichos fines.

  • En su objetivo por seguir vendiendo sin la aplicación de sales tax (IVA en EEUU) debido a su naturaleza online, Bezos y compañía han invertido más de diez millones de dólares en los últimos años en lobbying, con el objetivo de que la situación actual se mantenga y puedan seguir operando sin el pago de dichos impuestos. Esto, como no podría ser de otra forma, también ha puesto en pie de guerra a numerosas asociaciones y empresas americanas.
  • La investigación iniciada por el gobierno del Reino Unido sobre las prácticas fiscales de Amazon y otras empresas tecnológicas también ha levantado ampollas entre la opinión pública.
  • Estos son solo algunos ejemplos que muestran que, al fin y al cabo, el crecimiento tiene un precio. Amazon se ha convertido en un auténtico gigante que va camino de dominar el mundo del eCommerce a nivel mundial (si no lo hace ya) y quién sabe si en el futuro también otros como el de los IaaS y PaaS. Algunas voces defienden que este ha sido el objetivo del equipo directivo y que, una vez alcanzada dicha situación, los beneficios comenzarán a acumularse ante la imposibilidad del resto de hacerle frente.

    Comenzando con los libros Amazon ha ido extendiendo sus tentáculos hacia otras áreas de negocio que van desde la venta de todo tipo de productos hasta los servicios en la nube (AWS), a continuación repasamos los principales.

    Los libros solo fueron la primera piedra

    Hoy en día Amazon es mucho más que una tienda que vende productos de consumo. Anteriormente califácabamos a la empresa como una base sobre la que se construyen numerosos negocios de ámbitos muy diferentes y que contribuyen a la creación de un ecosistema; uno que muchos comienzan a considerar como un (cuasi)monopolio.

    Estas son las otras áreas de negocio de la compañía.

    Amazon Marketplace

    En marzo de 1999 Amazon presentó Auctions, un servicio de subastas para competir con el líder del mercado en esos momentos, eBay. El proyecto fracasó y poco tiempo más tarde, en septiembre, Bezos y compañía presentaron un servicio que sí que cambiaría el funcionamiento de Amazon para siempre: ZShops, que con el paso de los meses se terminó convirtiendo en Amazon Marketplace.

    La conquista de las tres áreas: B2C, B2B y C2B

    Lanzado oficialmente en noviembre del año 2000, Marketplace permite a cualquier usuario vender productos aprovechándose de la infraestructura de Amazon. Los usuarios corrientes pueden vender productos de segunda mano y fabricantes y tiendas pueden vender sus productos dentro de Amazon. La compañía de Seattle se encarga de la logística y el envío de los productos y, a cambio, se queda con un porcentaje de cada venta. Podemos afirmar entonces que con ello se cubren las tres áreas del mercado: Business-to-consumer (B2C), business-to-business (B2B) y consumer-to-business (C2B).

    Un elemento clave en este negocio de Amazon son los centros de distribución que la empresa tiene en todo el mundo. En total son 77 (37 en Estados Unidos) que se han convertido en una pieza fundamental en su día a día. En estos centros logísticos, incluido el que tiene en San Fernando de Henares en Madrid, dan empleo a cientos de trabajadores —más tarde describiremos en qué condiciones— que se ocupan de colocar, recoger y distribuir los pedidos que realizan los clientes para que estén lo más rápido posible en sus domicilios. La constante construcción de estos centros logísticos resulta clave a la hora de dar cobertura al mundo entero, convirtiéndose en una barrera de entrada importantísima para otras empresas más pequeñas que intentan competir con Amazon.

    Estos avances también han sido claves en el desarrollo de iniciativas como AmazonFresh (venta de productos frescos) o de las entregas en el mismo día, que están disponibles en algunas ciudades americanas y que dependen en un elevado grado de la rapidez con la que se entregan los pedidos.

    Libros y Kindle

    kindle

    Amazon comenzó a vender sus primeros libros en el año 1995 y, más de una década después, decidió dar el salto a los libros electrónicos con el Kindle. Presentado en noviembre de 2007, permite a los usuarios comprar y leer los libros que Amazon distribuye a través de su tienda. Libros que están protegidos con DRM y que por lo tanto no pueden ser utilizados en los productos de la competencia (iPad, Barnes & Nobles, Sony readers), si no es a través de las apps de Kindle para dichos dispositivos.

    Esta expansión al mundo del hardware y de los libros electrónicos ha continuado con el paso de los años: en septiembre de 2011 Bezos introducía al mundo el Kindle Fire, una tableta que permitía hacer muchas más cosas que leer libros y que, por 199 dólares, pretendía hacerse un hueco en un mercado dominado por Apple y su iPad. En los últimos años la empresa ha continuado actualizando su gama de dispositivos, siendo el Kindle Paperwhite y Fire HDX los lanzamientos más recientes.

    Amazon nunca ha dado a conocer el número exacto de Kindles o de eBooks que ha colocado en el mercado; probablemente hablemos de decenas de millones en ambos casos. Una evolución del negocio que no ha pasado desapercibida para nadie y que ha levantado ampollas en países de todo el mundo. En España, por ejemplo, la Asociación de Libreros ha demandado a Amazon por no respetar la ley del precio fijo de los libros. En Francia ha ocurrido algo similar y Amazon se ha visto envuelta en varias batallas legales con competidores como Apple por cuestiones relacionadas con la venta de eBooks.

    Amazon Web Services

    Presentados oficialmente en 2002, los Amazon Web Services se han convertido con el paso de los años en una de las principales armas de la empresa. En un mundo en el que los servicios en la nube tienen cada vez una mayor relevancia, Amazon ha puesto a disposición de usuarios y empresas una serie de servicios que permiten desde alojar archivos o páginas web hasta mantener a flote la infraestructura de startups y empresas tecnológicas.

    AWS está formado por una oferta de diversos productos, entre los que destacan: Mechanical Turk, Amazon Simple Store Service (S3), Amazon Elastic Compute Cloud (EC2), Amazon Glacier y un largo etcétera.

    Amazon AWS

    Como muestra la gráfica superior realizada por Synergy Research Group, la importancia de Amazon en el mercado de IaaS y PaaS va en aumento y ya genera un volumen de negocio superior a la suma de sus competidores. Tal es así que Andy Jassy, vicepresidente senior de AWS, declaró recientemente que “Jeff Bezos cree que es muy posible que en el futuro AWS se convierta en el principal negocio de Amazon”, por encima de la venta de productos y el clásico eCommerce.

    Creación de contenidos

    Amazon tiene en su portfolio un servicio de suscripción para los usuarios más fieles. Se trata de Prime y permite, a cambio de 14,95 euros al año, recibir los pedidos en dos o tres días. Una forma de fidelizar al cliente que en mercados como el estadounidense se ve complementado con Prime Instant Video, un servicio de contenidos audiovisuales a la carta que se asemeja a Netflix y que ofrece un amplio catálogo de películas y series sin coste adicional.

    De la distribución a la creación de contenidos

    Al igual que ocurre en el caso de los dispositivos Kindle, el ofrecer este tipo de servicios le sirve a Amazon para atraer y retener a más clientes. Una estrategia que difiere sustancialmente de la de Apple (servicios para que los usuarios compren hardware a elevados precios) o Google (hardware para que los usuarios utilicen los servicios web de la empresa de Mountain View). Aún siendo Netflix el líder indiscutible en el mercado americano, Amazon y otros competidores creen que el futuro de la industria de los contenidos pasa por su creación.

    Los grandes estudios cinematográficos y distribuidoras tienen la sartén cogida por el mango y son dueños de las películas y series más importantes del mundo. Netflix, con House of Cards, dio el pistoletazo de salida a la creación de contenidos, a la que Amazon también se ha sumado.

    instant video

    La producción de los mismos no se limita al ámbito audiovisual. En agosto de 2012 la empresa presentó Amazon Game Studios, un estudio para el desarrollo de juegos móviles, y ha desarrollado varias iniciativas para, por ejemplo, permitir a los escritores publicar sus obras directamente a través de Amazon (Publishing) o cortos (Amazon Shorts).

    Y muchos otros más

    Clasificar y agrupar todos los negocios en los que Amazon está metido no resulta una tarea sencilla, ya que son múltiples y de diversa naturaleza. Desde 1998 la empresa que dirige Jeff Bezos ha comprado e invertido en más de 60 empresas tecnológicas, muchas de ellas desconocidas para el gran público. Algunas continúan hoy en día operando de forma más o menos independiente y pocos recuerdan ya que son propiedad de Amazon; nos referimos a los casos de IMDB (la mayor base de datos cinematográfica construida hasta la fecha), Audible (libros en audio), Zappos (venta de zapatos) o LOVEFILM (competidor original de Netflix en Reino Unido).

    Orientación al consumidor y ¿hacia el monopolio?

    Desde 1997 la empresa ha defendido la atención al cliente como un elemento diferenciador. Frente a los competidores, dicen, Amazon pretende ofrecer un servicio al cliente por encima de los demás. Un aspecto que Jeff Bezos recuerda en la carta que envía a los accionistas cada año:

    “Prestamos atención a los competidores y nos inspiramos en ellos, pero es un hecho que nuestra forma de actuar, con la atención al cliente siempre por delante, es un elemento que define nuestra cultura”

    Esta atención al consumidor ha llevado a Amazon a lo más alto y a convertirse en un gigante al que pocos pueden hacer frente y, sobre todo, poner freno.

    Jeffrey Preston Jorgensen se pasaba los veranos de su infancia en el rancho de su abuelo montando tuberías y arreglando molinos de viento; quién le iba a decir que casi cincuenta años más tarde iba a tener en su mano las tuberías del eCommerce y del Internet mundial (Amazon y AWS). Solo falta que, imitando a los molinos, se ponga a soplar para eliminar a la competencia que le queda.

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    <![CDATA[En busca de la innovación]]> http://www.xataka.com/otros/en-busca-de-la-innovacion http://www.xataka.com/otros/en-busca-de-la-innovacion Thu, 24 Oct 2013 07:15:48 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin Innovación

    Pongámonos en situación. Abrimos el navegador, visitamos la web de nuestro medio tecnológico favorito (esperemos que sea Xataka) y vemos un artículo sobre un nuevo producto de cierta empresa. Con el titular ya parece bastar. Ese producto, como la inmensa mayoría, no nos dejan precisamente boquiabiertos. Son, aparentemente, más de lo mismo.

    La idea es especialmente común últimamente cuando se habla de Apple. La empresa de Cupertino, leemos en muchos medios, ya no innova. Y si no lo hace Apple, creadora de tendencias y de industrias enteras, poca esperanza parece quedar para las demás. Los PCs y portátiles aburren, los tablets y smartphones tampoco sorprenden ya, y pocos son los desarrollos hardware o incluso software que logran llamar nuestra atención. ¿Es que nadie es capaz de innovar?

    Innovación incremental, innovación disruptiva

    Lo cierto es que el primer problema reside en nuestra concepción de la innovación. Para la mayoría, la innovación prácticamente equivale a la revolución tecnológica, a esa disrupción de la que surgen nuevos segmentos de mercado que acaban atrayendo tanto a empresas tradicionales como a todo tipo de startups.

    Innovación

    Pero hay otro tipo de innovación. Más callada, casi silenciosa, y que afecta a los productos y servicios que utilizamos mejorándolos poco a poco. Respondiendo a las necesidades y demandas de los usuarios de esos mismos productos y servicios. O como mucho, introduciendo mejoras que —se intuye— son el siguiente paso en la evolución de dichas soluciones. Una innovación que para muchos es aburrida, pero que tiene casi tanta importancia como la anterior, porque mejora lo que no hace mucho ya nos parecía bueno.

    Precisamente esos dos conceptos son los que normalmente se manejan al hablar de innovación, un término que normalmente podríamos dividir en dos grandes grupos. Son, en esencia, los mismos que acabamos de mencionar:

    • Innovación incremental (o sostenida): la filosofía de este tipo de innovaciones es la del refinamiento progresivo, la de las mejoras en las características existentes y la introducción de nuevas características que responden a necesidades y demandas de los clientes, pero también a la propia evolución de la idea original de los creadores del desarrollo.
    • Innovación disruptiva: para muchos, la única y verdadera innovación, que se produce con mucha menor frecuencia y que genera nuevos mercados e industrias que se adaptan a necesidades futuras de los clientes.

    La clasificación de unas y otras suele ser clara, pero hay casos que podríamos considerar como intermedios. Lo importante, lo realmente destacable, es que al fin y al cabo ambas son formas de innovar. Ahora bien: ¿qué es necesario para innovar?

    Viendo el mundo con los ojos de un niño

    Jeff Bezos hablaba recientemente sobre este tema y afirmaba que “sin la voluntad de fracasar no se puede innovar porque la mayoría de las innovaciones no van a funcionar“. Para Bezos existen también dos tipos de innovación: innovación incremental e innovación de cero.

    Innovación

    Y según su opinión el 70% del valor que Amazon ha creado para la compañía es gracias a la innovación incremental. Cada proceso es un poquito mejor cada día gracias a la detección de defectos y a su eliminación:

    No puedo destacar lo suficiente lo importante que la innovación incremental es. Pero para las grandes innovaciones, debes estar preparado para fracasar. Toda startup se enfrenta a ello. Incluso grandes empresas, como Boeing cuando construyó el 787, se enfrentan a ello.

    No solo eso: los innovadores deben estar preparados para ser unos incomprendidos. Eso ocurría con la forma en la que se tomaron las editoriales que los usuarios comenzaran a realizar críticas negativas sobre los libros editados por ellas. Las editoriales le decían a Bezos que “quizás no entiendes cuál es tu negocio. Ganas dinero cuando vendes cosas“. Bezos, por supuesto, no se quedó callado. “No ganamos dinero cuando vendemos cosas. Ganamos dinero cuando ayudamos a la gente a tomar decisiones de compra“. Cada inventor, afirma Bezos, debe ser creativo y tener una actitud similar a la que los niños tienen al enfrentarse al mundo.

    Tienes que decirte ‘Espera un segundo. ¿Por qué hago esto de esta manera? ¿Podría ser mejor? ¿Podría ser distinto?’ Ese tipo de curiosidad, esa mente de explorador, ese asombro infantil, es lo que caracteriza a un inventor”.

    Innovación, disrupción y percepción del consumidor

    En 1997 un profesor de Harvard llamado Clayton Christensen publicaba un libro titulado “The innovator’s dilemma“. Aquel libro explicaba el principio por el cual las empresas que se centran demasiado en las necesidades de sus clientes actuales fracasan al adoptar nuevas tecnologías o modelos de negocio que se adaptarían a las futuras necesidades de esos mismos clientes.

    Innovación Clayton Christensen, autor de “The innovator’s dilemma”

    Sin embargo, el propio Christensen, que para muchos se convirtió en un oráculo de sabiduría, caería víctima de su propia teoría en algunas de sus afirmaciones más polémicas a posteriori. Por ejemplo, en enero de 2006 daba por muerto al iPod, y lo mismo pasaría en junio de 2007, cuando en otra entrevista afirmaba que el iPhone no tendría éxito:

    El iPhone es una tecnología sostenible relativa a Nokia. En otras palabras, Apple está dando un salto por delante de la curva sostenible (al construir un teléfono mejor). Pero la predicción de la teoría indica que Apple no tendrá éxito con el iPhone. Han lanzado una innovación que los restantes protagonistas del mercado están muy motivados a superar: no es [realmente] disruptiva. La historia es clara al respecto, y la probabilidad de éxito es limitada.

    Como explicaba Ben Thompson en su conocido (y fantástico, no os lo perdáis) blog, Stratechery, el problema es que Christensen tiene en realidad dos teorías de la disrupción, y la segunda, dirigida al mercado de consumo, no es correcta.

    Según esa segunda teoría, cuando un nuevo mercado hace su aparición una solución integral suele ser la ganadora de ese segmento. Sin embargo, a medida que ese mercado madura aparecen productos modulares “lo suficientemente buenos”. Aunque esos productos no sean tan buenos como el producto integral, los usuarios no están dispuestos a pagar por ellos y prefieren soluciones quizá menos capaces pero más económicas.

    El problema, como afirmaba Thompson, es que la teoría de Christensen está basada en decisiones de compra realizadas por empresas y no por consumidores. Los consumidores, como él indicaba, “no son racionales“. No siempre consideran los beneficios y el coste para elegir la mejor opción. Entran en juego otros muchos factores —sensibilidad hacia la marca o el diseño, publicidad del producto, falta de conocimiento del mismo, atractivo de las gratificaciones instantáneas— que acaban pesando notablemente en esa decisión de compra. Como explica este analista,

    No todos los consumidores valoran —o pueden permitirse— lo que Apple tiene que ofrecer. De hecho, una gran mayoría no lo hace. Pero la idea de que Apple va a perder clientes porque Android es “lo suficientemente bueno” y más barato no tiene sentido en el resto de mercados. Más aún: en términos absolutos, el iPhone es significativamente más barato a un terminal ‘suficientemente bueno’ con Android de lo que un BMW lo es a un Toyota, o un bolso de Louis Vuitton lo es a uno de una tienda mucho más convencional.

    Esa innovación, en el caso de Apple y del mercado de consumo, se centra en apartados que siguen funcionándole muy bien y que demuestran que la teoría de Christensen no era perfecta. El diseño, —”que no se puede medir, ciertamente es apreciado por los consumidores que son tanto compradores como usuarios“—, se convierte en un factor fundamental. No solo el diseño del hardware, sino también el de su software, que ofrece una experiencia de usuario que es el mejor ejemplo de una innovación incremental —aunque en iOS 7 podríamos hablar de otra cosa, incluso con sus defectos—.

    Barreras a la innovación, que no a la invención

    Por supuesto, la innovación también tiene numerosos obstáculos a los que enfrentarse. Las grandes empresas y los intereses económicos y políticos son probablemente las mayores culpables de que ciertas innovaciones nunca lleguen al mercado como tales.

    Innovación

    Lo explica por ejemplo un artículo en el que se habla de cómo ciertas invenciones y descubrimientos nunca llegan a la fase de producción por todo tipo de motivos. Entre ellos, por ejemplo, por maximizar los bonus a corto plazo y no pensar en el largo plazo.

    El economista Joseph Berliner estimó que el director de una mina de carbón podría ganar el 150% de su salario base como bonus si lograra mejorar los objetivos de producción en un 5%. Curiosamente, esa cultura del bonus supondría de hecho un hándicap para ese director, que se conformaría con mejoras incrementales mucho más pequeñas que garantizaran su comodidad o sus objetivos a corto plazo.

    La innovación disruptiva económica necesita un sector privado realmente competitivo donde los protagonistas se enfrenten a la amenaza del fracaso y donde la barrera de entrada para nuevas empresas sea mínima. El ‘Gran Estancamiento’ no está producido por la falta de invención o de investigación base. Está producida por la falta de competencia por las grandes empresas y por las excesivas barreras que las nuevas compañías y los pequeños negocios tienen que afrontar en la era neoliberal.

    También lo explicaba con acierto el desarrollador web Matt West, que en su blog explicaba cómo esas ideas “revolucionarias” no suelen ser muy bien recibidas por la industria tradicional:

    Las innovaciones disruptivas crean mercados que son inicialmente demasiado pequeños para “ser interesantes” para las grandes empresas. Estas empresas tienen una responsabilidad con sus accionistas a la hora de mantener un crecimiento sostenido que no puede satisfacerse con los pequeños retornos iniciales que se obtienen al tratar de seguir mercados emergentes.

    La incapacidad de las grandes empresas para entrar en esos mercados lo suficientemente pronto les da a otras firmas y startups una ventaja temporal. Las empresas dominantes entrarán en esos mercados inevitablemente cuando se conviertan en “lo suficientemente interesantes”, peto ese tiempo entre la concepción del mercado y la llegada de esas grandes empresas es un valioso recurso para las pequeñas empresas, que pueden usar ese periodo para reforzar sus conocimientos tanto sobre el mercado como sobre la tecnología para lograr establecerse como una marca de nicho.

    Lo vemos a menudo en desarrollos de los que hablamos en Xataka y que por razones que no llegamos a conocer —o siquiera a entender— nunca acaban de cristalizar en productos comerciales. Al menos, no a corto plazo. Las investigaciones sobre cierto tipo de energías, los desarrollos en el terreno de la medicina o incluso los descubrimientos que se realizan en terrenos tecnológicos —¿qué pasa con el grafeno?— son algunos de esos ejemplos.

    Afortunadamente, la nueva era de la comunicación que Internet ha posibilitado también ha comenzado a derribar esos obstáculos. Los servicios de financiación colectiva, con Kickstarter a la cabeza, son el perfecto ejemplo de como innovaciones de pequeñas empresas o incluso de esa figura del “inventor moderno” comienzan a despuntar con innovaciones —disruptivas o no— que sí interesan a una parte importante de la población.

    La innovación incremental es innovación, y funciona

    El caso de Apple —perdonadme volver a ella— es perfectamente válido como ejemplo de todo lo que rodea a esta reflexión. Cada nuevo lanzamiento en los últimos años ha sido visto con escepticismo en buena parte de los medios y también por parte de muchos usuarios. Las críticas siempre han sido las mismas. ¿Eso es todo? ¿Dónde está la innovación?

    Innovación

    Lo cierto es que ni siquiera Apple es una empresa con innovaciones disruptivas constantes. Ni mucho menos. Sus grandes disrupciones en el mercado —el Mac (1984), el iPod (2000), el iPhone (2007), y el iPad (2010)— cambiaron el mercado para siempre. Crearon nuevos mercados y, en todos los casos, cambiaron las que estaban consideradas como las industrias establecidas.

    ¿Es incapaz Apple de volver a producir esas disrupciones? Lo cierto es que el ritmo de lanzamiento de esos productos ha sido lento, y esperar una disrupción cada año sería descabellado. Me pregunto si no sería hasta malo. Lo que Apple sí hace bien, y tienen más efectos de los que podría parecer en primera instancia, es aplicar de forma notable la filosofía de la innovación incremental.

    Una innovación incremental que, además, acaba marcando a otros muchos mercados y productos. Pasó con el abandono del USB, las disqueteras o las unidades de CD-ROM y DVD-ROM en los Macs. Y volvió a ocurrir con el MacBook Air, que fue ridiculizado (en parte se lo merecía, la primera iteración fue mala) pero que acabó sentando las bases del segmento de los Ultrabooks. Como señalaban en TUAW, esos cambios no suelen ser valorados como se merecen:

    A menudo ocurre que los cambios en toda la industria impulsados por Apple no son evidentes desde el principio, pero al poner las cosas en perspectiva, la influencia de Apple es evidente y de largo alcance. La tecnología usada en los productos de Apple no es nueva normalmente, pero su implementación es casi rutinariamente la mejor en su clase. Y es en ese punto en el que los competidores comienzan a darse cuenta y el cambio en toda la industria se hace evidente.

    También John Gruber, el célebre cibergurú responsable del blog Daring Fireball, lo resumió muy bien en una frase que ponía de relieve el error que muchos cometen al dar sus primeras impresiones sobre productos novedosos de Apple:

    La mayoría de la gente no percibe la innovación porque a menudo esta es incremental.

    Esa realidad ese principio y todo lo comentado hasta ahora no solo se aplica a Apple, aunque es un excelente ejemplo: muchas otras empresas de tecnología -si no todas— precisamente han aplicado esas mejoras incrementales, esa innovación gradual, para implantar mejoras que luego se convirtieron en estándares en el mercado.

    La innovación incremental también tiene riesgos

    Por supuesto, centrarse únicamente en una filosofía en la que refinar productos e innovar de forma incremental tiene riesgos importantes. Lo sufrió en sus carnes el gigante nipón Sony, que en los años 80 pasó de un modelo de innovación disruptiva a uno de innovación incremental en la que refinar productos de éxito y seguir obteniendo el máximo beneficio era el objetivo claro. Eso acabaría condenando a una empresa que perdió parte de su identidad y que solo muchos años después ha logrado recuperar en parte.

    Innovación

    Lo explicaba recientemente Hartmut Esslinger, que ayudó a Steve Jobs a establecer el “lenguaje de diseño” que se utilizó en los Macintosh durante más de una década. Según Esslinger, Apple está en peligro de convertirse en la Sony de nuestros días:

    La Apple actual sigue teniendo el diseño genial en su núcleo, pero debe mantener su pasión por la innovación de última hornada […] Apple está liderando el mercado, pero debe acelerar su innovación de nuevo.

    No es el único que piensa así. O al menos, no es el primero que alerta de los riesgos de la innovación incremental. Peter Thiel y Gary Kasparov —un dúo curioso, desde luego— escribieron hace algo menos de un año un artículo conjunto sobre el tema en el Financial Times en el que también hablaban del tema:

    Vivimos en una era demasiado satisfecha con las mejoras incrementales. Nuestra capacidad para hacer cosas básicas como protegernos a nosotros mismos de terremotos o huracanes, de viajar o de extender nuestras expectativas de vida apenas se han incrementado desde los años 60.

    El progreso real que se produjo en tecnologías de la información desde 1970 hasta 2000 ha enmascarado el relativo estancamiento de campos como la energía, el transporte, el espacio, los materiales, la agricultura o la medicina.

    Es un razonamiento interesante, y desde luego el argumento tiene peso. Sin embargo, también es cierto que, como comenta el inversor de capital riesgo Tomasz Tunguz, combinar innovaciones de eficiencia —que teóricamente nunca conducen a cambios transformadores— “puede llevar a habilitar innovaciones que crean nuevas industrias“.

    Los ejemplos propuestos por Tunguz son convincentes: la virtualización dio lugar (o impulsó, porque ya existía como tal) a la filosofía Cloud Computing, y algo tan trivial como los mensajes de texto en móviles (SMS) es el sistema de comunicación bancaria por el cual fluye el 33% del producto interior bruto de Kenya, por increíble que parezca.

    Puede que muchas empresas estén centrándose en mejoras incrementales que sostengan sus negocios y gran parte de sus beneficios, pero al mismo tiempo los departamentos de investigación y desarrollo de muchas de ellas —de hecho, todas lo deberían hacer— también trabajan de forma paralela en innovaciones disruptivas, o al menos innovaciones incrementales muy importantes para esos negocios.

    De nuevo, Apple como ejemplo: el salto de Mac OS X a procesadores x86 se anunció en 2005, pero en realidad llevaba en desarrollo mucho tiempo, del orden de cinco años. Lo dejan claro testimonios como el de John Kullmann, que comenzó a trabajar en un proyecto independiente de Apple en el año 2000. Ese proyecto no era otro que Marklar, que trataba de hacer que Mac OS X pudiera funcionar de forma correcta en procesadores de Intel y en hardware tradicionalmente asociado a los PCs con Windows.

    Todos copian a todos

    Esas innovaciones incrementales o disruptivas acaban teniendo el mismo efecto: si realmente funcionan, todos los protagonistas del mercado acaban incorporándolas o adaptándolas a sus productos.

    Innovación

    Pasó en el mundo del hardware con los smartphones con pantalla táctil, los tablets, los netbooks, o los reproductores MP3. Y pasó en el del software con los entornos de ventanas, las tiendas de aplicaciones, el uso de pestañas en los navegadores o algo tan aparentemente inocuo como el doble click por el que Microsoft obtuvo una patente.

    Esa aparición de patentes es otro de los factores colaterales de la innovación. Quien innova trata de obtener ciertos beneficios de ello, y las patentes son un instrumento que trata de proteger la innovación, pero que también es considerada por muchos como un freno a esa misma innovación.

    Muchos desarrollos innovadores se frenan por las dudas que genera el uso o aplicación de tecnologías o sistemas similares a otros que ya se han patentado. Las demandas por violación de patentes son antológicas en Estados Unidos, donde aquello de ir al juzgado por estos temas es casi un deporte nacional. Todas las grandes esgrimen ese argumento en numerosas ocasiones, y el debate paralelo es tan intenso o más que el de la propia innovación.

    El hecho es que al final todos copian a todos. Si tratamos de observar ese mundo con perspectiva, no obstante, comprobaremos muy pronto que eso no importa tanto. Lo importante es lo buena que sea la copia.

    Y lo que precisamente intentan muchas empresas es mejorar una innovación que una competidora había implementado. A bote pronto me sale Siri y la inmediata aparición de Google Now (en mi opinión, claramente superior), pero en el mercado hay otros muchos ejemplos de esa circunstancia.

    La innovación solo triunfa si aparece en el momento justo

    Pero la innovación se enfrenta a otro cruel enemigo. El tiempo. Muchas invenciones geniales se han quedado en el tintero por haber aparecido demasiado tarde o, quizás, demasiado pronto. En todos los casos tenemos ejemplos en el ámbito tecnológico, pero son especialmente destacables los casos de innovaciones que, como suele decirse, se adelantaron a su tiempo.

    Innovación

    El Apple Newton —y dale con la empresa de Cupertino, diréis— es un claro representante de esa categoría. Hace la friolera de 20 años que este precursor de las PDAs apareció en el mercado, pero en aquella época ni el mercado ni los usuarios estaban preparados para ese ingenio.

    Durante aquel periodo, por cierto, sucedió algo curioso: no había ningún procesador de bajo consumo que pudiera cumplir con los requisitos de Apple, así que en Cupertino se buscaron las castañas, y junto a Acorn Computers y VLSI Technology formaron la joint venture conocida como Advanced RISC Machines. Apple, que invirtió 2,5 millones de dólares por el 43% de la empresa en 1990, se retiró de la misma en 2002 vendiendo su parte por 800 millones.

    Esa venta parecería todo un acierto por parte de los Cupertino sino fuera porque hoy esa empresa es un gigante del diseño de semiconductores. Su nombre, por si no lo habéis adivinado todavía, es el acrónimo de aquella denominación original: ARM.

    Sea como fuere, la mayoría de esas innovaciones que se adelantaron a su tiempo acaban teniendo una segunda oportunidad en la que sí aciertan. Pasó con los propios Apple Newton —cuyas bases acabaron siendo similares a las del iPad, por ejemplo— pero también con otras muchas innovaciones que no cuajaron en primer término pero que lo hicieron cuando se dieron los factores adecuados.

    Lo explicaba perfectamente Scott Berkun en su libro, “The myths of innovation”, en el que comentaba cómo algunas innovaciones logran cuajar en el mercado de formas sorprendentes, sin una razón evidente o uniforme. Berkun citaba a William Gibson y a su famosa frase “El futuro ya está aquí, solo que desigualmente repartido“. Este escritor continuaba su reflexión con un claro homenaje a los inventores e innovadores olvidados:

    ¿Quién inventó la luz eléctrica? No, no fue Thomas Edison. Dos inventores menos conocidos, Humphry Davy y Joseph Swan, desarrollaron por su cuenta luces eléctricas funcionales bastante antes que Edison. ¿Creéis que Ford inventó el automóvil? De nuevo os equivocáis. Lamentablemente, el crédito popular para las grandes innovaciones no se decide por parte de los historiadores: está dirigido por los mercados, las circunstancias, y la popularidad, fuerzas no ligadas a la precisión.

    La historia y el tiempo muestran su crueldad con la innovación, algo que es más difícil en estos tiempos en el que todo parece estar conectado y plataformas como la citada KickStarter dan oportunidades a esos genios anónimos. Los mismos que buscaban la innovación —ya fuera incremental o disruptiva— y que, como en el segmento de las grandes empresas, jamás han visto una época tan innovadora como la actual.

    No dejéis de sorprenderos. La innovación, pequeña o grande, es constante.

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    <![CDATA[Los padres que compartían demasiado (de sus hijos) en Internet]]> http://www.xataka.com/historias-de-la-tecnologia/los-padres-que-compartian-demasiado-de-sus-hijos-en-internet http://www.xataka.com/historias-de-la-tecnologia/los-padres-que-compartian-demasiado-de-sus-hijos-en-internet Mon, 07 Oct 2013 08:31:00 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin Lucía

    Internet y las redes sociales han puesto más de moda que nunca el “compartir es vivir“. Compartimos temas interesantes, debatimos, pero también publicamos contenidos que dan pie a un importante debate sobre la privacidad. Y las fotos de nuestros hijos son un ejemplo perfecto.

    Así es: Internet se ha convertido en el medio perfecto para compartir de forma pública o privada las fotos de nuestros churumbeles, y esa actitud provoca una clara división en el público. Mientras que unos padres lo hacen sin pudor, otros mantienen una lucha con familiares y amigos para que respeten la privacidad de los infantes. Después de todo, puede que si ellos tuvieran uso de razón nos gritaran algo tipo “¡Papá, no quiero salir en Facebook!

    Un prólogo obligado

    Vaya por delante mi posición frente al tema, para no dar pie a malentendidos sobre mi visión sobre este tema. No soy nada fan de Facebook, y uso las redes sociales de una forma bastante aséptica. De hecho, las utilizo casi únicamente para mi trabajo.

    Mapa de comunidades Online El célebre mapa de comunidades online de XKCD da una idea de la dimensión de este fenómeno

    Comparto en ellas —Twitter, sobre todo— lo que escribo en Xataka, Xataka Móvil y mi blog personal, Incognitosis. Pero fuera de eso, yo diría que soy hasta asocial, y si tengo algo especialmente claro es que salvo casos excepcionales no me gusta compartir fotos de mis hijos (tengo un par de maravillosas personitas rondando por casa todos los días) en Internet. La única excepción es el envío ocasional de fotos por correo electrónico y alguna que otra carpetita o vídeo que comparto de forma privada gracias a los mecanismos que me proporcionan los distintos servicios que utilizo.

    Por supuesto, hay muchos otros usuarios como yo: padres, tíos, hermanos, primos o abuelos o amigos que tienen una postura similar a la hora de afrontar lo de publicar fotos de los niños en Internet. Pero también hay otro sector de usuarios que comparten sin problemas, sin pudor, y con una actitud mucho más abierta y que no tiene ningún problema con ese tipo de actividades.

    De unos y otros queríamos hablar en Xataka en esta ocasión. Y para ello hemos reunido algunos testimonios y experiencias de usuarios con distintas visiones y que en algunos casos ofrecen perspectivas especialmente apropiadas para este debate.

    ¿Pueden clamar los niños por su derecho a la privacidad?

    No comment

    En The New York Times un redactor Chuck Klosterman escribía a principios de agosto de este año una interesante reflexión sobre el tema titulada de forma no menos interesante: “T.M.B. (Too Much Baby)“. El debate que planteaba aquel artículo era singular:

    Obviamente un bebé tiene derechos humanos; no puedes matar a un bebé o vender un bebé o privar a un bebé de las cosas que necesita para sobrevivir. Un bebé está vivo, y un bebé tiene cerebro. Pero un bebé no tiene una mente como tal. No puede comprender su propia existencia o la existencia del mundo, o lo que Facebook representa. Los bebés no pueden tomar decisiones sobre la integridad de sus vidas porque no tienen la capacidad de hacerlo: cómo se visten, cuándo se van a la cama o si aparecen en Facebook no es una violación de su capacidad para actuar en el mundo, porque no la tienen.

    Ya de primeras nos encontramos por tanto con un argumento delicado: el de las consideraciones morales, éticas e incluso legales que tiene el compartir o no fotos de nuestros hijos en Internet. Klosterman no ahondaba demasiado en su artículo en este tema, pero sí comentaba que “noy hay un caso ideal en el que un recién nacido pueda comprender la abstracción de privacidad. El niño más listo del mundo no sería capaz de entenderlo“.

    Ese es, desde luego, uno de los claros puntos destacados de un debate que se repite en muchas otras áreas en las que los padres decidimos sin que los niños puedan decir ni pío (literalmente). Elegir el nombre, la doctrina religiosa o su ropa no está sujeto a debate. Como diría Switch en Matrix (no he podido evitarlo): “Our way… or the highway“.

    ¿Ocurre lo mismo con la publicación de fotos de nuestros niños en Internet, ya sea en blogs o en redes sociales? ¿O nos estamos saliendo un poco del tiesto y la cosa no tiene mayor importancia?

    Soy un orgulloso papá que comparte fotos de sus niños

    Eso es precisamente lo que opina Raúl Hernández (@rahego), un consultor profesional e independiente que de hecho fue colaborador en Weblogs SL. Raúl personifica perfectamente ese perfil de personas que ven el compartir fotos de sus hijos en Internet como algo totalmente natural.

    Familia

    Utiliza todos los medios a su alcance: Facebook, Instagram, Flickr, su blog de fotografía, su blog personal e incluso un blog —en este caso, eso sí, con acceso privado, más por que “salían otros niños“ que por los suyos propios—.

    Para mí, es una cosa absolutamente natural. Antes tus padres enseñaban tus álbumes a quien venía a tomar café, o montaban un pase de diapositivas (“mira, ahí estabas tú desnudito en la bañera!!!”), o te tenían puesto en marcos de fotos por toda la casa. Ahora, simplemente, has ampliado los momentos/situaciones en las que alguien puede ver las fotos de los niños; no hace falta que estén en casa, ni que tú las enseñes.

    Por supuesto, esa actitud genera ciertas preocupaciones a muchos padres —y me incluyo—, pero Raúl nos comentaba cómo ese temor a posibles pedrastras o desconocidos con ganas de cotillear es, en su caso, insignificante:

    Recuerdo hace años que un conocido me dijo “Lo que si te recomendaría sería de quitar las fotos de los peques en la bañera. Con todos los locos que hay en la red…”. Mi contestación fue (he buscado el mail para copiar-pegar :D) “La verdad es que a mí no me preocupa el tema de las fotos. Si algún degenerado encuentra de algún modo atractiva una foto tan inocente y entrañable… entonces el problema (y gordo) lo tiene él.”

    Sus argumentos, desde luego, dan que pensar, y afrontan el teórico “problema” desde un punto de vista muy interesante. Lo resumía también con otra frase en la que indicaba que no creía que “tener un blog suponga tentar a la suerte mucho más que salir a la calle o ir al parque.“. Los teóricos riesgos, apuntaba también con mucho acierto, serán mucho mayores cuando los niños no lo sean tanto y comiencen a utilizar esos medios por ellos mismos.

    El comentario final de Raúl era igualmente coherente con su postura, y probablemente resumía a la perfección el sentir de todos los que comparten fotos de sus niños en Internet:

    Yo no le veo problema más que de forma muy remota (insisto, muy por detrás de los problemas reales “de toda la vida” a los que nos enfrentamos en el mundo físico). A cambio, le veo la misma ventaja que le veo a contar mi vida en distintos ámbitos: que rompo las barreras del tiempo y del espacio para poder compartirla con mi gente. De hecho, ellos son una parte imprescindible de mi vida, y resultaría extraño dejarlos fuera.

    Los filtros de privacidad ayudan

    La anárquica Internet también ha ido aprendiendo con el tiempo: esa pasión por compartir se ha racionalizado y ha madurado. Y lo ha hecho en gran parte por las propias quejas de los usuarios, que en muchos casos han visto invadida su privacidad ante los dudosos términos de uso que esgrimían algunos sitios web.

    Facebook

    Facebook es, sin lugar a dudas, el caso más famoso en esa evolución de sus características de privacidad. Muchos han sido los cambios que Mark Zuckerberg y su equipo han aplicado en este apartado de la red social, y aun tratando de solucionar el problema siempre ha habido quejas sobre una gestión laberíntica que muchos ni siquiera se sentían con fuerzas para afrontar.

    Pero ahí no acaban los aspectos que rodean a esa publicación en redes sociales como Facebook. Es inevitable hablar por ejemplo de los servicios de reconocimiento y etiquetado de caras que esta y otras redes sociales y servicios de fotografía invitan a utilizar. La información de privacidad de Facebook deja claro el tipo de operación que se realiza:

    […]Podemos utilizar la información que recibimos sobre ti […] para hacerte sugerencias a ti y a otros usuarios de Facebook, como: […] sugerir a un amigo que te etiquete en una foto que ha subido en la que apareces, […]

    Podemos sugerir a un amigo tuyo que te etiquete en una foto escaneando o comparando sus fotos con la información que hemos recogido de fotos en las que se te ha etiquetado. Esta información es la que nos permite realizar tales sugerencias

    Ese etiquetado que parece inocente e inocuo se convierte en una herramienta que sí, permite encontrar a amigos y familiares fotos en las que nuestra cara —o las de nuestros hijos— aparece etiquetada, pero también constituye una inquietante fuente de información para Facebook y para cualquiera que rebusque en esa gigantesca colección de fotos etiquetadas.

    Precisamente sobre este tema hablé también con un amigo y conocido, Daniel Cuñado (@danielcunado), un empresario que ya ha tratado este tema (y otros muchos) con detalle en su blog personal, y que se situaba en un punto intermedio. Compartir sí, pero aprovechando los filtros de privacidad. Su forma de publicar fotos es la que probablemente otro gran grupo de usuarios también adopta en este tipo de escenarios:

    En Facebook limito la difusión a “amigos”, para controlar su alcance. En Instagram tengo un perfil privado, y sólo doy acceso a seguirme a personas que conozco previamente (por cierto, mis seguidores en Instagram suelen ser conocidos de redes sociales, más que familia y amigos, así que tampoco comparto gran cosa por ahí, sólo alguna foto que tenga algún valor “artístico” dentro de mis escasas habilidades).

    En Flickr archivo las fotos no en modo público sino privado y tengo los álbumes compartidos estrictamente con familia cercana, muy pocos. Y en Google+ he compartido muy ocasionalmente alguna foto con círculos familiares o incluso más a nivel usuario concreto.

    Esa publicación “controlada” en privado es una alternativa que probablemente combine lo mejor de ambos mundos. Evita publicar “en abierto”, algo que tal y como el propio Daniel explicaba, no acaba de gustarle: “Alguna vez en el pasado puse alguna foto en abierto en Twitter, pero posteriormente las he borrado porque me empezó a incomodar que cualquier desconocido pudiera acceder a ella. No lo he vuelto a hacer ya ni lo haría ahora.”

    Precisamente en el tema del etiquetado de fotos Daniel se mostraba especialmente preocupado, y lanzaba su reflexión al respecto:

    Sí me incomoda el que algunos usuarios de Facebook se pueden poner a publicar fotos tuyas con niveles inapropiados de seguridad. Tengo activada la opción de revisar los etiquetados que me hagan, para impedir que me etiqueten a la ligera, pero lo que no puedo evitar es que alguien publique una foto en la que una de mis niñas aparezca y que a lo mejor está en abierto.

    Falta quizá una posibilidad de “denunciar” fotos aunque por un lado comprendo la complejidad técnica de esto (que alguien verifique si realmente otro usuario está haciendo un uso indebido) y luego está el factor “mal rollo” que uno quiere evitar con los amigos de las redes sociales. De hecho más de una vez he tenido que tolerar que alguien me etiquete sin que me haga mucha ilusión por no quedar mal.

    Pero con todo y con eso, el balance de Daniel con respecto a Facebook era bueno, algo singular para alguien como el que suscribe este artículo. A menudo no logro evitar que la red social creada por Zuckerberg surja como ejemplo de todo lo que yo no haría en una red social, cuando sí es evidente que Facebook, con sus luces y sus sombras —de todo hay—, ha sido y es una herramienta fundamental de comunicación para cientos de millones de personas. Daniel lo apostillaba muy bien en su último comentario:

    Lo único que sí quiero decirte, desde mi perspectiva personal, es que aunque Facebook tiene toda la mala fama, yo valoro muy positivamente que con el paso del tiempo las herramientas de privacidad son cada vez más personalizables y accesibles. Es fácil establecer quién quieres que vea cada foto o publicación que haces.

    Otra cosa es que te dé pereza hacerlo o que desde el móvil tienes que haber previamente creado una lista de difusión para aplicar criterios más restrictivos de cara a compartir las fotos. Pero me parece que hay un pelín de alarmismo en estos temas.

    Soy un orgulloso papá que no comparte fotos de sus niños

    Pero claro, también tenemos el otro caso: el del padre (o madre) al que no le gusta compartir fotos en Internet de sus hijos. Como comentaba al principio, yo estoy en este último grupo: soy muy celoso de mi privacidad, y no me gusta compartir en Internet detalles de mi vida (nunca vi útil para mi, por ejemplo, servicios como Foursquare) salvo con amigos y familiares.

    Javi

    Los argumentos son otros en el caso de Ángel Benito (@albero), gestor de contenidos de El Rincón del Vago y que es además consultor sobre temas legales de Internet en diversas empresas. Esta última faceta era la que más incidía en su percepción de este tema, y como comentaba, “todas las posturas son respetables y he de reconocer que la mía se basa en una concepción a lo mejor excesivamente legal, que es también mi profesión“. Ángel nos ponía en situación rápidamente:

    El derecho a la propia imagen es uno de los más protegidos por nuestro ordenamiento jurídico y puede conllevar que ciertas cuestiones sobre el honor, la intimidad y la propia imagen de los menores de edad tengan que pasar por el Ministerio Fiscal, por ejemplo en caso de desacuerdo entre padres. […] Conozco casos de padres divorciados que han comenzado a visitar a sus abogados para que el convenio regulador recoja aspectos relativos a imágenes de hijos menores en redes sociales, o que directamente han acudido al juez alegando incumplimiento del convenio.

    Este tipo de cosas son las sin duda pueden comenzar a que uno se replantee qué hacer al respecto cuando quiere publicar fotos de su hija en Internet. Ángel deja claro que no tiene ningún tipo de aversión a la tecnología —está inmerso en ella profesionalmente—, y que de hecho comparte algunas fotos de sus hijos de forma privada, “principalmente vía correo electrónico“. Eso sí, su intención de no compartir esas fotos también se la transmite a sus allegados: “Igualmente suelo pedir a familiares y amigos que, a su vez, no difundan imágenes de mi hija en entornos abiertos o cuya repercusión viral no controlen“.

    La explicación que nos daba Ángel era tan válida como la aproximación anterior de Raúl, y en este caso, eso sí, la propia formación y profesión dejaban claro que tenía muy en cuenta la protección de los derechos de su hija:

    Ello se debe a mi creencia de que la imagen de su hija pertenece al círculo más íntimo de su personalidad, algo sobre lo que ni siquiera yo, su padre, debería decidir, a no ser que sea para proteger sus derechos. La patria potestad me confiere la tutela pero no la titularidad de los derechos de mi hija. Puedo velar por su imagen ante terceros hasta su mayor edad, pero no estoy legitimado para exponer esa imagen en actos banales de conversación diaria en mis redes como presumir de lo guapa que es mi hija, o hacer prácticamente una fotonovela de su vida en tiempo real.

    Más contundentes aún son esos argumentos cuando Ángel nos ofrece una pequeña clase magistral sobre el estado de la legislación al respecto. Mis disculpas por la inclusión total del párrafo, algo farragoso por sus términos legales, pero todo él es importante por tratar el tema con detalle:

    En el derecho español, los derechos del menor en el ámbito del honor, la intimidad y la propia imagen gozan de una defensa privilegiada. Estas cuestiones están reguladas por la Ley Orgánica 1/1982, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. En su artículo 3 dice que “el consentimiento de los menores deberá prestarse por ellos mismos si sus condiciones de madurez lo permiten…”.

    Si esas condiciones de madurez aún no se dan en el menor en cuestión, el consentimiento ha de otorgarse por los padres mediante escrito, pero con obligación de poner en conocimiento previo del Ministerio Fiscal ese consentimiento que se proyecta dar. Si el Ministerio Fiscal se opusiese a ese consentimiento que quieren dar los padres sobre estos derechos íntimos de los hijos (el honor, la imagen…), en definitiva debe resolver el Juez.

    Esto nos da un poco la dimensión de estos derechos. En igual sentido se manifiesta la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de protección jurídica del menor. En algunas legislaciones extranjeras el requisito del “consentimiento del menor” es también clave a la hora de poder comunicar su imagen.

    Niños (y padres) famosos gracias a Internet

    En todo este debate sobre las implicaciones de publicar o no fotos de nuestros hijos en Internnet existen otro singular efecto colateral: en ciertos casos, la publicación de esas fotos se ha convertido en un fenómeno viral y, como veremos, en un escaparate profesional.

    Kristin y Kayla

    El mejor ejemplo de ellos es probablemente el caso de Jason Lee, el célebre fotógrafo que aprovechó su calidad como fotógrafo de niños para crear un blog sencillamente prodigioso en el que las protagonistas no eran otras que sus hijas, Kristin y Kayla. Las imágenes de estas dos pequeñas se han convertido en todo un éxito en Internet por su frescura, su gracia y su calidad, y hacen que muchos padres aficionados también a la fotografía nos planteemos emular algunas de esas capturas imposibles.

    En el caso de Reasons My Son Is Crying (“Razones por las que llora mi hijo”), la idea es algo distinta, pero igualmente efectiva: un padre comenzó a publicar en Tumblr imágenes de todos los momentos en los que su hijo lloraba con un pequeño pie de foto. Como era de esperar, esas fotos eran frecuentes, y poco a poco el boca a boca fue haciendo que el pequeño blog se convirtiera en otro fenómeno viral en Internet. Tanto es así que Greg Pembroke, el padre que creó el blog, comenzará a vender dentro de una semana en Amazon un libro con las mejores fotografías del proyecto desde que éste comenzó.

    En ambos casos vuelve a surgir otro debate: ¿se están aprovechando los padres de forma poco ética de sus hijos? ¿Estamos ante otro caso de pequeñas miss Shunshine? Las suspicacias pueden surgir pero, como en casi todo, hay argumentos válidos para defender ambas posturas.

    Conclusión: Internet solo es el medio

    Probablemente toda esta reflexión y los argumentos de Raúl, Ángel y Daniel hayan servido para acercar posturas. Los argumentos son realmente convincentes en todos los casos, y seguramente hayan logrado resumir el sentir de buena parte de vosotros, nuestros lectores, y del resto de usuarios de Internet en este tipo de escenarios.

    Lo que sí queda claro, sea cual sea la postura que toméis, es que como en tantos otros aspectos de nuestra vida, Internet (y las redes sociales) es solo una herramienta: que las usemos de una forma u otra depende de nosotros. Lo importante es, por supuesto, que eso nos compense.

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    <![CDATA[Tamaño del sensor y calidad de la cámara del smartphone: todas las claves]]> http://www.xataka.com/moviles/tamano-del-sensor-y-calidad-de-la-camara-del-smartphone-todas-las-claves http://www.xataka.com/moviles/tamano-del-sensor-y-calidad-de-la-camara-del-smartphone-todas-las-claves Thu, 03 Oct 2013 09:19:59 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin Lumia 1020

    Una de las características de los smartphones más apreciadas por buena parte de los usuarios es su «habilidad» a la hora de tomar fotografías. De eso no cabe la menor duda. De hecho, las principales firmas en liza en este sector han realizado un esfuerzo muy importante, sobre todo durante los últimos tres años, para mejorar las prestaciones de sus teléfonos inteligentes en este escenario.

    Basta echar un vistazo a los últimos smartphones que han presentado Sony y Nokia, los modelos Xperia Z1 y Lumia 1020 respectivamente, y cuyos análisis podéis leer en Xataka, para darse cuenta de que los fabricantes ya han conseguido poner a punto soluciones capaces de mirar de tú a tú a muchas cámaras compactas de gama media, e, incluso, media/alta.

    Mucho en común con las cámaras

    El hardware que hace posible la toma de instantáneas con un smartphone está conformado por los mismos elementos que podemos encontrar en una cámara fotográfica. Grosso modo, incorpora un bloque óptico u objetivo que se responsabiliza de confinar la luz visible y transportarla sin provocar distorsiones ni aberraciones cromáticas hasta el dispositivo encargado de la captura de la imagen. En las cámaras digitales esta última función la realiza el sensor, mientras que en las cámaras analógicas tradicionales aún hoy se emplea una película imprimada con un baño de sales de plata sensibles a la luz.

    El bloque óptico incide decisivamente en la calidad de nuestras instantáneas

    Una vez que los fotones han incidido sobre el sensor (la luz es una forma de radiación electromagnética conformada por partículas que reciben este nombre), este sofisticado dispositivo se encuentra en disposición de generar, como veremos un poco más adelante, una imagen digital. Justo a continuación será procesada por el software integrado en el smartphone, aunque, si lo deseamos, los usuarios también podemos intervenir en esta manipulación.

    El auténtico reto al que los fabricantes de smartphones han tenido que enfrentarse para poner a punto soluciones capaces de tomar fotografías de calidad está propiciado por las reducidas dimensiones del chasis de los teléfonos móviles inteligentes. Y es que tanto el tamaño del sensor como el volumen de la óptica o el objetivo están condicionados por la superficie y el grosor del smartphone. Aun así, el abanico de teléfonos móviles capaces de capturar instantáneas con solvencia al que podemos acceder actualmente es extenso.

    Los sensores CMOS son los más utilizados actualmente por los fabricantes

    Del CCD al CMOS, un gran paso

    Para comprender con claridad la importancia crucial que tiene la luz presente en nuestro entorno cuando tomamos una fotografía, es necesario que repasemos cómo funcionan los sensores de imagen de nuestras cámaras fotográficas y smartphones.

    Un sensor de imagen es una matriz o cuadrícula de pequeñísimos dispositivos electrónicos sensibles a la luz, conocidos como fotorreceptores, fotosensores, o, sencillamente, celdas (a lo largo del post utilizaremos esta última denominación porque a todos nos resulta más familiar). En el ámbito que nos ocupa debemos destacar dos tipos de sensores: los CCD (Charge-Coupled Device) y los CMOS (Complementary Metal Oxide Semiconductor). Existen más variantes, casi todas ellas diseñadas para aglutinar en un mismo dispositivo las ventajas de las dos tecnologías que acabamos de reseñar, pero las más importantes son, sin duda, estas dos implementaciones y sus derivados.

    Hace una década los sensores más utilizados por los fabricantes de cámaras digitales eran los de tipo CCD. Estos dispositivos ofrecen una elevada calidad de imagen gracias, sobre todo, a su amplia gama dinámica y reducido índice de generación de ruido. Sin embargo, su compleja fabricación provoca que sean caros. Además, se calientan sensiblemente, por lo que es necesario refrigerarlos mediante soluciones ingeniosas, como sistemas de disipación que recurren al Efecto Peltier, y, a menudo, voluminosas. Otra desventaja que debemos tener presente consiste en que los sensores CCD están cargados eléctricamente, lo que provoca que se adhieran a ellos con facilidad las partículas de polvo.

    La fabricación de los sensores CCD es compleja, lo que incrementa sensiblemente su precio

    Los CMOS BSI permiten tomar instantáneas de calidad y reducido ruido en ambientes con poca luz

    Los dispositivos CMOS han evolucionado mucho durante la última década. Tanto que la mayor parte de las ventajas de las que presumían entonces los sensores CCD se han desvanecido. De hecho, la mayor parte de los fabricantes se ha decantado por ellos. Y es que su fabricación es más sencilla (lo que reduce sensiblemente su precio), consumen un 75% menos energía que los sensores CCD y se calientan menos, por lo que no es necesario poner a punto los complejos sistemas de refrigeración que exigen estos últimos. Pero esto no es todo. Además, se les puede dotar sin dificultad de la capacidad de procesar las imágenes en el interior del propio sensor, y son programables, por lo que pueden comportarse de una forma similar a los chips de procesamiento de propósito general que gobiernan cualquier ordenador.

    El desarrollo que han experimentado los sensores CMOS durante los últimos años ha propiciado la puesta a punto de derivados cuyas características resultan idóneas para el ámbito de la fotografía digital. Una de las variedades de dispositivos CMOS más utilizada en los smartphones de última generación con «aspiraciones fotográficas» son los sensores BSI (Back-Illuminated Sensor).

    Los sensores BSI se utilizaron inicialmente en la astrofotografía debido a su elevada sensibilidad

    Estos dispositivos se diferencian de los sensores CMOS convencionales en la forma en que están dispuestas cada una de las celdas que conforman la matriz. Esta peculiar distribución de las celdillas los habilita para capturar más luz incluso en entornos con muy poca iluminación, lo que nos permite tomar instantáneas de calidad y reducido ruido en ambientes con poca luz.

    El sensor de imagen con más detalle

    Nuestro propósito es comprender con claridad la importancia que tiene la luz siempre que utilizamos nuestro smartphone para tomar una fotografía, por lo que necesitamos indagar un poco más en el interior del sensor de imagen.

    Como hemos anticipado, la distribución de las celdas sensibles a la luz de los sensores incide claramente en su sensibilidad. Esta propiedad mide la cantidad de luz que un dispositivo es capaz de capturar, una característica decisiva en entornos poco iluminados. Es muy importante que recordemos que una cámara de fotos, sea dedicada o integrada en un smartphone, es un ingenio capaz de apropiarse de la luz reflejada por los objetos de nuestro entorno. Por esta razón, cuanta más luz sea capaz de capturar, más precisa y verosímil será la «descripción» del mundo real que es capaz de elaborar.

    Los ingenieros especializados en el diseño de los sensores de imagen no dejan de elucubrar para encontrar nuevas distribuciones de las celdas capaces de maximizar la sensibilidad real de sus soluciones, que suele coincidir con el valor ISO mínimo admitido por la cámara o el smartphone. Existen sensores con distribución de las celdas lineal, trilineal, en array múltiple, etc. Sin embargo, lo que a nosotros más nos importa ahora mismo es conocer cómo trabaja cada uno de esos minúsculos elementos.

    La captura del color se realiza aplicando un filtro rojo, verde y azul a cada celda

    Resulta fácil intuir que el número de celdas sensibles a la luz que incorpora un sensor coincide con la cantidad de píxeles o puntos que conformarán las imágenes tomadas por este. Y, a su vez, este último valor nos indica su resolución, que solemos expresar como el resultado del producto que obtenemos al multiplicar el número de filas por el de columnas de la matriz o cuadrícula. Dado que los smartphones actuales incorporan sensores conformados por millones de esas celdas, la unidad de medida que empleamos para indicar la resolución es millones de puntos o megapíxeles.

    Pero lo más interesante es conocer qué habilidad tiene realmente cada una de esas ínfimas celdillas. Como hemos visto antes, la luz visible es una forma de radiación electromagnética conformada por fotones, que son partículas con masa cero que tienen una peculiaridad muy interesante: en unas ocasiones se comportan como una partícula, y en otras como una onda.

    Los fotones tienen una peculiaridad: unas veces se comportan como partículas, y otras como ondas

    La misión fundamental de cada una de esas pequeñas celdas no es otra que «contar» de la forma más minuciosa posible el número de fotones que incide sobre su superficie. Esto les permite generar un voltaje proporcional al número de partículas incidentes y, por lo tanto, proporcional también a la cantidad de luz que han recibido.

    El tamaño importa, y mucho

    Si nos detenemos un momento y repasamos lo que hemos revisado hasta ahora, resulta fácil intuir que el número de fotones que una celda del sensor es capaz de «contabilizar» es directamente proporcional a su superficie. Esto significa que una celdilla de un cierto tamaño podrá capturar más fotones que otra de idéntica arquitectura, pero menor tamaño.

    Unos párrafos más arriba en este mismo post hemos repasado la importancia de la luz como materia prima que nos permite «describir» una imagen de una forma verosímil. Si somos capaces de capturar con nuestra cámara más luz, dispondremos de más información para recrear la escena que estamos intentando «congelar» de forma fidedigna. Y, para capturar más luz, además de una óptica de calidad, necesitamos que las celdas de nuestro sensor de imagen tengan la mayor superficie posible.

    En un smartphone es más importante el tamaño físico del sensor que su resolución

    Si comparamos dos sensores que incorporan el mismo número de celdas fotosensibles, pero la superficie de las celdas de uno de ellos es mayor que las del otro, el sensor dotado de las celdas más grandes tendrá mayor superficie global. Por esta razón, podrá «capturar» más fotones o, lo que es lo mismo, «atrapar» más luz. Otra forma quizás más inteligible de definir la misma idea consiste en que, dado un número fijo de megapíxeles (recordemos que una celda equivale a un píxel), el sensor que tenga un tamaño mayor proporcionará mejor calidad de imagen que otro con la misma resolución o número de celdas, pero de menor tamaño.

    Las dimensiones físicas del sensor de nuestro smartphone determinan su capacidad a la hora de capturar la luz

    Por supuesto, no sería justo juzgar la habilidad de un smartphone o una cámara de fotos durante la toma de fotografías solo por su resolución y el tamaño del sensor. Estos dos parámetros son esenciales, como hemos visto, pero la calidad del bloque óptico u objetivo también lo es, pues una lente mal acabada puede arruinar una fotografía a priori estupenda introduciendo aberraciones cromáticas y distorsión.

    De hecho, en términos estrictamente cualitativos, es más importante el tamaño físico del sensor que su resolución o número de celdas. Y es que una unidad de gran tamaño y, por lo tanto, capaz de capturar mucha luz, puede permitirnos tomar fotografías de más calidad que otro sensor con más resolución, pero de inferior superficie.

    Esta es, precisamente, la filosofía que ha esgrimido HTC en su actual smartphone tope de gama, el modelo One, al equiparlo con una cámara de tan solo 4 megapíxeles. Y también la misma política que ha defendido Apple al dotar a su último y más sofisticado iPhone, el modelo 5s, de un sensor de 8 megapíxeles, que, por lo tanto, es capaz de generar el mismo número de píxeles que su predecesor, el sensor instalado en el iPhone 5. Eso sí, el tamaño físico del sensor del iPhone 5s es mayor que el del iPhone 5.

    Frente a los smartphones de HTC y Apple tenemos varias opciones que han seguido un camino radicalmente distinto. Dos buenos ejemplos, equipados ambos con sensores de 13 megapíxeles, son el Xperia Z de Sony y el Galaxy S4 de Samsung. Pero la comparación es aún más llamativa si introducimos en este «duelo» al novísimo Xperia Z1 de Sony y su sensor de 20,7 megapíxeles. O, incluso, alguno de los terminales de Nokia equipados con las tecnologías PureView Pro, como los smartphones 808 PureView o Lumia 1020 (ambos modelos tienen un sensor de nada menos que 41 y 40,1 megapíxeles respectivamente fabricado para Nokia por Carl Zeiss).

    Presumiblemente, el próximo 15 de octubre averiguaremos si el One Max, el smartphone premium de gran formato que está a punto de lanzar HTC, sigue respetando esta política, pero los rumores vaticinan que sí lo hará.

    El HTC One incorpora un sensor de solo 4 megapíxeles, pero su tamaño es muy respetable

    Tú tienes la última palabra

    La conclusión a la que hemos llegado no debe invitarnos a menospreciar la resolución o el número de celdas del sensor de nuestro próximo smartphone. Lo más sensato es darle la importancia que merece, que no es otra que sopesar el uso que vamos a dar a nuestras fotografías. Si habitualmente solo las disfrutamos en las pantallas de nuestro smartphone, ordenador o televisor, e imprimimos alguna instantánea en pequeño formato de forma esporádica, nos bastará con disfrutar unos pocos megapíxeles, como los 4 que nos ofrece el HTC One y del que dimos buena cuenta en su análisis.

    Si, por el contrario, necesitamos imprimir con frecuencia nuestras mejores instantáneas, bien por motivos profesionales, bien por afición, lo ideal es contar con un sensor con una resolución elevada, o, lo que es lo mismo, muchos megapíxeles. De esta forma, el dispositivo de impresión que utilicemos dispondrá de suficiente información para recrear de manera fidedigna la composición, plasmando en cada pulgada de papel un número lo suficientemente elevado de puntos como para evitar que el ojo humano pueda apreciarlos de forma aislada.

    El novísimo Xperia Z1 de Sony incorpora un sensor Exmor RS de nada menos que 20,7 megapíxeles y 1/2,3 pulgadas

    No obstante, si nos decantamos por un smartphone equipado con un sensor de alta resolución o muchos megapíxeles, es muy importante que valoremos el tamaño físico de este último componente. Y es que un sensor de imagen conformado por muchos millones de celdillas de pequeño tamaño nos ofrecerá probablemente capturas de peor calidad que otro con menos celdillas, y, por lo tanto, menos megapíxeles, pero dotado de celdas de mayor tamaño.

    ¿Nuestro consejo? Sopesad detenidamente vuestras exigencias y hábitos de uso, y elegid el smartphone cuyas prestaciones fotográficas se adecuen mejor a vuestras necesidades teniendo presente lo que os hemos explicado en este post. Si nunca imprimís vuestras fotos en gran formato y no sois los afortunados poseedores de una tele 4K (cuyo panel incorpora aproximadamente 8 millones de puntos), un smartphone con un sensor de 4 megapíxeles, pero de gran tamaño «físico», como el HTC One, será una gran elección.

    Si, por el contrario, necesitáis imprimir fotos en papel de grandes dimensiones y queréis preservar el máximo nivel de detalle posible, optad por un smartphone equipado con un sensor de alta resolución o muchos megapíxeles, como cualquiera de los últimos modelos de Samsung, Nokia o Sony. Pero no olvidéis evaluar, antes de elegir uno, el tamaño «físico» del sensor, y quedaos con el más equilibrado.

    ¿Cuál será vuestro próximo smartphone «fotográfico»?

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    <![CDATA[Apple y los nuevos iPhone ¿son sólo negocios?]]> http://www.xataka.com/analisis/apple-y-los-nuevos-iphone-son-solo-negocios http://www.xataka.com/analisis/apple-y-los-nuevos-iphone-son-solo-negocios Tue, 10 Sep 2013 06:00:26 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin Low cost iphone

    “Un iPhone barato”, “un iPhone low cost”. Es difícil escapar al rumor y la predicción que pedíamos hace dos años y que, con todas las reservas, parece que vamos a tener este 2013. De hecho, si las filtraciones de las características técnicas del iPhone 5S y 5C son ciertas, creo que el dato más interesante de toda la presentación va a ser el precio que Apple marque para el segundo.

    Y es que por mucho que se espere un “smartphone barato” el escenario más probable habría que leerlo como el del “iPhone menos caro“. En cualquiera de los dos casos la pregunta es “¿por qué?” o, mejor dicho, “¿por qué ahora y no hace dos años cuando ya se veía el crecimiento de Android en el segmento?“. Y luego otra cuestión ¿es acertado el diagnóstico de Apple y el tener otro modelo más competitivo en precio suficiente?

    De mercados emergentes, sensibilidad al precio y efecto red

    Hay decenas de indicadores para elaborar un diagnóstico, desde cuota de mercado mundial hasta los números de Android en China, sin olvidar el crecimiento de Windows en Latinoamérica para tener un diagnóstico en el que no debería faltar la aparente buena salud de Apple en Estados Unidos y otros mercados como Reino Unido.

    Simplificando algo la situación podríamos resumir que Android es el sistema con mayor crecimiento en todo el mundo, con un comportamiento superlativo en mercados emergentes. Apple sigue creciendo en ventas pero no en cuota de mercado, mientras se asiste a un ligero crecimiento de Windows Phone mientras Blackberry sigue en caída libre y a Symbian se le da por amortizado. Parte de la justificación de este escenario para Apple radica en sus relaciones tirantes con las operadoras en algunos países (probablemente su próximo evento en China esté relacionado con ellas), pero el mayor motivo está en el precio.

    Apple iphone

    Lo que ha logrado Android – y Windows Phone cada vez más con la gama del 520 y 620 de Nokia – es algo “suficientemente bueno” a un precio accesible, alejado de los casi 700 euros que cuesta de partida un nuevo iPhone. Esta sensibilidad al precio no es exclusiva de los países emergentes, el crecimiento de los Samsung, HTC, LG y compañía en países como España está justificado no sólo por grandes teléfonos franquicia sino también por ser capaces de poner en las tiendas una gama completa de productos.

    La cuota de mercado es también importante porque el efecto red es relevante de cara a futuro

    Hay quienes apuntan que a Apple todo esto no le debería importar. Que son los que más ganan por producto, que su sitio está en la gama más alta, que son la empresa más rica del sector y que estas peleas de cuotas es “cosa de pobres”. Creo que es un error, la cuota de mercado es también importante porque el efecto red es muy relevante de cara a futuro. Más usuarios conociendo mi sistema (con resistencia al cambio), más usuarios con aplicaciones y servicios contratados sobre él, más demanda para los desarrolladores (véase en Asia), más posibilidades de economías de escala (disminución de coste de fabricación por unidad). Para una plataforma crecer en un entorno donde otras tiene el 90% es muy pero que muy difícil, que se lo digan a Microsoft con Windows Phone o a la propia Apple con Mac OS frente a Windows.

    Lo que hoy es una ventaja para Apple para que muchos desarrolladores prioricen iOS frente a Android puede empezar a tornarse en lo contrario. Si eres un desarrollador enfocado al mercado chino, resulta una elección mucho más difícil dar prioridad a la plataforma de Apple.

    Gamas en Apple y precio del iPhone 5C

    Con esto volvemos al tema del precio del iPhone 5C como la gran noticia de la presentación, no sólo por entender cómo de competitivo puede ser respecto a la competencia sino por su potencial “canibalizador”

    Que Apple para una misma categoría puede tener productos de distintas gamas y precios es algo patente en líneas como los ordenadores personales, iPod o iPad. En todos ellos hay los que están en el tope de gama y luego se encuentran otros más accesibles que sacrifican algunas características. Sin ir más lejos, que iPad Mini no trajese pantalla con resolución “retina display” habría que interpretarlo en esta clave: la tecnología la tenían desde hace tiempo, estaba en la gama de iPad, pero con el Mini y ante el empuje de los tablets Android de menor tamaño, prescindieron de ella.

    iphone 5C colores

    Llevado al mercado de los smartphones y viendo China como el gran desafío – allí actores como Xiaomi juegan fuerte en calidad precio con productos como Mi3 – algo competitivo debería acercarse más a los 300 dólares para acabar presentando un gama media. Aún así tendrían una competencia feroz con equipos de precio equivalente y grandes características hardware (Apple competiría con diseño, marca y experiencia global del producto), hay analistas que señalan que la verdadera competencia en China empieza bajando de los 200 dólares, pero esto parece un salto abismal teniendo en cuenta de donde parten los actuales iPhone.

    El tema del precio del iPhone 5C sobre todo nos podría decir qué es lo que más le preocupa, qué mercado es prioritario para ellos y cuáles creen que son las causas de su inquietud

    En el otro lado, algo muy agresivo en precio por un lado rompería la estrategia de la casa de pocos productos y altos márgenes por producto, además de presentarse como una vía rápida de canibalización. Dicho de otro modo, en los países donde iPhone sigue liderando y creciendo porque el mercado lo percibe como diferencial estarían comunicando la posibilidad de tenerlo por muchísimo menos precio. En este punto, Apple podría empezar a devorar sus mejores ventas para obtener otras no tan satisfactorias. Para evitar ese punto lo sensato sería que el nuevo modelo tuviese diferencias marcadas de calidad respecto al tope de gama – ese presunto iPhone 5S – y que en todo caso estuviese en la horquilla de los 400-500 dólares.

    Otro mundo que se le resiste a la empresa dirigida por Cook es la empresa, para la que su falta de flexibilidad y el mantenerse en el precio tope con iPhone no ayudan. En conjunto, la decisión de precio no es para nada fácil si planteamos la difícil conciliación de negocio (márgenes altos, entrar en China y otros países, efecto red global, no canibalizar) y producto (ofrecer una calidad y producto que mantengan el nivel de la marca iPhone). Una idea sería que el número de terminales a presentar se fuese a tres para conciliar los tres escenarios o que el iPhone 5 bajase todavía más de precio, pero esta es una estrategia “a lo Samsung” en la que sería difícil encontrar a Apple.

    Mi impresión es que si alguien no tiene miedo a canibalizarse es Apple. Ya lo hace con las ventas de iPad que aceleran el descenso de ventas de portátiles y lo mismo podríamos pensar de iPad Mini respecto a iPad. El tema del precio del iPhone 5C sobre todo nos podría decir qué es lo que más le preocupa, qué mercado es prioritario para ellos y cuáles creen que son las causas de su inquietud.

    iPhone 5C, tamaño de pantalla y el diagnóstico de Apple

    Si hace un par de años uno pensaba que Apple tenía que sacar un modelo más económico si quería frenar algo el crecimiento de Android, hoy no sólo sigo convencido sino que creo que no es suficiente. Hay un perfil que los analistas más “pro Apple” difícilmente ven o valoran y es el de los usuarios que prefieren otras opciones por ver un mejor producto en la competencia y no sólo por precio.

    Quizás porque uno se ha movido en Android los últimos años, creo que hay un aspecto con el que de nuevo van tarde. Se trata del tamaño de pantalla. Con iPhone 5S y iPhone 5C algo que Apple también logra es unificar en sus últimos modelos el tamaño de cuatro pulgadas, algo que puede redondear sacando de la venta los más pequeños. Con este movimiento la justificación de dos terminales ahora es también tecnológica, reducir la fragmentación para que los desarrolladores tengan una única idea en la cabeza al desarrollar sus aplicaciones.

    Mi punto es que difícilmente me voy a mover a un teléfono menor de 4.7 pulgadas, por muy bueno que sea el iPhone 5S. Entiendo que hay un perfil de usuario que lo prefiere más pequeño – a menudo reclama gama alta a fabricantes Android de hecho – pero en mi caso cada crecimiento que he tenido en mis manos lo he recibido con escepticismo y luego lo he abrazado sin que haya posibilidad de marcha atrás. Es más, el producto que más ganas tengo de probar de aquí a final de año es el Note 3 de Samsung.

    Galaxy Note 3

    En todo caso, pronto vamos a salir de dudas. Quizás, quien sabe, la sorpresa venga por otro lado y el diagnóstico de Apple no se parezca demasiado a todo esto que hoy comentamos. Pero sí es en este debate en el que Apple se sitúa, la gran pregunta cuando tengamos el precio es ¿cuánto han recortado en tecnología en el 5C para justificar al usuario que puede que compre el 5S?

    Ya tenemos toda la información oficial sobre iPhone 5S y iPhone 5C con lo que la apuesta de Apple, de momento, está definida: ni gama baja ni gama media.
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    <![CDATA[Tesla Model S, prueba en vídeo]]> http://www.xataka.com/gadgets-y-coches/tesla-model-s-prueba-en-video http://www.xataka.com/gadgets-y-coches/tesla-model-s-prueba-en-video Thu, 22 Aug 2013 08:55:47 +0000 seleccionado por los expertos de txema-marin

    Si os gustan los coches, y en particular los nuevos modelos que tal vez estén anticipando cómo puede ser el futuro del automóvil, no podéis perderos la prueba en vídeo que hemos realizado del Tesla Model S, un coche eléctrico con 422 CV y 500 km de autonomía. Hace unos días os contábamos cómo es eso de ponerse al volante de un coche que casi no tiene botones. Si queréis conocer detalles sobre su diseño, interior, acabados, opciones y maleteros, podéis leer la primera parte de la prueba en Motorpasión Futuro.

    Dentro de unos días os hablaremos también con más detalle por escrito de la pantalla táctil capacitiva de 17 pulgadas de la consola central, y os explicaremos mejor las funciones. Con respecto al vídeo, y para los más observadores, hay que aclarar que la unidad del Tesla Model S que hemos probado era para el mercado norteamericano, y aunque el coche es el mismo y no hay grandes cambios, el conector de recarga que aparece no es el mismo que el que trae en Europa.

    El coche para esta prueba ha sido cedido por Tesla Motors. Nuestro agradecimiento a Autos Dipesa en Ibiza por su amable colaboración. Para más información consulta nuestra política de relaciones con empresas.

    Vídeo | YouTube (WeblogsSL)
    En Motorpasión Futuro | Tesla Model S, prueba en Ibiza (parte 1)
    En Xataka | Tesla Model S, prueba. ¿Cómo es eso de conducir casi sin botones?

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