
Las compañías que se gastan miles de millones de euros en I+D para desarrollar nuevas y mejores versiones de células solares han tenido que quedarse con cara de poker al enterarse del descubrimiento de Aidan Dwyer. Este pequeño genio de 13 años ha dado con una idea que permite mejorar entre un 20 y un 50% la efectividad de las células solares tradicionales.
El secreto no es otro que la orientación, y la historia de cómo este jóven científico se dió cuenta es digna de una novela. Dwyer daba un paseo por los bosques de su localidad cuando reparó en que las ramas de los árboles sin hojas tenían todas una orientación y ángulos similares entre ellas.









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