
Con permiso de la Nikon D7000, para mí una de las cámaras no profesionales más a seguir de cara a una futura compra como franquicia (me refiero a esa cámara con la que uno debe asentarse y empezar a invertir en objetivos olvidándose por un tiempo de las novedades en los cuerpos), la Canon 60D y la Sony A55 son las dos cámaras más relevantes en lo que llevamos de año para el consumidor que busca una cámara de fotos réflex de iniciación-gama media con función avanzada de vídeo.
Obviando el tema fotográfico, donde la Canon 60D aporta músculo y fiabilidad marca de la casa, y la Sony A55 el enfoque veloz gracias a su innovador sistema de espejo translúcido que tanto nos gustó cuando la probamos en Berlín, vamos a pensar en un momento en estas cámaras solamente pensando en su función de vídeo.
Sobre el papel y mirando su hoja de características por encima, las prestaciones de ambas cámaras cuando grabamos vídeo son similares, incluso con la pantalla abatible como elemento extra. Pero en el fondo, son dos cámaras que conciben el vídeo de manera muy diferente, dejando muy claro de qué marca proviene cada una.












