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El hombre con una antena en la cabeza que quiere convertir a los humanos en cíborgs biológicos

El hombre con una antena en la cabeza que quiere convertir a los humanos en cíborgs biológicos
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Neil Harbisson nació viendo sólo dos colores: el blanco y el negro. Su enfermedad tiene un nombre, monocromatismo, pero hasta la fecha contaba con pocos remedios. ¿Cómo hacer que una persona que ha nacido incapaz de diferenciar el azul del rojo logre observar la panoplia de colores que disfrutamos los demás? Acudiendo a la tecnología, claro. De forma más concreta, fusionando los límites de la tecnología y del cuerpo humano. La respuesta de Harbisson a su enfermedad fue una antena auditiva atada a su cerebro. Si Harbisson no podía ver los colores, ahora podría oírlos.

Harbisson es un cíborg, en toda la extensión de su palabra, el primer ser humano fusionado genuinamente con la tecnología. Él se refiere a sí mismo como tal, y ha sido descrito por diversos medios de comunicación como el artista-cíborg, dado que sus obras de arte sólo pueden surgir como resultado de su particular condición, tan humana como tecnológica. En aras de buscar una solución a su particular enfermedad, Harbisson logró sobrepasar algunas fronteras cuya superación, no demasiado tiempo atrás, sólo parecía posible en los fértiles terrenos de la ciencia ficción.

¿Pero en qué consiste exactamente el hito de Harbisson? ¿Cómo es la tecnología que le permite no ver, sino oír los colores que sus ojos no son capaces de discernir?

"No uso tecnología, yo soy tecnología"

La condición de artista de Harbisson fue muy anterior al hallazgo tecnológico que le ha puesto hoy en boca de todo el mundo. De nacionalidad británica e irlandesa, Harbisson se crió y educó en Cataluña durante su infancia y juventud. Durante el curso de sus estudios, la totalidad de sus trabajos visuales eran producidos en blanco y negro por las obvias limitaciones de su enfermedad. No sería hasta 2004, ya mayor de edad y como estudiante de música en Inglaterra, cuando conocería a Adam Montandon y crearía Eyeborg, la antena atada a su cerebro que define su figura y condición.

La antena cuenta con un receptor externo siempre orientado allí donde se dirige la mirada de Harbisson. Más que verlos, Harbisson oye los colores, incluso los que no vemos

El funcionamiento de Eyeborg no es demasiado complejo. La antena cuenta con un receptor externo siempre orientado allí donde se dirige la mirada de Harbisson. Gracias a un pequeño chip, el aparato es capaz de traducir las distintas frecuencias de la luz, la composición de los colores del mundo real, en frecuencias audibles. Tales frecuencias se interpretan de diverso modo en el interior de su cabeza, de modo que Harbisson tenga la capacidad de "escuchar" los distintos colores de los que se compone la realidad.

Moon Moon Ribas y Neil Harbisson.

A grandes retos, grandes soluciones. Como es evidente, la antena de Harbisson y Montandon tiene mil posibilidades que van más allá de lo que el ojo humano puede percibir a simple vista. Tal y como explica nuestro propio protagonista, su cerebro es capaz de traducir las frecuencias audibles de los rayos ultravioletas o infrarrojos, algo para lo que el resto de seres humanos, con nuestra vista multicolor, no estamos capacitados. Es decir, ve más allá de los colores. "El ultravioleta me permite saber si es un buen o mal día para tomar el sol", comenta en el vídeo.

Harbisson aspira a poder potenciar aún más los recursos de su antena, traduciendo las frecuencias microondas, de los rayos X o de los rayos gamma

De cara al futuro, Harbisson aspira a poder potenciar aún más los recursos de su antena, traduciendo a nivel auditivo, y por tanto cognoscible, las frecuencias microondas, de los rayos X o de los rayos gamma. La aspiración es la de alcanzar una percepción infinita, en cierto paralelismo con Daredevil: a partir de una carencia visual, se explotan las posibilidades sensoriales de nuestro oído (aunque con una antena). Harbisson incluso se plantea percibir los colores del espacio, aquellos que no llegan a la Tierra, frecuencias que van más allá de nuestra percepción.

"No uso tecnología, yo soy tecnología". Su frase indica un estadio posterior a la simple condición humana, y una forma de relacionarnos con la tecnología que, ahora más que nunca, se inserta de forma cotidiana en nuestras vidas. Harbisson es el primer cíborg reconocido legalmente en Reino Unido, pero para el resto de nosotros la tecnología ha dejado de ser un accesorio lateral a nuestra existencia para pasar a convertirse en un elemento central de nuestra identidad.

El deseo de convertir al humano en cíborg

Harbisson, de hecho tiene claro que el futuro de la humanidad pasa por su total identificación con la tecnología. ¿Seremos todos cíborgs en un periodo no demasiado lejano de tiempo? Es complicado saberlo, pero la idea resulta estimulante. Inspirado por su propia experiencia personal, Harbisson creó, junto a Moon Rivas, la Fundación Cíborg. A través de ella, ambos pretenden estimular, apoyar y dar cobijo a todos aquellos humanos que deseen convertirse en cíborgs, promoviendo su reconocimiento legal, la investigación tecnológica e incentivando el arte y la expresión cíborg.

Neil Neil Harbisson, dando una conferencia.

Tal y como explican en su página web: "Nuestro trabajo está basado en la investigación, creación y promoción de trabajos dedicados a extender o crear nuevas sensaciones y percepciones utilizando la tecnología en el cuerpo humano". Es decir, seguir el camino ya trazado por Harbisson. La idea tiene cierto apoyo. No en vano, Harbisson recibió centenares de cartas de personas residentes en distintos puntos del planeta interesadas en su hallazgo tecnológico y en sus posibilidades.

La Fundación Cíborg nace con el objetivo de impulsar el "ciborgismo" y de defender los derechos de los cíborg, además de servir de punto de encuentro

"Creo que todos los humanos estamos en transición de convertirnos en cíborgs fisiológicos, creo que muchísima gente ya es un cíborg psicológico", cuenta Harbisson en el vídeo. Su fundación quiere servir de punto de enlace y de entrada para todos aquellos que, como él, quieran dar el paso del estadio psicológico al físico. Harbisson habla del "ciborgismo" como una corriente tanto ética como artística radicada en la fusión del cuerpo humano con la tecnología. Es interesante, en este sentido, observar sus trabajos de traducción al color de obras musicales clásicas de Beethoven y otros.

A partir de ahí, Harbisson se plantea la idea de los "derechos cíborg". A priori, estamos lejos de ello, pero ilustra quizá un dilema que en el futuro todos los estados deberán afrontar. ¿Qué estatus legal tendrán los cíborgs? ¿Cuál será su papel dentro de la sociedad? ¿Con qué derechos o limitaciones contarán? Preguntas que hace veinte años sólo podían plantearse películas o novelas de ciencia ficción y que ya están siendo formuladas en un plano moral y legal (aunque de forma minoritaria).

Luke En una galaxia no tan lejana.

Un aspecto diferencial y básico de la Fundación Cíborg, por otro lado, es su espíritu universal. Como Harbisson ha explicado en varias entrevistas, su propósito no sólo sirve a personas con discapacidades o con enfermedades, sino a todas aquellas interesadas en expandir sus posibilidades sensoriales a través de la tecnología. "Todos somos minusválidos si nos comparamos con un perro", afirma. De ahí que el paso lógico sea seguir evolucionándonos utilizando la tecnología como motor.

Harbisson quiere empezar a ofrecer "nuevos sentidos" a todo aquel que lo desee: retrovisión, sentido electromagnético y la oreja infrasónica. El objetivo, que quien quiera ser un cíborg pueda serlo

A través de una nueva compañía, Harbisson aspira a comenzar a crear nuevos sentidos para todos aquellos interesados en ello. En un principio, el objetivo es trabajar con tres sentidos: por un lado, la retrovisión, la posibilidad de observar qué tenemos a nuestras espaldas, aumentando nuestro campo visual; por otro, el sentido electromagnético, que nos permita orientarnos a la perfección; y finalmente, el de la oreja infrasónica, con el objetivo de percibir sonidos de muy baja frecuencia.

Cíborgs: ¿un futuro que ya es presente?

Pese al carácter revolucionario de la iniciativa de Harbisson, es evidente que la tecnología lleva mucho tiempo ayudando a personas enfermas o discapacitadas a llevar una vida más cómoda. No hace falta ofrecer ejemplos demasiado complejos: baste con pensar en cualquier familiar cercano cuyo corazón funcione con la ayuda de un dispositivo de asistencia ventricular.

Ironman El sueño de todo niño.

No sólo eso. El proyecto cíborg se centra específicamente en la percepción sensorial de nuestro mundo, pero este es sólo un aspecto lateral de nuestra existencia como seres humanos. La tecnología ha irrumpido con fuerza y con muy buenos resultados en otros campos de nuestro cuerpo, y pese a la carencia de un marco teórico que lo relacione con el futuro del ciborgismo, lleva años mejorando la vida de miles de personas. Nos referimos a las piernas o brazos biónicos, aquellas que permiten replicar partes de nuestro cuerpo perdidas por diversos motivos.

La tecnología no sólo ayuda a mejorar nuestra percepción sensorial, sino también a suplir partes de nuestro cuerpo que hayamos perdido

El caso de Hugh Herr es significativo. Reputado montañista y escalador, perdió sus piernas por problemas de congelación en una de sus muchas expediciones. Lejos de deprimirse o abandonar la práctica de su querido deporte, Herr se recompuso, estudió Física, obtuvo un graduado en biomecánica por el MIT y comenzó a diseñar sus propias protésis. Una vez perfeccionados y pulidos sus diseños, pudo volver a escalar con las mismas garantías que lo hacía anteriormente, o incluso con más.

Hay más ejemplos, algunos de ellos de especial fama. Por un lado, tenemos el Luke Arm, un brazo biónico ideado por Dean Kamen bautizado en honor de Luke Skywalker, a imitación y semejanza de la mano artificial que el joven jedi utiliza en la última de sus películas. Se trata de uno de los ejemplos más avanzados de robótica y tecnología biomecánica, siendo una reproducción muy exacta del funcionamiento de un brazo humano. Como es lógico, sus posibilidades para todas aquellas personas que hayan perdido una de sus extremidades son muy amplias y esperanzadoras.

Bionic

Por otro, y continuando la línea anterior que fusiona ciencia ficción y tecnología aplicada a los seres humanos comunes y corrientes, tenemos el brazo biónico inspirado en Iron Man. Fue ideado por Albert Manero, de The Collective Project y Limbitless Solutions, no tanto orientado a los soldados veteranos de guerra como a personas que, desde su nacimiento, contaran con malfuncionamiento o deformaciones en sus brazos. Tienen un perfil más bajo, buscando ser accesibles para familias de toda condición económica. El primer niño lo recibió de mano de Robert Downing Jr.

¿Está en marcha la transición al cíborg biológico?

O dicho de otro modo, ¿es cierta la idea que transmite Harbisson sobre la fusión última e inevitable del ser humano con su propia tecnología? ¿Somos tecnología, al fin y al cabo?

Es muy posible que así sea. Como apunta Amal Graafstra, un pionero investigador de microchips implantados en seres humanos, la idea de que sólo ahora el ser humano se esté sirviendo de la tecnología para aumentar sus posibilidades, para alcanzar superiores metas, para obtener mayores recursos, es falsa. Lo llevamos haciendo desde el principio de la humanidad: lo único que cambian son las herramientas, cada vez más pequeñas y complejas, pero no el propósito. "Es el transhumanismo, el transformar de forma constante y fundamental la condición humana".

Deka El "Luke Arm" de Deka.

Y sus aplicaciones técnicas y prácticas en nuestro día a día no se limitan, ni mucho menos, al campo de lo biónico. Estamos imbricados con nuestra propia tecnología. Tal y como señala esta investigación de Peter H. Kahn Jr., Rachel L. Severson y Jolina H. Ruckert, académicos de la Universidad de Washington, nuestra percepción de la naturaleza, del mundo exterior, está ahora influenciada por dispositivos electrónicos y tecnológicos de toda clase. Lo que consideramos normal en términos naturales es distinto a lo que consideraban nuestros abuelos. Es generacional.

Y por ello mismo, es posible creer que en el futuro lo humano, lo natural sea estar conectados a aparatos biónicos que mejoren o alteren para siempre nuestra percepción del mundo y nuestra experiencia sensorial. O a otros dispositivos que supongan ventanas a rincones del planeta que jamás podremos visitar... como las televisiones. Nuestra forma de percibir e interactuar con la naturaleza se ha modificado, como señala el propio Kahn Jr. en este otro artículo no sin pesimismo.

En última instancia, incluso nuestras relaciones sociales han sufrido una revolución sin precedentes con la eclosión de las redes sociales. Es posible hablar de ciberpsicología en tanto que nuestra relación con el medio tecnológico también influye en nuestra forma de ser. Sobre si ese camino ha de llevarnos al transhumanismo y a la condición post-humana, en un mundo donde la tecnología es inseparable de nuestro propio ser, es otra cuestión, una más filosófica quizá, y una que aún no podemos responder. Hasta entonces, los cíborg han llegado para quedarse.

Imagen | Ekso Bionics, re:publica

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