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Ericsson T68m

Bienvenidos de nuevo a este tren del tiempo con destino al futuro. Mientras Matrix cautivaba a toda una generación en los cines, los afanosos chicos de Ericsson por fin veían los frutos de la tecnología que crearon en 1994, algo que probáblemente os suene llamado Bluetooth.

Superado el año 2000 sin que los ordenadores destruyeran el mundo, Ericsson anuncia el primer móvil con Bluetooth, el Ericsson T36. Poco antes de su lanzamiento, la compañía cancela el proyecto para recuperarlo en 2001 con la joya que nos toca hoy, el Ericsson T68m.

El T68m no sólo es el primer móvil en comercializarse con conectividad Bluetooth. También es el primero en dar el salto a las pantallas completamente a color. Concretamente equipaba un panel CSTN de 101×80 píxeles y 256 colores. Con un formato diminuto de 141 × 48 × 19.5 milímetros y un peso de 84 gramos, el T68m también incorporaba navegación WAP.

El móvil que nació dos veces

El Ericsson T68m tuvo la desgracia o la suerte de nacer poco antes de que Ericsson y Sony unieran sus fuerzas ese mismo año. La nueva compañía retomó el termninal en 2002 y lo convirtió en el Sony Ericsson T68i. Aparte de un cambio estético en los colores, el T68i permaneció inalterable en sus características.

Lo que si cambió fue el software, que incluía algunas mejoras en el cliente de correo y ese es precisamente el dato crucial. Sony Ericsson decidió que las mejoras del T68i fueran accesibles a los usuarios del T68m mediante la que probablemente fuera la primera actualización de software en un teléfono de la historia.

Sony Ericsson T68i

En 2000, Sharp lanzó el Sharp J-SH04, considerado el primer móvil con cámara, pero su distribución no pasó de Japón. El T68i no tenía cámara. En su lugar, Sony dió con una solución muy curiosa a la que denominó Sony Ericsson Communicam. Se trataba de un pequeño accesorio que se enchufaba al conector de la base del teléfono y permitía sacar hasta 14 fotos en resolución VGA o 200 en QQQVGA (80×60 píxeles).

Las imágenes podían ser enviadas mediante MMS o correo electrónico. Ni que decir tiene que aquello desató una fiebre fotográfica inusitada que se tradujo en decenas de modelos con cámara integrada, pero eso será (o no) en el siguiente capítulo de esta historia de los pre-smartphones.

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