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Cómo un riñon de conejo puede ayudarnos resolver el problema de los trasplantes para siempre

Cómo un riñon de conejo puede ayudarnos resolver el problema de los trasplantes para siempre
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En España, unas 52.000 personas necesitan hoy un trasplante de riñón. Y la lista no para de crecer: por cada trasplante que se realiza, se diagnostican dos personas con enfermedad renal crónica. No debemos sorprendernos. Encontrar un riñón compatible es más difícil encontrar el amor de tu vida: hay una posibilidad entre 100.000 de que dos personas sean compatibles y, la verdad, no tenemos muchos riñones para repartir.

Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia que trabajan con riñones de conejo quieren solucionar este problema desarrollando una forma de congelar riñones embrionarios de animales, descongelarlos y hacerlos crecer hasta su tamaño normal. Y todo ello sin producir rechazo en el receptor.

Una larga espera

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En Estados Unidos mueren doce personas al día esperando un riñón y es que las complicaciones logísticas de los trasplantes van más allá de encontrar a tu media naranja (médicamente hablando): Una vez que tenemos un riñón disponible, hay que buscar a un candidato compatible, mandar el riñón al lugar donde se encuentra ese paciente, preparar la operación y realizarla. Todo en menos de 30 horas que es el tiempo máximo que puede sobrevivir un riñón humano fuera del cuerpo.

Como en las válvulas cardiacas, usar órganos animales es una opción interesante y atractiva, pero polémica. La realidad es que aunque hemos mejorado mucho en nuestra capacidad para evitar rechazos, existen temores de que estos ocurran. De hecho, eso ha impulsado la creación de quimeras que usan animales para cultivar órganos humanos.

Pero, ¿podremos usar órganos animales?

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Los resultados del equipo de Marco-Jiménez sugieren que la posibilidad de tener un día grandes bancos de órganos animales es algo más que una hipótesis alocada. Han descubierto que si se implanta un riñón embrionario (de 16 días) en conejos adultos, se desarrolla de forma normal hasta adquirir el tamaño de un riñón adulto y funcional sin presentar problemas.

"El receptor no reconoce el órgano como algo extraño y, por ello, se conecta perfectamente en el sistema sanguíneo", comenta el director del proyecto. La clave parece ser trasplantar el riñón antes de que se empiece a generar la proteína que alerta al sistema inmune de que las células son extrañas. Según los investigadores, cuando esa proteína es, por fin, creada, ya no es detectada como extraña.

Un suministro ilimitado de órganos

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Pero los trabajos no se quedan ahí. El equipo está trabajando en crear un banco de órganos potenciales listos para trasplantar. Los órganos normales no pueden congelarse porque el agua que contienen, al llegar al punto de congelación, aumentan de volumen y destruyen estructuras celulares y fisiológicas.

Existe un proceso de criogenización llamado 'vitrificación' que puede prevenir la formación del hielo inyectando anticongelante a -196º C y que usualmente sólo se usa con óvulos. El equipo ha conseguido implementar exitosamente este proceso para órganos embrionarios (mucho más pequeños y simples que un órgano normal) y conservarlos durante más de tres meses.

El proyecto está en fase de experimentación animal (en conejos concretamente) pero su significación va más allá de su utilidad a corto plazo. Abre la posibilidad de comenzar a pensar en el uso de animales de forma seria y sin prejuicios. Una oportunidad de implementar reformas en uno de los problema médicos más complejos del día de hoy.

Imágenes | Tareq Salahuddin, GreenFlames09 y Leon Brocard.

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