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Recuperar especies animales extinguidas: ¿cuándo podremos tener un velociraptor como animal doméstico?

Recuperar especies animales extinguidas: ¿cuándo podremos tener un velociraptor como animal doméstico?
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Uno de los temas del año, gracias en parte a Jurassic World, ha sido la recuperación de especies extintas. Y es que en los últimos años, se está hablando mucho de la posibilidad tecnológica de recuperar animales.

Nos hemos preguntado qué proyectos se están poniendo en marcha en este sentido, como está la tecnología actual y cuando podríamos empezar a resucitar especies de forma habitual.

¿Cómo podríamos hacerlo?

Este es el primer y principal obstáculo tecnológico que nos encontramos. Hasta ahora hemos utilizado tres técnicas para ello sin demasiado éxito, todo sea dicho.

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Clonación. El día de Reyes del año 2000 se encontró el cadáver de Celia, la última bucardo viva. Los bucardos eran una cabra montés que llevaba en peligro desde principios del siglo XX por la voracidad de los cazadores.

A principios del año anterior se había tomado muestras del animal con el fin de conservar su material genético. Y el 30 de julio de 2003 nació un clon de Celia que murió casi de inmediato por una afección pulmonar.

No es el único caso de uso de la clonación para recuperar especies, pero todos adolecen del mismo problema: no hay diversidad genética. En el caso de los bucardos tenemos sólo una hembra, lo que es a todas luces insuficiente para resucitar a una especie entera.

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Retrocruzamiento. El último uro se extinguió en 1627 en Polonia. El uro es el antecesor de prácticamente todo el ganado bovino actual y de hecho su nombre científico es 'bos primigenius'.

Parece que ya en 1920 los hermanos Heck propusieron la idea de intentar recrear la especie cruzando las razas bovinas más parecidas al animal original. El proceso se llama 'retrocruzamiento' y trataría de conseguir un genotipo original a partir de híbridos del mismo. No fue hasta hace unos años que la fundación holandesa Stichting Taurus lanzó un proyecto serio para conseguirlo.

En este caso, el problema es justo el contrario, tenemos diversidad genética pero no tenemos el original por lo que siendo estrictos podremos crear una especie parecida al uro histórico pero lamentablemente no será el uro.

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Ingeniería genética. Los avances de la tecnología CRISPR de los últimos años están haciendo virtualmente posible la manipulación genética a bajo costo y con gran exactitud. Ya se desarrollan proyectos que pretenden acabar con la malaria (y con muchas otras enfermedades) modificando genéticamente a los mosquitos.

En términos generales, estos hallazgos se podrían usar para recrear especies ya desaparecidas con mayor capacidad y finezza que el retrocruzamiento. Y por eso mismo, tiene los mismos problemas.

A día de hoy no tenemos capacidad técnica para resucitar una especie si no podemos una muestra bastante diversa de material genético. Podemos hacer copias o aproximaciones, pero poco más.

Problemas asociados

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No obstante, tampoco estamos seguros de que resucitar una nueva especie sea una buena idea. Otro animal con nombre propio, Marta, moría el 1 de septiembre de 1914: el último ejemplar de paloma de Carolina o paloma pasajera.

Hacia 1800, la paloma pasajera era el animal más numeroso del mundo. Se estima que había entre tres mil y cinco mil millones ejemplares sobrevolando norteamérica. En un sólo siglo desaparecieron. Aunque no se puede culpar sólo a la acción humana, esta paloma ha sido sinónimo de culpabilidad medioambiental en Norte América.

Por eso quizá existen iniciativas muy serias para resucitarla. Normalmente, cuando pensamos en los riesgos de resucitar especies la cabeza se nos va a Jurassic Park: velociraptores corriendo por los centros comerciales, alimentándose de niños y cosas así. Pero en realidad, es muy posible que la paloma pasajera fuera más peligrosa que una manada de mamuts desbocados. Estamos hablando de aves que se mueven en bandadas de millones y que podrían poner en jaque cualquier sistema de salud pública extendiendo enfermedades sin control.

Todo esto sin contar la amenaza que para numerosos ecosistemas actuales podría representar la introducción de nuevas (viejas) especies.

Problemas éticos y legales

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Hasta ahora no hemos entrado en los problemas éticos y legales del asunto. En el plano ético, hay un gran consenso científico sobre el hecho de que sólo un grupo pequeño de especies reúne las características indicadas para su recuperación. El veterinario Fernández-Arias decía en Materia que, por ejemplo, no se podría soltar un dientes de sable en Norteamérica. "Las presas no serían las mismas, ni la competencia, ni el entorno”, comentaba.

Sólo animales como la rana de Australia o el bucardo, cuyos hábitats no han deteriorado demasiado, son especies susceptibles de recuperarse sin causar más problemas de los que se crearían.

En el plano legal, la verdad es que si mañana tuviéramos un par de ejemplares de cualquier especie extinta, no tendríamos muy claro que hacer con ellos. Los tratados internacionales (y la mayoría de leyes nacionales) contemplan la exportación e importación de especies pero no están adaptados a la genética.

Más lejos de lo que parece

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Cuando hablamos de genética, tenemos tendencia a buscar siempre lo más espectacular. Pero el potencial de estas nuevas tecnologías está en lo menos noticiable. Quizá no podemos resucitar especies pero sí podemos usar la clonación y la ingeniería genética para hacer que las actuales especies no lleguen a extinguirse. A día de hoy ya se están usando para aumentar la diversidad genética de determinadas poblaciones y aunque el coste de proteger a todas las especies en peligro de extinción es prohibitivo (se estimaba en 60.000 millones al año), se están haciendo avances en esa dirección.

No obstante, aunque quede más de lo que creemos, como dicen Sherkow y Grelly: “la desextinción es una aplicación especialmente interesante de nuestro cada vez mayor control sobre la vida. Creemos que va a suceder. La pregunta más interesante e importante es cómo va a afrontarlo la humanidad”. Ya queda menos para aceptar el velociraptor como animal doméstico.

Imágenes | Toni Barros, John Tann, Claude Valette, David Baxendale, zerethv

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